jueves, 18 de mayo de 2023

 

TRABAJO DECENTE

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGU

El trabajo como principio de plenitud debe ser decente, es la aspiración que implique oportunidad, productividad espiritual, remuneración justa, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para la familia. Mejorar la perspectiva personal, integración social, que permita estar presente en la toma de decisiones importantes de los hijos, familia para que se logre el progreso social, como medio para alcanzar la plenitud equilibrada.

En cada una de estas esferas, los individuos de todo el mundo se ven enfrentados a carencias, lagunas y exclusiones en forma de desempleo y subempleo, trabajos de baja calidad e improductivos, trabajo inseguro e ingresos inestables, denegación de derechos, desigualdad de género, explotación de los trabajadores migrantes, falta de representación y participación, así como de insuficiente protección y solidaridad en caso de enfermedad, discapacidad y vejez.

Dios inicia su obra trabajando creativamente y posteriormente descansando al séptimo día. Hoy por más que se aplique trabajando difícilmente se puede descansar en sentido real, renovador de fuerzas y fortalecedor de espiritualidad. No sabemos descansar y usamos el tiempo para el desenfreno y placer mundano dejando arrinconada la parte cultural.- Pocos son los privilegiados que lo aprecian. Hay carencia mental, no se aprende lo vital y justificamos las carencias fomentando con los actos a que nuestros hijos repitan conductas aprendidas en donde se confunda descanso con diversión comercial o contagiosa embriaguez, aventura cultural con vicio, tranquilidad con vacío existencial, entretenimiento con desenfreno sexual.

El crecimiento humano única en el hogar y se refiere a los actos observados en los padres de familia. Lo cercano, gratuito, el uso del tiempo, lo que hablamos y nos dejamos nos lleve sin control. Enriquecer en lo espiritual o dejar que la vida nos lleve en las pasiones incontrolables, vida adecuada, realización sana o lo comercial.

Descanso que nos ayude en lo familiar, a entender a nuestros hijos, recuperarlos en su valor real o dedicarnos a vagar, perder, sacar lo inmoral. La sociedad exige y nosotros llegamos hasta donde queremos. Si equivocamos la actividad, regresaremos más cansados de lo que salimos, con mayores problemas familiares, agotados intelectual mente, presionados y sin soporte moral con estrés compulsivo convertidos en piltrafa del vicio. Hoy son más los jóvenes que saben trabajar y estudiar y que están empeñados en aprovechar mejor su tiempo.

Jóvenes que no tienen tiempo para andar queriendo recuperar el famoso tiempo perdido, ni se sienten culpables con sus rutinas. No aman tanto el estado económico ni la posición de estatus ejecutiva para ellos eso es estresante.- Saben descansar, valoran salir con sus amigos, gastan menos, no andan tan confundidos por esa parte visible de comprar carro nuevo, embriagarse para olvidar el estrés.

Sus padres valoran más el parecer que el ser, confunden su necesidad y evasión social y se deshumanizan. Hacer un trabajo que no agrada, degrada a quien lo hace, es corrupto de la mente y desencadena vicio.

El descanso debe ser sobriedad, armonía, enriquecer la convivencia, descubrirse a sí mismo, son instantes de caricias suaves, de soledad apetecible, contemplación profunda, de poner versos en oídos de la persona amada, evaluar resultados, oportunidad para entender los silencios en su espacio de belleza oculta. Dios desea que nos entendamos, reproduzcamos, trabajemos pero que también sepamos descansar.

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