miércoles, 24 de mayo de 2023

 

MIS RECUERDOS EN SAN IGNACIO, SINALOA

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México

Una noche mientras dormía tenia pesadillas y comencé a llorar. Mi madre dormía en el cuarto adjunto, se levantó y corrió a ver que me pasaba. En ese momento se produjo un recuerdo imborrable en la mente de este niño, me abrazo consolándome como si fuera ese pollito que se mete bajo el ala de su madre la gallina para buscar protección. Sentí que me había salvado, aunque no recuerdo ¿de qué? Por ser una pesadilla. Ese instante de la infancia me muestra el significado que los hijos tienen para ellas, nos dan la fuerza, construyen el hogar de nuestra mente, siempre encuentran el que hacer para cuidarnos, somos su primer prioridad y así podría seguir haciendo una larga e interminable lista.

Una noche desde la ventana del segundo piso en donde dormía, observe que mi padre andaba en el patio mientras llovía, por lo que decidí ir a investigar lo que hacía a esas horas en medio de la lluvia pero cuando baje al patio no encontré a nadie, mi padre ya no estaba allí, por lo que me apresure a ir a la cocina tratando de no mojarme, mientras los rayos tronaban escandalosamente. A la luz de uno de esos rayos vi sentada a mi madre en una de las sillas del comedor a lo que le pregunte ¿Qué haces allí?

Eso, es lo que quiero me contestes.- Vi, a mi padre caminar en medio de la lluvia y vine a ver que andaba haciendo.- Ella contesto.- Tu padre está dormido en nuestra cama, más bien creo que los rayos te asustaron. – Madre ¿No, será un espíritu que anda vagando y desea que lo ayude?

Permaneció en silencio, se lo agradecí al ver que se preocupaba por mí y haría cualquier cosa para que no me sucediera nada. Me amaba y apoyaba y eso era todo lo que necesitaba para seguir madurando en medio de mis propias dificultades profanas. Era tiempo de regresar a la cama para levantarme temprano al otro día y seguir cumpliendo con mis deberes.

Mi obligación de niño que se esfuerza en la escuela, que va en busca de descubrir lo útil, que disfruta al lado de sus amigos de aula y barrio y es parte de esa comunidad llamada pueblo con la disfruta sus fiestas, nacimientos y bautizos y a la vez llora a sus muertos demostrando que los aprecios, sus tiempos de convivencia, valorando sus enseñanzas.

A los 17 años fui a cumplir una misión de profesor para la que había previamente estudiado y en verdad nunca pensé que a los niños les agradaría o aprenderían de mí, especialmente cuando me di cuenta de que todo era diferente para ellos que cuando yo tenía su edad.

Mi recuerdo se centra en algunas madres cuando se acercaron dándome palabras y ver su rostro de agradecimiento, allí me di cuenta de la importancia que es tener vocación. Era el primer año que ganábamos el primer lugar estatal en el concurso de danza, para ello habíamos previamente ganado en la ciudad de Mazatlán el local. Al siguiente año regresamos a ese nivel estatal y repetimos la dosis siendo campeones de danza dos años consecutivos. Los niños del primer campeonato ya estaban en primero de secundaria y recuerdo asistieron apoyar a sus compañeros en el concurso local alentándolos con porras. Me di cuenta de que mi papel era más que enseñar lecciones, ayudar a entender y planificar vidas.

Es un deber arrimar el hombro a estas mentes deseosas para prepararse para el futuro. Servirles para que se preparen para su vida, es conocer la necesidades de aquellos a los que servimos y que con amor ese conocimiento pueda ayudarlos a crecer, confiar en ellos, incluso comprendernos como profesores por qué se nos asigna un papel específico. Aprecie la oportunidad para servir y que merecían esos niños la oportunidad por lo que debía prepararme lo mejor posible de acuerdo a mis capacidades. En el programa compartí la danza de manera activa.

Cumplí los 18 y comencé a madurar en mi mente el ir a estudiar para médico veterinario zootecnista en la universidad autónoma de México, fue cuando me mude. Sé que era un nuevo comienzo y a la vez una oportunidad para estudiar otra de las cosas que tanto me gustaban (Los caballos, vacas, perros ect). La vida es fugaz y superficial ante ello la gratitud la debemos manifestar de manera espontánea, es algo que no puede esperar. Sellar nuestros agradecimientos es remplazar rencores a través del respeto y la pertenencia. Elogiar al hijo, abrazarlo, decirle que lo amas es agradecimiento.

El tiempo vuela, los hijos crecen, se marchan, los amigos se alejan. Es fácil ignorar a los demás hasta que pierden la vida y luego lamentarse. Uno se va quedando solo por múltiples razones, lo importante es que a cada uno de los que en cierto momento conviven con nosotros sepan que los respetamos, los tratamos con dignidad, les dimos el calor, la sonrisa, la palabra, nos aseguramos en que vieran en nuestras acciones ese amor fraternal, mientras ambos enfrentábamos las adversidades, los desafíos y las necesidades.

Juntos para vencer o morir, para crecer en medio de todo mal buscando la justicia, la paz, integridad. Agradecidos con todos por darnos momentos de su vida, por lo que han hecho, hicieron y seguirán en ello. La gente que nos rodea debe saber el agradecimiento que les tenemos. Ser siempre amables en la palabra, las expresiones. Lamentarnos si ofendemos en momentos de ira.

Ser dadivoso en la caridad para que el desvalido encuentre un refugio a donde siempre quiera regresar. Mantener la verdad, la justicia, espiritualidad en nuestros actos. Construir alrededor nuestro un espacio feliz donde se respire paz.

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