martes, 23 de mayo de 2023

 

MUJERES EN MÉXICO (PARTE DOS)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC-Universidad Nacional Autónoma de México.

La historia de los hombres y su relación con la mujer es una historia de lucha por el poder entre oprimidas y opresores. Esta lucha paso por momentos de movilización para obtener el sufragio de las mujeres, luego vendrían los puestos de elección popular y las luchas feministas. Grupos de mujeres activistas llaman a las conformes a que se incorporen para que la situación de su género mejore. El concepto de igualdad es la guerra de géneros permanente, cuyo objetivo es encontrar una armonía de relaciones de todo tipo desde las sexuales, políticas, económicas, respeto, dignidad, así como igualdad de derechos a otras categorías de sexualidad.

La lucha ha traído progreso a sus vidas. Las feministas argumentan que el hombre no nace dominador ni dueño de la verdad, ni la mujer está condenada a ser su víctima. Para las feministas no hay presas para ser cazadas y hay que ponerle el alto a los depredadores. Los moderados señalan que se requiere mayor educación en esa temática, que es el aprendizaje lo que marcara la armonía y la estabilidad para el derecho y la igualdad. Proponen cambiar la mentalidad del humano desde su infancia en el hogar, la escuela y su vida cotidiana.

Para los moderadores hay que comprender las causas para combatir las desigualdades. Los escépticos le llaman una utopía y que el gobierno es el menos dispuesto para que se modifique la intención generacional. Crear circunstancias propicias para la justicia, argumentan que para ello se requieren funcionarios en esas áreas sensibles capacitados y comprometidos para proporcionarla. Para los hombres el sexo es la raíz del problema, y según para ellos el mundo gira alrededor del mismo.

Las creencias, percepciones y actitudes sobre lo que es correcto, deseable y apropiado para cada sexo es parte de la raíz del problema. La concepción según la cual el mundo del trabajo doméstico es siempre específico de las mujeres está muy arraigada entre la población. Esta concepción explica cómo la mayor parte del trabajo doméstico se ha vuelto imperceptible para la sociedad. Existe la idea arraigada en que la mujer es para la reproducción y debe estar en el hogar y que es el hombre el que debe acarrear el dinero. Esto da como resultado la jerarquía de mando de la familia, para reproducirse en toda la sociedad.

El resultado es el confinamiento de la mujer al hogar y al trabajo doméstico. A pesar del nivel educativo de las mujeres en las zonas urbanas, aún existen sectores de la población que no aceptan esta forma de vida, especialmente entre los adultos y los jóvenes que pertenecen a los estratos más ricos de la sociedad. Los hombres no aceptan el trabajo doméstico como parte de su responsabilidad por ello los cambios de roles se vuelven disputas en el hogar y la relación se deteriora, como tampoco aceptan ser ellos los que se queden en la casa cuidando a los hijos y sea la mujer la que salga a trabajar.

Otro conflicto se presenta cuando es la mujer la que gana más dinero que el hombre. El hombre se proclama como el responsable de llevar dinero al hogar y en sociedad moderna se ha vuelto que sea compartida. Las mujeres piensan que los hombres no aportan mucho al trabajo doméstico. Este desacuerdo permite comprender el nivel de conflictividad inherente a la vida familiar como espacio de poder donde los géneros se confrontan. En efecto, el desajuste entre mujeres y hombres muestra tendencias, cambios, pero también una continuidad del sistema de creencias en todos los niveles de la vida y de la sociedad.

En el trabajo a nivel nacional y en áreas indígenas, el nivel de inequidad es más notorio al comparar la cantidad de horas que mujeres y hombres trabajan por semana en el hogar. Según datos, las mujeres trabajan un total de 65 horas a la semana y los hombres solo 56,4, una diferencia de 8,8 horas que corresponde a un día de trabajo remunerado. Las diferencias entre mujeres y hombres son más significativas en el ámbito del trabajo doméstico. Para el trabajo no remunerado fuera del hogar, existe una diferencia entre mujeres y hombres.

El trabajo doméstico muestra la doble carga de trabajo que tienen las mujeres: un día de trabajo remunerado en la actividad económica y otro día de trabajo no remunerado en el hogar. Es necesario señalar que el nivel de inequidad cambia según la edad, y que la situación es aún más inequitativa para las mujeres mayores de 40 años.

El feminismo, lo que alguna vez fue una palabra impronunciable en los hogares, se ha transformado en un movimiento social que reúne a decenas de miles de mujeres en toda la región. La lucha de las mujeres por la libertad, la seguridad y la igualdad, injusticia social, bajo el dominio de los hombres, opresión, está lejos de terminar. A medida que las mujeres adquieren más educación, aumentan las oportunidades para los trabajos masculinos tradicionales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario