CLAMIDIA EN GATOS; o Conjuntivitis bacteriana
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Médico Veterinario Zootecnista FESC Universidad Nacional Autónoma de México
Es una enfermedad que afecta a los gatos de todo el mundo. Las personas pueden sufrir infecciones por clamidias pero Chlamydophila felis está muy adaptada a los gatos y el contagio de una persona debido al contacto con un gato infectado es extremadamente raro.
La Chlamydia es una Eubacteria, que causa un amplio espectro de enfermedades en el hombre, mamíferos no humanos, reptiles y aves. Consta de un único género, Chlamydia y las siguientes especies: Chlamydia muridarum, C. suis, C. trachomatis, C. psittaci, C. pneumoniae, C. pecorum, C. felis, C. caviae, C. abortus y nuevas especies han sido recientemente descriptas: C. ibidis. C. avium y C. gallinácea, en aves Pelecaniformes, Psittaciformes y Columbiformes, respectivamente.
Varias de estas especies bacterianas son transmisibles al hombre y de importancia para la salud pública. C. abortus y C. psittaci son causales de abortos y psitacosis, respectivamente, en los humanos.
La bacteria Chlamydophila se transmite con facilidad de un gato a otro. Gatos de todas las edades pueden resultar contagiados pero la enfermedad afecta sobre todo a los gatitos jóvenes (de 5 semanas a 3 meses de edad) y a los gatos que conviven en grupo, como sucede en criaderos y refugios, donde puede convertirse en un problema intratable, sobre todo en las situaciones de estrés como el que comporta la frecuente llegada de nuevos felinos y la alta densidad de gatos por unidad de superficie, propias de estos centros.
La bacteria causa una conjuntivitis persistente de baja intensidad (inflamación de la membrana que recubre los ojos y el interior de los párpados). La nariz también puede resultar afectada, lo que causa estornudos y secreción nasal, y, con menor frecuencia, la infección puede pasar a los pulmones. Cerca del 30% de los casos de conjuntivitis felina están causados por Chlamydophila felis.
La clamidiosis raramente causa la muerte por sí sola. El síntoma clásico es la conjuntivitis persistente, que consiste en la inflamación de la membrana de color rosa que recubre el interior de los párpados y de la membrana transparente que cubre el blanco de los ojos.
Los ojos sufren un enrojecimiento muy intenso, y las lágrimas pueden ser acuosas o espesas y purulentas. A diferencia de la rinotraqueítis felina la afección se inicia normalmente en un ojo, pasando después al otro. Semanas o meses después, el gato puede mostrar todavía una secreción oscura y pegajosa alrededor de los ojos, sobre todo en los conductos lagrimales, que es preciso eliminar periódicamente. Esta secreción puede causar problemas graves en los gatos de hocico chato o pelo largo.
Presentará estornudos y mucosidad nasal, fiebre y pérdida del apetito.
Se sospechara de Clamidiosis, si la conjuntiva es lo predominante. Se toma una muestra de las secreciones del ojo con un hisopo y se envía a un laboratorio externo para investigar la presencia de bacterias. Se aplican antibióticos al ojo, asi como sistémicos, se limpian las secreciones del animal. La vacuna es la única forma de prevenirla, pero no siempre evita a la infección pero reduce la gravedad de la enfermedad. Síntomas: ojos enrojecidos, inflamación, picores, continuo lagrimeo.
Los gatos, padecen este tipo de patologías y muestran los ojos excesivamente llorosos y muy rojos. Lo más seguro es que se haya contagiado de Clamidiasis ocular felina. Es causada por la bacteria Chlamydophila felis y afecta tanto a los ojos como al tracto respiratorio superior.
Se suele transmitir cuando existe un contacto directo con secreciones nasales y oculares de otros gatos que han sido previamente infectados, ocasionándoles conjuntivitis leves o constantes y eventuales cuadros de rinitis. Es más común entre gatos jóvenes pero afectos a todas las edades sobre todo cuando son varios los gatos que comparten un espacio.
El periodo de incubación suele durar entre 3 y 10 días aproximadamente. Uno de los primeros signos visibles es que sufre de un lagrimeo constante que se puede volver cada vez más viscoso si no se trata a tiempo. También suele ir acompañado de enrojecimiento e inflamación en uno e incluso en ambos ojos.
En el caso de que el problema persista también pueden aparecer otros síntomas como lo son los ojos llorosos e inflamados. Parpadeo excesivo. “Guiña mucho los ojos” Conjuntivas enrojecidas e inflamadas. Pérdida de apetito y de peso. Secreción nasal y estornudos cuando existen cuadros de rinitis. Pulmonía cuando el caso es extremo. Aunque esto ocurre rara vez.
El tratamiento son antibióticos con una duración de 4 semanas: Gotas oculares o colirios. Antibióticos sistémicos vía oral o endovenosa. Las Tetraciclinas son los fármacos de elección para el tratamiento de pacientes con psitacosis. La mayoría de las personas responden favorablemente a la terapia.
El tratamiento se recomienda durante al menos 10 a 14 días. La Eritromicina es la alternativa para los individuos para las cuales están contraindicada las Tetraciclinas. Por lo general, la clamidiosis se trata con tetraciclinas. También pueden utilizarse antibióticos como la eritromicina y otros macrólidos, Tilosina, quinolonas y cloranfenicol.
En personas infectadas: Todas las especies del género Chlamydia son sensibles a antibióticos específicos como Azitromicina, Eritromicina, Claritromicina, Tetraciclina y Levofloxacina. Se recomienda la administración de Eritromicina/Claritromicina en niños menores de 8 años, por 21 días. En niños mayores de 8 años y adultos las alternativas son Eritromicina/Doxiciclina por 21 días. La clamidiasis es una enfermedad ocular felina que tiene el riesgo de contagiarse cuando hay muchos gatos reunidos en un mismo recinto.
Por esa razón una de las primeras medidas que se deberían de tomar es el aislamiento, separar a los gatos sanos de los enfermos para evitar que la infección se transfiera y se propague. Se puede vacunar.
La clamidia puede teñirse con Macchiavello, Giemsa, y coloraciones de Ziehl–Neelsen modificadas y diferenciadas, para Brucella. La coloración por inmunofluorecencia o inmunoperoxidasa, y ELISA pueden detectar antígenos clamidiales.
La mayoría de estas pruebas pueden identificar el organismo solamente como un miembro de Chlamydiaceae; por lo general no pueden identificar las especies. La clamidia también puede aislarse en huevos embrionados de pollos o en cultivos de células como McCoy, BGM o BHK (riñón de hámster recién nacido). Las clamidias son frágiles en el medio ambiente; deben transportarse al laboratorio en medios especiales y mantenerse refrigeradas.
C. abortus puede cultivarse en la placenta, membranas placentarias, hígado o pulmón fetal, e hisopados vaginales. C. felis puede aislarse a partir de casos de conjuntivitis, pero es muy raro que se haga.
La clamidiosis también puede diagnosticarse por serología, preferentemente utilizando suero pareado. Las pruebas serológicas incluyen fijación del complemento, ELISA y microinmunofluorescencia. En muchos casos, las pruebas serológicas para la clamidia no son específicas. Algunas bacterias gram negativas (por ejemplo, Acinetobacter) también pueden provocar falsos positivos. La microinmunofluorescencia puede utilizarse para distinguir algunas especies. Pocas veces se utiliza la serología en gatos con conjuntivitis.
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