FELIZ DÍA DEL MAESTRO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC-UNAM.
Llevo casi 40 años compartiendo la pasión de educar con miles
de docentes, de escuelas de todos los niveles educativos. Amo profundamente la
que considero todavía mi profesión, siempre me he sentido orgulloso de
pertenecer al colectivo docente, que ha tenido que reinventarse continuamente,
adaptándose a los cambios vividos en la escuela y en nuestra sociedad, sin
demasiada ayuda por parte del estado mexicano. Dejé “formalmente” la docencia
hace unos años, muy satisfecho por todas las “buenas experiencias” que
compartí, en las que proporcionamos a nuestro alumnado experiencias educativas
enriquecedoras, implicando siempre a las comunidades educativas. En todas ellas
me encontré con muchas niñas, niños, jóvenes, mujeres y hombres, quienes como
hormiguitas trabajaban y soñaban con un futuro mejor.
Entre ellos se
llamaban amigas, compañeros se enseñaban unos a otros, se consolaban en las
muertes de alguno, se curaban y cuidaban, se querían, se ayudaban en el arte de
querer y en la defensa de la felicidad. Por ello, tengo el atrevimiento de
escribir estas reflexiones sobre la labor realizada por el profesorado
“portador de sueños”. Si algo ha fallado en la educación, es la infraestructura
física de las escuelas públicas, sus servicios, y se observa a simple vista, en
las escuelas en donde los padres padecen el menor nivel
socio-económico-cultural, que no disponen de las herramientas para suplir sus
funciones, manifestándose como uno de los pocos espacios para garantizar la
igualdad de oportunidades a la ciudadanía.
En estos días he
pensado mucho en las dificultades que nos encontramos en la educación pública
para ofrecer esa equidad en una sociedad tan desigual como la nuestra. Y lo he
hecho porque nos ha facilitado una nítida imagen de los déficits de un sistema
educativo incapaz de garantizar una educación inclusiva, de no dejar a nadie
atrás y de dar una respuesta coordinada ante una situación excepcional, más
allá de lo que cada centro educativo y, a veces cada docente, ha sido capaz de
ofrecer.
Es una realidad que
cuenta con una significativa brecha social. Por eso me ha llamado poderosamente
la atención que no se haya señalado suficientemente y de forma pública la labor
realizada por miles de docentes, perdiendo una valiosa ocasión de reconocer la
labor docente, muchas veces invisibilidad e incomprendida y socialmente poco
valorada.
Lo cierto es que cada docente hace una labor silenciosa e
inmensa en las dificultades que esto conlleva de atención al alumnado y a sus
familias, pues se han reencontrado con los problemas que tenían en la enseñanza
presencial.
Problemas para atender las diversidades presentes en las
aulas por falta de profesionales de apoyo y orientación con quienes coordinarse
y trabajar conjuntamente, limitaciones para desarrollar una educación por falta
de medios digitales (del profesorado y alumnado) y de formación de las
comunidades educativas, e impotencia ante la incapacidad para atender a menores
y familias que se han quedado sin acceso a la educación.
Un docente sin más
recursos que los que pone de su parte dando y buscando ideas y recursos,
pidiendo y proponiendo soluciones a los problemas que van surgiendo. Siempre
sin horarios para atender a sus hijos, actividades que no siempre son consideradas
al valorarlos. Algunos son condecorados poniendo su nombre en una rotonda para
profesores que no siempre corresponde al número de ellos que acompañaron
emocionalmente más de 30 generaciones y han mantenido ese vínculo con sus ex
alumnos, pero por algo se empieza.
Profesores cuya pasión
y entrega orientaron a los niños y padres de familia, planearon actividades
creativas, les contaron cuentos etc. No olvidemos que estos profesores también
tienen familia y que tiene que hacer las tareas de cuidado en su hogar,
acompañar a sus hijos e hijas, ayudarles en sus tareas escolares, atender a su
pareja, soportar dificultades, hasta agotarse. Al igual que todos son seres con
miedos, tristezas, angustias, profesores que llegan a la escuela agradeciendo
un día de vida y empeñándose en poner todo su esfuerzo y empatía en los niños
con quien se conecta emocionalmente para afrontar junto a ellos las situaciones
del conocimiento y la formación de la personalidad. Me resta reclamar que se
devuelva la educación pública al lugar que le corresponde.
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