HISTORIA EN
SAN IGNACIO, SINALOA
RECUERDOS
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Tenía el
coraje en ser diferente. Una noche al regresar de la fiesta que se celebró en
la presidencia municipal de San Ignacio, me fui a directo a la cocina de mi tía
Emilia Benítez y tomando un vaso de leche les dije a todos ¡Salud! Extrañados
unos sonrieron y ello se debió a que habíamos estado bebiendo cervezas y de
repente yo, les salía con una vaso de leche.
Las bromas no
se dejaron esperar sobre mi persona. La leche era mi elección favorita después
de una juerga a medias. Y aunque el evento fue divertido no falto alguno como
Oscar Torrero que siguió mi broma imitándome, luego se unieron Humberto Benítez
(Rabanito), José Larrañaga, etc.
Para cerrar
el episodio levante el vaso exclamando ¡Salud compañeros por la vida espiritual
llena de sabiduría y bondad! Me sentía como uno de los doce apóstoles brindando
en pleno inicio de año nuevo. Esa Juventud en donde existíamos puros,
agradecidos con la vida y las enseñanzas en el hogar.
Podrían decir
que no sabíamos cuidarnos y en parte tienen razón pero en defensa de ello
argumento que fueron pocos los tragos y no por ganas de seguir ingiriendo sino
porque la cerveza estaba muy cara y en esa época no estaba al alcance de unos
estudiantes. En verdad las cosas han cambiado veamos él porque: Los juguetes o
cosas mundanas que nos amanecían en navidad no se comparan con lo abrumador de
los de hoy.
En aquellos
años nos gobernaban los padres y hoy los jóvenes se gobiernan a sí mismos,
creen que no deben rendir cuentas a nadie más que a ellos mismos y en muchos
aspectos la sociedad ha cambiado. Hoy caminan sin rienda, la justicia la
determinan ellos y se ponen a la moda a imagen y semejanza de los artistas de
la época (Sus ídolos) La espiritualidad y la moral se relajaron por esa
supuesta búsqueda de su libertad personal. Las leyes establecidas las conducen
a su criterio maldiciendo a la sociedad o personas mayores que les hacen alguna
observación para que se corrijan, en desobediencia pura.
La codicia se
ha apoderado de sus corazones en medio de la agitación por obtener cosas que no
ocupan. En nuestros tiempos se buscaba paz, tranquilidad, refugio espiritual y
la esperanza en que todo fuera bien. Rebuscábamos el orden correcto, los
propósitos para avanzar mediante el conocimiento, lo cual era importante para
la familia. Nadie nos considerábamos tontos, sabíamos la importancia de la
vida, sus cosas que agradecíamos, esto era lo que aprendíamos.
La vida justa
se abría camino en nuestras mentes juveniles y para llenar el cerebro
recurríamos al conocimiento de las ciencias. Solo unas décadas bastaron para
que todo cambiara y la psicología de las siguientes criaturas encarnaran en la
creencia del valor de lo material, la reputación de un buen carro sin ganarlo
honestamente. Se fue esfumando la integridad, los rasgos que aseguraban la
permanecía de las costumbres trasmitidas por los padres.
Hoy van
contra el viento luchando para obtener riqueza sin estudiar y finalmente no
ponen los pies sobre la tierra. Sus prioridades han cambiado, ellos buscan
cosas que para nosotros no eran importantes y por las cuales cuando las
hacíamos no reclamábamos recompensa. ¿Cuánto gastábamos? Esos eran parte de los
cimientos para que al terminar la construcción de nuestra obra supiéramos
valorar el dinero. Nos preparábamos para el futuro lentamente, sin prisas,
bordeando las resistencias que se nos presentaban ante la necesidad de dinero
pero siempre teníamos la oportunidad en divertirnos a nuestra manera, de actuar
honestamente.
Hoy, son
rápidos, exigentes y hasta groseros si sus padres no les cumplen sus caprichos.
Los jóvenes en aquella época actuábamos de acuerdo a las reglas establecidas en
el pueblo por la autoridad en manos del policía Faustino quien estaba al
pendiente del comportamiento por la noche de cada uno y a los acelerados les
llamaba la atención o los acarreaba con sus padres para que lo metieran a
dormir.
Así,
aprendimos a responsabilizarnos, a respeta la ley, a las buenas prácticas
sociales, sin la tentación de la ostentación grosera que termina por romper
toda regla establecida. Existía una mala práctica con respeto a las cosechas,
algunos les gustaba ir a robar sandias, elotes, mangos sin haberlos sembrado,
esa mala acción aún sigue vigente y se ha heredado de padres a hijos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario