MIS RECUERDOS
EN SAN IGNACIO, SINALOA
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México
Una noche
mientras dormía tenia pesadillas y comencé a llorar. Mi madre dormía en el
cuarto adjunto, se levantó y corrió a ver que me pasaba. En ese momento se
produjo un recuerdo imborrable en la mente de este niño, me abrazo consolándome
como si fuera ese pollito que se mete bajo el ala de su madre la gallina para
buscar protección. Sentí que me había salvado, aunque no recuerdo ¿de qué? Por
ser una pesadilla. Ese instante de la infancia me muestra el significado que
los hijos tienen para ellas, nos dan la fuerza, construyen el hogar de nuestra
mente, siempre encuentran el que hacer para cuidarnos, somos su primer
prioridad y así podría seguir haciendo una larga e interminable lista.
Una noche
desde la ventana del segundo piso en donde dormía, observe que mi padre andaba
en el patio mientras llovía, por lo que decidí ir a investigar lo que hacía a
esas horas en medio de la lluvia pero cuando baje al patio no encontré a nadie,
mi padre ya no estaba allí, por lo que me apresure a ir a la cocina tratando de
no mojarme, mientras los rayos tronaban escandalosamente. A la luz de uno de
esos rayos vi sentada a mi madre en una de las sillas del comedor a lo que le
pregunte ¿Qué haces allí?
Eso, es lo
que quiero me contestes.- Vi, a mi padre caminar en medio de la lluvia y vine a
ver que andaba haciendo.- Ella contesto.- Tu padre está dormido en nuestra
cama, más bien creo que los rayos te asustaron. – Madre ¿No, será un espíritu
que anda vagando y desea que lo ayude?
Permaneció en
silencio, se lo agradecí al ver que se preocupaba por mí y haría cualquier cosa
para que no me sucediera nada. Me amaba y apoyaba y eso era todo lo que
necesitaba para seguir madurando en medio de mis propias dificultades profanas.
Era tiempo de regresar a la cama para levantarme temprano al otro día y seguir
cumpliendo con mis deberes.
Mi obligación
de niño que se esfuerza en la escuela, que va en busca de descubrir lo útil,
que disfruta al lado de sus amigos de aula y barrio y es parte de esa comunidad
llamada pueblo con la disfruta sus fiestas, nacimientos y bautizos y a la vez
llora a sus muertos demostrando que los aprecios, sus tiempos de convivencia,
valorando sus enseñanzas.
A los 17 años
fui a cumplir una misión de profesor para la que había previamente estudiado y
en verdad nunca pensé que a los niños les agradaría o aprenderían de mí,
especialmente cuando me di cuenta de que todo era diferente para ellos que
cuando yo tenía su edad.
Mi recuerdo
se centra en algunas madres cuando se acercaron dándome palabras y ver su
rostro de agradecimiento, allí me di cuenta de la importancia que es tener
vocación. Era el primer año que ganábamos el primer lugar estatal en el
concurso de danza, para ello habíamos previamente ganado en la ciudad de
Mazatlán el local. Al siguiente año regresamos a ese nivel estatal y repetimos
la dosis siendo campeones de danza dos años consecutivos. Los niños del primer
campeonato ya estaban en primero de secundaria y recuerdo asistieron apoyar a
sus compañeros en el concurso local alentándolos con porras. Me di cuenta de
que mi papel era más que enseñar lecciones, ayudar a entender y planificar
vidas.
Es un deber
arrimar el hombro a estas mentes deseosas para prepararse para el futuro.
Servirles para que se preparen para su vida, es conocer la necesidades de aquellos
a los que servimos y que con amor ese conocimiento pueda ayudarlos a crecer,
confiar en ellos, incluso comprendernos como profesores por qué se nos asigna
un papel específico. Aprecie la oportunidad para servir y que merecían esos
niños la oportunidad por lo que debía prepararme lo mejor posible de acuerdo a
mis capacidades. En el programa compartí la danza de manera activa.
Cumplí los 18
y comencé a madurar en mi mente el ir a estudiar para médico veterinario
zootecnista en la universidad autónoma de México, fue cuando me mude. Sé que
era un nuevo comienzo y a la vez una oportunidad para estudiar otra de las
cosas que tanto me gustaban (Los caballos, vacas, perros ect). La vida es fugaz
y superficial ante ello la gratitud la debemos manifestar de manera espontánea,
es algo que no puede esperar. Sellar nuestros agradecimientos es remplazar
rencores a través del respeto y la pertenencia. Elogiar al hijo, abrazarlo,
decirle que lo amas es agradecimiento.
El tiempo
vuela, los hijos crecen, se marchan, los amigos se alejan. Es fácil ignorar a
los demás hasta que pierden la vida y luego lamentarse. Uno se va quedando solo
por múltiples razones, lo importante es que a cada uno de los que en cierto
momento conviven con nosotros sepan que los respetamos, los tratamos con
dignidad, les dimos el calor, la sonrisa, la palabra, nos aseguramos en que
vieran en nuestras acciones ese amor fraternal, mientras ambos enfrentábamos
las adversidades, los desafíos y las necesidades.
Juntos para
vencer o morir, para crecer en medio de todo mal buscando la justicia, la paz,
integridad. Agradecidos con todos por darnos momentos de su vida, por lo que
han hecho, hicieron y seguirán en ello. La gente que nos rodea debe saber el
agradecimiento que les tenemos. Ser siempre amables en la palabra, las
expresiones. Lamentarnos si ofendemos en momentos de ira.
Ser dadivoso
en la caridad para que el desvalido encuentre un refugio a donde siempre quiera
regresar. Mantener la verdad, la justicia, espiritualidad en nuestros actos.
Construir alrededor nuestro un espacio feliz donde se respire paz.
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