MUJERES EN
MÉXICO (PARTE DOS)
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC-Universidad Nacional Autónoma de México.
La historia
de los hombres y su relación con la mujer es una historia de lucha por el poder
entre oprimidas y opresores. Esta lucha paso por momentos de movilización para
obtener el sufragio de las mujeres, luego vendrían los puestos de elección
popular y las luchas feministas. Grupos de mujeres activistas llaman a las
conformes a que se incorporen para que la situación de su género mejore. El
concepto de igualdad es la guerra de géneros permanente, cuyo objetivo es
encontrar una armonía de relaciones de todo tipo desde las sexuales, políticas,
económicas, respeto, dignidad, así como igualdad de derechos a otras categorías
de sexualidad.
La lucha ha
traído progreso a sus vidas. Las feministas argumentan que el hombre no nace
dominador ni dueño de la verdad, ni la mujer está condenada a ser su víctima.
Para las feministas no hay presas para ser cazadas y hay que ponerle el alto a
los depredadores. Los moderados señalan que se requiere mayor educación en esa
temática, que es el aprendizaje lo que marcara la armonía y la estabilidad para
el derecho y la igualdad. Proponen cambiar la mentalidad del humano desde su
infancia en el hogar, la escuela y su vida cotidiana.
Para los
moderadores hay que comprender las causas para combatir las desigualdades. Los
escépticos le llaman una utopía y que el gobierno es el menos dispuesto para
que se modifique la intención generacional. Crear circunstancias propicias para
la justicia, argumentan que para ello se requieren funcionarios en esas áreas
sensibles capacitados y comprometidos para proporcionarla. Para los hombres el
sexo es la raíz del problema, y según para ellos el mundo gira alrededor del
mismo.
Las
creencias, percepciones y actitudes sobre lo que es correcto, deseable y
apropiado para cada sexo es parte de la raíz del problema. La concepción según
la cual el mundo del trabajo doméstico es siempre específico de las mujeres
está muy arraigada entre la población. Esta concepción explica cómo la mayor
parte del trabajo doméstico se ha vuelto imperceptible para la sociedad. Existe
la idea arraigada en que la mujer es para la reproducción y debe estar en el
hogar y que es el hombre el que debe acarrear el dinero. Esto da como resultado
la jerarquía de mando de la familia, para reproducirse en toda la sociedad.
El resultado
es el confinamiento de la mujer al hogar y al trabajo doméstico. A pesar del
nivel educativo de las mujeres en las zonas urbanas, aún existen sectores de la
población que no aceptan esta forma de vida, especialmente entre los adultos y
los jóvenes que pertenecen a los estratos más ricos de la sociedad. Los hombres
no aceptan el trabajo doméstico como parte de su responsabilidad por ello los
cambios de roles se vuelven disputas en el hogar y la relación se deteriora,
como tampoco aceptan ser ellos los que se queden en la casa cuidando a los
hijos y sea la mujer la que salga a trabajar.
Otro
conflicto se presenta cuando es la mujer la que gana más dinero que el hombre.
El hombre se proclama como el responsable de llevar dinero al hogar y en
sociedad moderna se ha vuelto que sea compartida. Las mujeres piensan que los
hombres no aportan mucho al trabajo doméstico. Este desacuerdo permite
comprender el nivel de conflictividad inherente a la vida familiar como espacio
de poder donde los géneros se confrontan. En efecto, el desajuste entre mujeres
y hombres muestra tendencias, cambios, pero también una continuidad del sistema
de creencias en todos los niveles de la vida y de la sociedad.
En el trabajo
a nivel nacional y en áreas indígenas, el nivel de inequidad es más notorio al
comparar la cantidad de horas que mujeres y hombres trabajan por semana en el
hogar. Según datos, las mujeres trabajan un total de 65 horas a la semana y los
hombres solo 56,4, una diferencia de 8,8 horas que corresponde a un día de
trabajo remunerado. Las diferencias entre mujeres y hombres son más
significativas en el ámbito del trabajo doméstico. Para el trabajo no
remunerado fuera del hogar, existe una diferencia entre mujeres y hombres.
El trabajo
doméstico muestra la doble carga de trabajo que tienen las mujeres: un día de
trabajo remunerado en la actividad económica y otro día de trabajo no
remunerado en el hogar. Es necesario señalar que el nivel de inequidad cambia
según la edad, y que la situación es aún más inequitativa para las mujeres
mayores de 40 años.
El feminismo,
lo que alguna vez fue una palabra impronunciable en los hogares, se ha
transformado en un movimiento social que reúne a decenas de miles de mujeres en
toda la región. La lucha de las mujeres por la libertad, la seguridad y la
igualdad, injusticia social, bajo el dominio de los hombres, opresión, está
lejos de terminar. A medida que las mujeres adquieren más educación, aumentan
las oportunidades para los trabajos masculinos tradicionales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario