jueves, 25 de mayo de 2023

 

JOHN DEWEY Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS (PARTE TRES)

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC-Universidad Nacional Autónoma de México

Él decía que en la escuela se debe ayudar a los alumnos a clasificar los problemas de la sociedad para que la entiendan mejor, y seleccionan lo conveniente (Lo malo y lo bueno). La escuela debe ser capaz de ofrecer al alumno que vaya más allá de su institución, limitaciones tanto de la escuela como del hogar y entorno, en cuanto a conocimiento y oportunidades.

Los contextos en donde se vive limitan y se adquieren patrones de comportamiento a lo que el estudiante se adapta y los reproduce. Por ello la institución educativa se hace presente para que esos patrones nos e reproduzcan en exceso y limiten el desarrollo del estudiante (La escuela tiene la tarea de ser un lugar donde la integración sea posible).

Es la escuela y sus maestros los encargados en dirigir los impulsos naturales de los humanos en crecimiento, para que encajen en los contextos sociales, es la esencia del control social. Lograr una sociedad en donde se promueva y participen todos en igualdad de condiciones. Para que tales sociedades sean posibles, se necesita una educación que promueva los comportamientos y actitudes que nos hacen preocuparnos por las relaciones sociales y la capacidad de desarrollo social sin que esto conduzca al caos. Dewey, nos dice que debemos estar alerta para que los conflictos fuera de la escuela no se interpongan tanto en el camino del maestro como del estudiante.

La escuela y el maestro tienen la responsabilidad final de no sólo aceptar los valores del hogar, sino limpiarlos y ofrecer otras mejores perspectivas. La escuela debe ser capaz de satisfacer los intereses del estudiante y la sociedad, en esa función de reconstrucción de valores, desarrollo y garantía de que en el futuro prevalecerán y en este proceso el maestro tiene un papel central en la sociedad.

La familia debe entrar en apoyar las áreas de problema respetando el derecho que les asiste como padres a sus propias ideas sobre la educación y una buena vida, y esos padres prestar atención para que no se la desconexión entre padres y maestro por un control mal enfocado, por lo que el maestro debe ser asesor no represor sino un recurso útil en medio del conflicto.

Dewey reflexiona en que es la voluntad interior de cada estudiante la que lo empuja tanto en lo bueno como en lo malo y esas corrientes en su mayoría le llegan desde la sociedad, las que contribuyen en su desarrollo. Sí, no son buenas o no tan buenas, es la escuela y el hogar las que al final apelaran para que la personalidad no se desvié, por lo tanto, esa voluntad se ve convertida en la expresión objetiva del estudiante, el maestro y los padres.

Una vez que el punto discutible se controla regresa la armonía y la interacción conectada. Las autoridades educativas por comodidad lo pueden valorar como algo natural e inevitable y se lo atribuyen a la edad. Podemos observar que la autoridad solo expresa sus deseos e ideas comunes.

La escuela debe ser como una gran familia con su propia autoridad, pero no están aislados, sino que cada niño, está relacionado con otro y hacen grupos para convertirse en grados y escuela, es lo mismo de la escuela, las pequeñas están unidas y se van interconectado para hacer un gran número de ellas para convertirse en sector y unidos los sectores en la gran institución responsable de la educación en donde van incluidos todas las personas que están involucradas.

Por ello un niño, un maestro, los padres de familia nunca pueden ser visto como algo aislado, sino que es parte de un contexto más amplio y, por lo tanto, está sujeto a las normas, reglas, leyes, autoridades, en donde ese todo debe estar en armonía. Los derechos de cada uno de ese conglomerado deben ser vistos como la parte que se encarga de ofrecerle la satisfacción a cada uno y el alcance de sus metas propuestas.

Para vivir en plena armonía en la sociedad se declara que la familia, la escuela, la iglesia local y el estado son instituciones que deben armonizarse entre sí, y a través de cuyos derechos el niño puede crecer en libertad humana. Ninguna institución, y en consecuencia ningún humano, existe únicamente por sí mismo, sino que inevitablemente existe como parte de algo más grande. Todos conviven participan para el bien común y con ello construyen el bien público.

La escuela, el hogar, la autoridad y los individuos son la parte normativa de los valores que se juegan en lo cotidiano y le llaman tradicionales. En ello se conjugan las voluntades, habilidades e intereses colectivos y comunes de la localidad, para ser el reflejo de la una organización humana muy superior que es la humanidad.

Es lo común lo que la construye, es la base de la sociedad y sus valores, pero la moral no es de valor universal sino de principios normativos en los conglomerados humanos. En unas regiones responde de un modo y en otra también, por eso no alcanza la universalidad en lo moral y en lo ético.

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