domingo, 14 de mayo de 2023

 

FELIZ DÍA DEL MAESTRO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC-UNAM.

Llevo casi 40 años compartiendo la pasión de educar con miles de docentes, de escuelas de todos los niveles educativos. Amo profundamente la que considero todavía mi profesión, siempre me he sentido orgulloso de pertenecer al colectivo docente, que ha tenido que reinventarse continuamente, adaptándose a los cambios vividos en la escuela y en nuestra sociedad, sin demasiada ayuda por parte del estado mexicano. Dejé “formalmente” la docencia hace unos años, muy satisfecho por todas las “buenas experiencias” que compartí, en las que proporcionamos a nuestro alumnado experiencias educativas enriquecedoras, implicando siempre a las comunidades educativas. En todas ellas me encontré con muchas niñas, niños, jóvenes, mujeres y hombres, quienes como hormiguitas trabajaban y soñaban con un futuro mejor.

 Entre ellos se llamaban amigas, compañeros se enseñaban unos a otros, se consolaban en las muertes de alguno, se curaban y cuidaban, se querían, se ayudaban en el arte de querer y en la defensa de la felicidad. Por ello, tengo el atrevimiento de escribir estas reflexiones sobre la labor realizada por el profesorado “portador de sueños”. Si algo ha fallado en la educación, es la infraestructura física de las escuelas públicas, sus servicios, y se observa a simple vista, en las escuelas en donde los padres padecen el menor nivel socio-económico-cultural, que no disponen de las herramientas para suplir sus funciones, manifestándose como uno de los pocos espacios para garantizar la igualdad de oportunidades a la ciudadanía.

 En estos días he pensado mucho en las dificultades que nos encontramos en la educación pública para ofrecer esa equidad en una sociedad tan desigual como la nuestra. Y lo he hecho porque nos ha facilitado una nítida imagen de los déficits de un sistema educativo incapaz de garantizar una educación inclusiva, de no dejar a nadie atrás y de dar una respuesta coordinada ante una situación excepcional, más allá de lo que cada centro educativo y, a veces cada docente, ha sido capaz de ofrecer.

 Es una realidad que cuenta con una significativa brecha social. Por eso me ha llamado poderosamente la atención que no se haya señalado suficientemente y de forma pública la labor realizada por miles de docentes, perdiendo una valiosa ocasión de reconocer la labor docente, muchas veces invisibilidad e incomprendida y socialmente poco valorada.

Lo cierto es que cada docente hace una labor silenciosa e inmensa en las dificultades que esto conlleva de atención al alumnado y a sus familias, pues se han reencontrado con los problemas que tenían en la enseñanza presencial.

Problemas para atender las diversidades presentes en las aulas por falta de profesionales de apoyo y orientación con quienes coordinarse y trabajar conjuntamente, limitaciones para desarrollar una educación por falta de medios digitales (del profesorado y alumnado) y de formación de las comunidades educativas, e impotencia ante la incapacidad para atender a menores y familias que se han quedado sin acceso a la educación.

 Un docente sin más recursos que los que pone de su parte dando y buscando ideas y recursos, pidiendo y proponiendo soluciones a los problemas que van surgiendo. Siempre sin horarios para atender a sus hijos, actividades que no siempre son consideradas al valorarlos. Algunos son condecorados poniendo su nombre en una rotonda para profesores que no siempre corresponde al número de ellos que acompañaron emocionalmente más de 30 generaciones y han mantenido ese vínculo con sus ex alumnos, pero por algo se empieza.

 Profesores cuya pasión y entrega orientaron a los niños y padres de familia, planearon actividades creativas, les contaron cuentos etc. No olvidemos que estos profesores también tienen familia y que tiene que hacer las tareas de cuidado en su hogar, acompañar a sus hijos e hijas, ayudarles en sus tareas escolares, atender a su pareja, soportar dificultades, hasta agotarse. Al igual que todos son seres con miedos, tristezas, angustias, profesores que llegan a la escuela agradeciendo un día de vida y empeñándose en poner todo su esfuerzo y empatía en los niños con quien se conecta emocionalmente para afrontar junto a ellos las situaciones del conocimiento y la formación de la personalidad. Me resta reclamar que se devuelva la educación pública al lugar que le corresponde.

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