lunes, 22 de mayo de 2023

 

HISTORIA EN SAN IGNACIO, SINALOA

RECUERDOS

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Tenía el coraje en ser diferente. Una noche al regresar de la fiesta que se celebró en la presidencia municipal de San Ignacio, me fui a directo a la cocina de mi tía Emilia Benítez y tomando un vaso de leche les dije a todos ¡Salud! Extrañados unos sonrieron y ello se debió a que habíamos estado bebiendo cervezas y de repente yo, les salía con una vaso de leche.

Las bromas no se dejaron esperar sobre mi persona. La leche era mi elección favorita después de una juerga a medias. Y aunque el evento fue divertido no falto alguno como Oscar Torrero que siguió mi broma imitándome, luego se unieron Humberto Benítez (Rabanito), José Larrañaga, etc.

Para cerrar el episodio levante el vaso exclamando ¡Salud compañeros por la vida espiritual llena de sabiduría y bondad! Me sentía como uno de los doce apóstoles brindando en pleno inicio de año nuevo. Esa Juventud en donde existíamos puros, agradecidos con la vida y las enseñanzas en el hogar.

Podrían decir que no sabíamos cuidarnos y en parte tienen razón pero en defensa de ello argumento que fueron pocos los tragos y no por ganas de seguir ingiriendo sino porque la cerveza estaba muy cara y en esa época no estaba al alcance de unos estudiantes. En verdad las cosas han cambiado veamos él porque: Los juguetes o cosas mundanas que nos amanecían en navidad no se comparan con lo abrumador de los de hoy.

En aquellos años nos gobernaban los padres y hoy los jóvenes se gobiernan a sí mismos, creen que no deben rendir cuentas a nadie más que a ellos mismos y en muchos aspectos la sociedad ha cambiado. Hoy caminan sin rienda, la justicia la determinan ellos y se ponen a la moda a imagen y semejanza de los artistas de la época (Sus ídolos) La espiritualidad y la moral se relajaron por esa supuesta búsqueda de su libertad personal. Las leyes establecidas las conducen a su criterio maldiciendo a la sociedad o personas mayores que les hacen alguna observación para que se corrijan, en desobediencia pura.

La codicia se ha apoderado de sus corazones en medio de la agitación por obtener cosas que no ocupan. En nuestros tiempos se buscaba paz, tranquilidad, refugio espiritual y la esperanza en que todo fuera bien. Rebuscábamos el orden correcto, los propósitos para avanzar mediante el conocimiento, lo cual era importante para la familia. Nadie nos considerábamos tontos, sabíamos la importancia de la vida, sus cosas que agradecíamos, esto era lo que aprendíamos.

La vida justa se abría camino en nuestras mentes juveniles y para llenar el cerebro recurríamos al conocimiento de las ciencias. Solo unas décadas bastaron para que todo cambiara y la psicología de las siguientes criaturas encarnaran en la creencia del valor de lo material, la reputación de un buen carro sin ganarlo honestamente. Se fue esfumando la integridad, los rasgos que aseguraban la permanecía de las costumbres trasmitidas por los padres.

Hoy van contra el viento luchando para obtener riqueza sin estudiar y finalmente no ponen los pies sobre la tierra. Sus prioridades han cambiado, ellos buscan cosas que para nosotros no eran importantes y por las cuales cuando las hacíamos no reclamábamos recompensa. ¿Cuánto gastábamos? Esos eran parte de los cimientos para que al terminar la construcción de nuestra obra supiéramos valorar el dinero. Nos preparábamos para el futuro lentamente, sin prisas, bordeando las resistencias que se nos presentaban ante la necesidad de dinero pero siempre teníamos la oportunidad en divertirnos a nuestra manera, de actuar honestamente.

Hoy, son rápidos, exigentes y hasta groseros si sus padres no les cumplen sus caprichos. Los jóvenes en aquella época actuábamos de acuerdo a las reglas establecidas en el pueblo por la autoridad en manos del policía Faustino quien estaba al pendiente del comportamiento por la noche de cada uno y a los acelerados les llamaba la atención o los acarreaba con sus padres para que lo metieran a dormir.

Así, aprendimos a responsabilizarnos, a respeta la ley, a las buenas prácticas sociales, sin la tentación de la ostentación grosera que termina por romper toda regla establecida. Existía una mala práctica con respeto a las cosechas, algunos les gustaba ir a robar sandias, elotes, mangos sin haberlos sembrado, esa mala acción aún sigue vigente y se ha heredado de padres a hijos.

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