LES LLAMABAN
“MACHORRAS” POR USAR PANTALONES.
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En 1950, las
mujeres comenzaron a usar pantalones cortos solo para el deporte y el ocio. El
uso de pantalones se consideraba feo para las mujeres y poco atractivo. No se
podían usar ni en fiestas ni en oficinas, las mujeres que los usaban eran
consideradas bohemias excéntricas o incluso lesbianas, y les llamaban
“Machorras”. Antes de 1960, el uso de pantalones solo estaba permitido en el
exterior, la ropa interior femenina los comprimía, siguiendo el cuerpo esbelto
y alargado de la época con cinturones y sujetadores que dejaban marcas en el
cuerpo.
La ropa de
hombre y mujer de los años 50 y principios de los 60 era distinta, pero fue
precisamente en este momento cuando los pantalones de mujer se volvieron
aceptables en las ciudades. Finalmente, para 1980 se volvieron elegantes y
respetables. Fue la lucha ganada por las feministas en lograr su comodidad y la
libertad de vestir de las mujeres. A partir de 1980 se extendió el capitalismo
por todo el mundo, los roles de las mujeres cambiaron, las ciudades se urbanizaron,
la mujer estudiaba para secretaria y se debatía sobre la libertad sexual de la
mujer.
Las
conservadoras criticaban el caos femenino, los medios de comunicación dieron
entrada al lenguaje prosaico sexual al que bautizaron como revolución sexual con
tintes de homosexualidad en todos los programas dirigidos por hombres con
marcados gestos y lenguaje femenino a lo que le llamaron afeminamiento.
El caos
mental se presenta cuando se habla de la enfermedad del SIDA y se cuestiona la
homosexualidad masculina, la prostitución de los hombres. La mujer femenina
busca los espacios de su desarrollo personal, se infiltra en las aulas
Universitarias, se opone a la inferioridad ante lo masculino, incorpora en su
rutina características masculinas leves en el comportamiento como lo es fumar,
tomar alcohol en público.
Rompe ante
sus padres las limitaciones de las normas familiares, poniendo en crisis a todo
un sistema social. Las mujeres de los años 1980 en adelante ponen en práctica
un nuevo escenario sexual, cambian de pareja, se inician en la práctica del
sexo a edad temprana la mayoría de las ocasiones sin control de condón y muchas
salen embarazadas abandonando sus estudios.
Los hombres
conservadores critican el uso de la falda corta, utilizar pantalones masculinos,
quitarles los atuendos sensuales, no permitirles que demuestren su atractivo
físico. Exigir que el escote de sus senos no permita ser observados en las
calles.
En el vestir
hombres y mujeres utilizan la moda para expresar cómo consideran sus roles de
género y cómo esperan ser vistos. El vestir reproduce el género. A partir del
siglo XIX la moda aparece como un sistema basado en lo nuevo y lo efímero.
Mujeres y hombres comienzan a vestirse de manera diferente, aunque ambos
utilizan pelucas, maquillaje, bordados y volantes. En el siglo XVIII, a través
de características fisiológicas, se utilizó la excusa para la diferenciación de
tareas entre hombres y mujeres. A partir de ahí se intensifica la idea de que
los hombres están asociados a la producción y las mujeres a la reproducción.
La revolución
industrial da entrada al sistema capitalista modificando la dinámica social, en
donde los hombres trabajarán fuera del hogar, en las fábricas, y las mujeres se
ocuparán del hogar. Para que esto sea posible, los hombres pierden el carácter
frívolo de su ropa, para ganar en agilidad y practicidad. Las mujeres, en
cambio, siguen adornándose con exageración; los corsés y las enaguas ayudan a
limitarlas al espacio interno y ocioso: se convierten en el estándar de la riqueza
de su esposo.
Como vemos,
la indumentaria femenina estaba asociada a la realidad de la mujer de la época.
Mientras que la ropa de hombre los dejaba libres para sus movimientos.
La ropa de
mujer tenía características que resaltaban la feminidad y solo reforzaban la
fragilidad de la mujer, dejándola atada e incapaz de realizar grandes
movimientos. En el siglo XIX, las diferencias de clase y género eran marcadas y
las mujeres tenían muy pocos derechos legales y políticos. La mujer era
considerada totalmente diferente al hombre tanto por su anatomía y fisiología
como por su intelecto, por lo que la vestimenta reflejaba la concepción
atribuida a la mujer.
La ropa de la
mujer se ve convertida en elemento de control social. Las mujeres de clase
alta, como no trabajaban, usaban ropa muy adornada y poco práctica. Las mujeres
de clase media que se casaban porque tenían menos dinero trataban de imitar a
las mujeres de clase alta. La clase media a su casa. Fue en el siglo XIX, donde
inician las oleadas feministas que contradicen el rol asignado, y que buscaban
la igualdad de género. Los pantalones para uso de las mujeres fueron uno de los
logros en cuanto a vestuario.
Habían pasado
cinco siglos desde que el pantalón pertenecía solo a los hombres, y ahora
algunas mujeres se estaban atreviendo a usarlo (ellas argumentaron por ser
prácticos para trabajar en la primera y segunda guerra mundial) En principio
usar pantalones fue visto como señal negativa por parte de las mujeres. En 1960
a 1970, vino una revolución en el vestir de las mujeres sin importar ser
criticadas, decían que escapaban del control del hombre rechazando la moda
impuesta. Las feministas comenzaron a usar ropa masculina (Pantalones y camisa
vaquera).
En esos años
estaba de moda el movimiento hippy, las protestas relacionadas con la guerra de
Vietnam y los conflictos raciales, en París las luchas estudiantiles por
cambios en el sistema universitario en México y en otras partes del mundo
Universitario. Las mujeres ante la euforia del movimiento se desnudan y
consumían marihuana dejando en su acción un sexo libre con uno o varios
masculinos. Disminuye el uso de faldas y brota con fuerza el de los pantalones.
La
mercadotecnia para controlar a las mujeres saco a la venta cientos de revistas
femeninas y aprovecho los medios de comunicación para atraer simpatizantes en
modas, cuerpos, dietas con su eterna juventud, ejercicio, en cosméticos,
cremas, jabones etc.
Que continúan
a la fecha. Control a la mujer por sus sentimientos y apariencia ante el
espejo.
La gran
mayoría cayeron, esa mercadotecnia tuvo un gran impacto en ellas y para su
disfrute se incorporaron vitaminas, proteínas, bicicletas estáticas, tenis y
shorts deportivo. Cualquier mujer que no siga la moda de control establecida
por la mercadotecnia es repugnante para el género opuesto y el suyo.
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