sábado, 13 de mayo de 2023

 

HISTORIA EN SAN IGNACIO, SINALOA

EL CHICLE Y EL ANILLO


Hoy voy a hablar del anillo que desencadeno una polémica en una apuesta. Era una semana santa cuando un grupo de amigos jóvenes estudiantes de segundo de bachillerato se encontraban platicando en la plazuela principal del pueblo, según me acuerdo entre ellos se encontraba Antenor Torróntegui Manjarrez, Ángel Torróntegui Galindo, Dagoberto Mancillas Manjarrez, Roberto Larrañaga Torróntegui, Pedro Mancillas Iribe, Mundillo Bernal, Popo Torróntegui y el más pequeño del grupo un servidor (Secundaria). En esos días había llegado al pueblo una chamaca muy bella del distrito federal y pasaba frente a la banca dando vueltas en la plaza.

Eso motivo la apuesta. ¿Quién la enamoraría?

El más intrépido para generar ideas y de esa manera impactar a las muchachas fuereñas le decían el chicle (Porque se pegaba a ellas y no las soltaba) No, voy a decir su nombre por respeto a mi primo y, que más de alguno lo puede ubicar en quién es este personaje pero había que reconocerle su técnica infalible de la que daba muestras en el pueblo y en la preparatoria José Vasconcelos en Mazatlán. Gustaba de hablar en público, cuidaba las palabras en sus discursos, enfatizaba las ideas y tomaba una postura que muchos le envidiaban. Si territorio preferido para cazar piezas era la rocola en la Nanchi, quien se cargaba unos cuantos pesos y ponía la rocola a tocarle la “Ahí, viene la bola del mar, que dicen los que la vieron”

Su único error al hablar en público era que hablaba muy rápido y en ocasiones no se le entendía. Ese día se levantó de la banca y dirigiéndose a uno de los barateros (Que vendían bagatelas en la plaza) le compro un anillo de cobre. Al pasar la muchacha frente a la banca, se le acerco y entregándole el anillo cometo: Te entrego este anillo en reconocimiento de su belleza y dios estaría complacido si usted algún día se casara conmigo (Este y muchos relatos más recuerdo de mi primo. Fácilmente las atrapaba con sus discursos y puntadas. Después de que la muchacha tomo el anillo; el chicle sonriendo nos dijo ¡Esa ya cayo! Les apuesto que en un rato bailo con ella y hasta unos cuantos besos nos damos.

Dagoberto Mancillas, le contesto “No cabe duda, eres un mentiroso y lo bien que te lo creen” El Chicle sonrió y cerro con ¡Ya, lo verán al rato, incrédulos, no hay mujer que se resista a los halagos de su belleza! La advertencia surtió efecto y la pudimos constatar un rato después andaba bailando con ella de cachetito para envidia de todos nosotros. Uno que otro de los jóvenes nos empezamos a buscar en la bolsa si traíamos dinero para comprar un anillo mientras las muchachas del pueblo paseaban pero resulta que solo quedaba otro anillo y era exactamente igual al comprado por el chicle y que creen; jejeje, quien lo compro fue un servidor para usar la misma treta con una chiquilla que me gustaba con la diferencia que le dije lo había comprado en la ciudad para traerlo al pueblo y entregárselo.

Lo malo fue que al otorgarlo ella se lo midió y no le entro en el dedo pero como el único que quedaba ya no podía adquirir otro a su medida. Ella me lo regreso y sonriendo me dijo.- Si, me lo pongo me pondrá el dedo verde (Jejeje, me agarro en la mentira) Lo más chusco es que el chicle no solo regalaba anillos de cobre, también daba pequeños listones para que se los amarraran en la muñeca o el dedo y se acordaran del y eso nadie me lo conto. Un buen día se topó con la que lo gobernaría y quiero pensar que él dijo ¿Le pongo su anillo señorita? Ella le contesto, antes de tus besos ¿Y, el anillo, corona y vestido de blanco para cuándo? Y como en todas las historias el Romeo formo una hermosa familia.

 

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