SAN IGNACIO,
SINALOA
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
ESCRIBIENDO
MIS RECUERDOS
Todos debemos
recordar el pasado. En la historia adquirimos conocimientos que nos salvarán de
repetir errores y esta será nuestra base para el futuro. Era sábado y andaba de
vacaciones por lo que viaje al pueblo para disfrutar de unos dos días en
descanso. La tarde lucia encapotada presagiando lluvia por lo que crucé el
puente y tome un camino que conducía a la colima de cerro cercano. El camino
fue subiendo dejando atrás la llanura, me fui perdiendo en ese lugar pero
necesitaba ir, quería conocer, no podía esperar a otro día.
Voy a subir y
ver desde esa montaña el caserío. Esa mañana vi mujeres caminando aprisa por
las calles, se organizaban para hacer comida en su casa, uno que otro pasaba a
caballo o en burro. Nada era mejor que ver la actividad mañanera. Reflexione
sobre las gentes en las ciudades que no paran de llorar por sus miedos,
sufrimientos y tristezas acumuladas.
Gente que
nadie cuida de sus espíritus por tenerlos distraídos en sus conflictos, muchos
jóvenes han perdido la batalla en las drogas, otros caen en los pozos de la
pudrición por sus malos hábitos. Las historias se repiten, muchos quieren
regresar al pueblo pero olvidaron el camino o ya no saben cómo hacerlo, no
tienen amigos, familia, no pueden volver a pararse en la mesa del cristo. Son
muchas cosas las que se los impide, sin embargo si regresaran serian muchos los
espíritus de sus familiares muertos quienes se los agradecerían por venir a
visitarlos. Por la tarde tenia sed de caminar en los alrededores.
Fuerte lluvia
caía mientras intentaba subir el cerro.- Llegare a la cima y desde allí,
esperare a que termina de llover. Lentamente iba subiendo, el lodo impedía que
mis pies se sujetaran fuertemente sobre el piso. Pronto llegare me decía para
tranquilizarme, en eso vi una piedra grande rodando hacia mí, lo único que
podía hacer era esquivarla y al tratar en hacerlo resbale. A partir de allí me
vi rodando unos 20 metros sin perder el conocimiento.
Al quedar
detenido en un árbol descanse al darme cuenta que aún quedaban unos 100 metros
para caer al fondo del rio. Siguió lloviendo no sé por cuantas horas más y en
ese espacio termine por quedarme dormido. Al abrir los ojos sentía dolor en el
cuerpo por los golpes, no sabía si me había roto algo, solo recordaba la caída
estrepitosa en lo que me había sucedido y a unos metros más abajo se podía
apreciar la roca que hizo perdiera el equilibrio. Me levante y note que los
golpes no eran graves por lo que era un accidente más desafortunado donde en un
principio se convino el susto de la piedra y no tener la serenidad para
evitarlo adecuadamente.
Me encontraba
en buena forma, dedicaba parte de mi rutina diaria a trotar un mínimo de 5
kilómetros diarios. Recordé los momentos de niño cuando mi padre me daba la
mano para sostenerme en medio del monte en una caída semejante. Con la sonrisa
en los labios hice como que él estaba presente y le extendí mi mano para que me
ayudara a levantarme. Tomo mi mano y me dijo: Todo estará bien.
Puso su mano
sobre mi hombro y juntos comenzamos ascender nuevamente la colima. No recuerdo
lo que me dijo y ello se debía a que estaba medio aturdido, solo recuerdo que
mi padre estaba de buen humor, sonreía por mi caída y le tranquilizaba el ver
que no tenía ninguna costilla rota.- Estas bien, volvió a decir.- Sentí paz y
seguridad.
Al llegar a
la cima y voltear sobre la vereda me di cuenta que ya no venía, se había
marchado sin avisar. Desde la parte alta de la cima del cerro al terminar la
lluvia se podían observar que ciertos hombres y mujeres estaban dispersos a las
orillas del río. Baje por el sendero y me encamine al pueblo. Al llegar a casa
y quitarme los pantalones pude observar rasguños y una que otra lesión
inflamada por el golpe pero no eran de cuidado así que decidí meterme a bañar.
Mientras me
enjabonaba recordaba el espacio en donde creí que mi padre me daba la mano para
levantarme, que no me había dejado solo tirado en aquella quebrada del monte,
un accidente que pudo ser más grave por quedarme dormido y poder caer montaña
abajo, sin embargo ese alguien en su sombra me despertó, puedo recordar su voz
“No, tienes nada, levántate” Le agradezco a esa voz del extraño que en ese
instante estuvo dispuesto alertarme sobre la caída si me quedaba dormido en el
filo del barranco.
La voz, se le
parecía a la de mi padre sin embargo ya habían pasado muchos años que murió.
Los niños en este pueblo aprenden a mostrar amor a sus padres, a ser obedientes
y a tratar de vivir de una manera que honre su apellido. Cuando los miembros de
la familia se animan y se elogian, su confianza y amor aumentan. Las familias
se muestran esperanzadas y entusiasmadas por sus hijos crezcan y sean felices,
se cubran sus necesidades y se ayuden mutuamente. Aprenden a trabajar juntos
debido a que su objetivo es lograr una familia feliz.
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