HISTORIA EN
SAN IGNACIO, SINALOA
EL CHICLE Y
EL ANILLO
Hoy voy a
hablar del anillo que desencadeno una polémica en una apuesta. Era una semana
santa cuando un grupo de amigos jóvenes estudiantes de segundo de bachillerato
se encontraban platicando en la plazuela principal del pueblo, según me acuerdo
entre ellos se encontraba Antenor Torróntegui Manjarrez, Ángel Torróntegui
Galindo, Dagoberto Mancillas Manjarrez, Roberto Larrañaga Torróntegui, Pedro
Mancillas Iribe, Mundillo Bernal, Popo Torróntegui y el más pequeño del grupo
un servidor (Secundaria). En esos días había llegado al pueblo una chamaca muy
bella del distrito federal y pasaba frente a la banca dando vueltas en la
plaza.
Eso motivo la
apuesta. ¿Quién la enamoraría?
El más
intrépido para generar ideas y de esa manera impactar a las muchachas fuereñas
le decían el chicle (Porque se pegaba a ellas y no las soltaba) No, voy a decir
su nombre por respeto a mi primo y, que más de alguno lo puede ubicar en quién
es este personaje pero había que reconocerle su técnica infalible de la que
daba muestras en el pueblo y en la preparatoria José Vasconcelos en Mazatlán.
Gustaba de hablar en público, cuidaba las palabras en sus discursos, enfatizaba
las ideas y tomaba una postura que muchos le envidiaban. Si territorio
preferido para cazar piezas era la rocola en la Nanchi, quien se cargaba unos
cuantos pesos y ponía la rocola a tocarle la “Ahí, viene la bola del mar, que
dicen los que la vieron”
Su único
error al hablar en público era que hablaba muy rápido y en ocasiones no se le
entendía. Ese día se levantó de la banca y dirigiéndose a uno de los barateros
(Que vendían bagatelas en la plaza) le compro un anillo de cobre. Al pasar la
muchacha frente a la banca, se le acerco y entregándole el anillo cometo: Te
entrego este anillo en reconocimiento de su belleza y dios estaría complacido
si usted algún día se casara conmigo (Este y muchos relatos más recuerdo de mi
primo. Fácilmente las atrapaba con sus discursos y puntadas. Después de que la
muchacha tomo el anillo; el chicle sonriendo nos dijo ¡Esa ya cayo! Les apuesto
que en un rato bailo con ella y hasta unos cuantos besos nos damos.
Dagoberto
Mancillas, le contesto “No cabe duda, eres un mentiroso y lo bien que te lo
creen” El Chicle sonrió y cerro con ¡Ya, lo verán al rato, incrédulos, no hay
mujer que se resista a los halagos de su belleza! La advertencia surtió efecto
y la pudimos constatar un rato después andaba bailando con ella de cachetito
para envidia de todos nosotros. Uno que otro de los jóvenes nos empezamos a
buscar en la bolsa si traíamos dinero para comprar un anillo mientras las
muchachas del pueblo paseaban pero resulta que solo quedaba otro anillo y era
exactamente igual al comprado por el chicle y que creen; jejeje, quien lo
compro fue un servidor para usar la misma treta con una chiquilla que me
gustaba con la diferencia que le dije lo había comprado en la ciudad para
traerlo al pueblo y entregárselo.
Lo malo fue
que al otorgarlo ella se lo midió y no le entro en el dedo pero como el único
que quedaba ya no podía adquirir otro a su medida. Ella me lo regreso y
sonriendo me dijo.- Si, me lo pongo me pondrá el dedo verde (Jejeje, me agarro
en la mentira) Lo más chusco es que el chicle no solo regalaba anillos de
cobre, también daba pequeños listones para que se los amarraran en la muñeca o
el dedo y se acordaran del y eso nadie me lo conto. Un buen día se topó con la
que lo gobernaría y quiero pensar que él dijo ¿Le pongo su anillo señorita?
Ella le contesto, antes de tus besos ¿Y, el anillo, corona y vestido de blanco
para cuándo? Y como en todas las historias el Romeo formo una hermosa familia.
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