RECUERDO DE ESTUDIANTE
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México
Solo una semana después de mi arribo a la ciudad de México, estaba triste y solo sentado en una banca de la plazuela Santa Maria la Rivera. Tenía varios días estudiando para el examen de admisión. Me senté en silencio, extrañando la familia, amigos, gire la hoja del libro que mantenía en mis manos para cerrarlo. Era una tarde gris de negros nubarrones que amenazaban lluvia.
Mire el entorno y pude ver frente a mí una cafetería china. Entre sentándome frente a sus cristales para observar la lluvia y el correr de los carros, no estaba familiarizado con ese entorno, al menos con ese volumen. Mientras mire abriendo la pasta del libro un nombre desconocido que indicaba que el libro había pasado por sus manos, no me era familiar, vi su apellido grabado pero igual, no me decía nada.
En ese instante un rayo trono he hizo que cambiara mi tranquilidad, me di cuenta que debía regresar al cuarto para seguir estudiando ya que de ello dependía entrar a la carrera y que no estaba allí para mirar gente mojándose. Saque un poco de dinero del bolsillo pagando el consumo y tome rumbo. Mientras hacía fila para entregar mis papeles de pronto escuche mi nombre, no esperaba hacerlo en esa mañana y mucho menos en aquella lejana ciudad. Mi corazón dio un brinco tratando en salirse del costillar.
Lugares atrás en la fila se encontraba un amigo con su carpeta en mano por lo que pedí permiso para ir a saludarlo sin que perdiera mi lugar. Lucia orgulloso, con ánimo, recuerdo me dijo que bueno que vamos estar cerca, yo vengo a química, estaré en el edificio de enfrente tuyo.- Bueno si, le dije siempre y cuando pasemos el examen.- Mira disfruta el estrés, un amigo mío que entro hace cuatro años me dijo que al llenar el cuestionario pusiera que mis padres eran casi millonarios porque aquí en la universidad se fijan en este detalle pensando que los que no tienen dinero de acuerdo a sus estadísticas no terminan la carrera y por eso en el examen lo dejan fuera.
Al llenarlo ponle mentiras.- Me concentre en lo que mi amigo me había comentado y a mi padre lo registre como gran industrial y a mi madre como empresaria de élite. Puse lo mejor que pude la mentira aunque al llenarla me sentía arrepentido con los miles de pesos que supuestamente estaban ganando. Me sentía mal por hacer lo que no estaba impuesto en cuanto a mi comportamiento y enseñanza, sin embargo el desear salir en la lista de seleccionados rompía todo escrúpulo sobre mi historia familiar. No tuve alegría pero el propósito bien valía la pena y me sostenía.
Poco después de integrarme a la carrera de veterinaria me sorprendí dándome de alta en el grupo de danza de la universidad. Entrenaba y jugaba béisbol, arbitraba juegos de básquet bol femenil y ahora tenía otra actividad. Pensé que gozaba mucho al ganar esas experiencias y poco por perder solo era cuestión de acomodar los tiempos para poder ir a estudiar a la biblioteca de la facultad.
Tenía que poner mi mayor esfuerzo, de todo ello aprendí mucho, fue una
gran experiencia
y me encantaba la oportunidad en ser activo en diferentes campos. Estaba emocionado cuando recibí la noticia que urgía mi presencia en Aguascalientes para que bailara en el teatro en la feria de San Marcos, tome un autobús y me encamine a esa ciudad instalándome en el hotel frente a la plazuela principal, según recuerdo fueron tres presentaciones de estrella, y de nuevo regrese al anonimato en la universidad. Pasarían 6 meses para ser invitado a representar a México en el festival internacional de danzas autóctonas en la universidad de los ángeles california y fresno. En la ciudad de México.- Me quedo claro que no ocupaba una casa grande, un simple cuarto bastaba para vivir, vi en mis compañeros de estudio como se gastaba dinero en cosas que no ocupaban y claro me puse a ganarlo. El signo más difícil creo era el poner atención a cada una de cosas que nos íbamos enfrentando para aprender a sortearlas. Tres años después estaba sentado en la jardinera a la entrada de la universidad mirando las viejas botas desgastadas por el uso y las lluvias, no había dinero para comprar otras, además que ese día solo había desayunado una taza de café y observaba para el estacionamiento en espera de un aventón (Mi modus operandi).
Cuando llego un académico a preguntarme si estaba dispuesto a trabajar para la universidad. Se quedó parado frente a mí en espera de una respuesta.- Perdón, ¿lo escuche bien?, ¿Quiere darme trabajo en la universidad?- Te espero en mi cubículo, reflexiónalo y me dices, si te interesa pero que sea hoy mismo debido a que debo pasar la propuesta al consejo técnico universitario.
Pase un rato cavilando por lo inesperado de la situación ya que en muchas ocasiones faltaba a clases al no conseguir un aventón en el periférico, en otras regresaba al cuarto a las doce de la noche por quedarme estudiando en la biblioteca o el aventón me llevo por un rumbo diferente al lugar en donde vivía (Casa del estudiante Sinaloense). Ante la invitación inesperada a mi mente llegaron ideas como, tengo 22 años, no estoy casado, mi experiencia en este nivel es limitada aunque ya tenía experiencia de profesor a nivel de primaria, (no era lo mismo). Me cuestionaba si tendría la capacidad para servir en el puesto.
En silencio analizaba los pros y sus contras, por fin me decidí y fui a verlo a su cubículo, recuerdo me dijo.- Aunque eres mi joven se te van asignar tareas sencillas, pero antes tendrás que acreditar un curso de pedagogía general y otro de pedagogía especial y mientras asistes a los cursos se te pagara una beca por seis meses. Leí el contrato: No se trataba de edad, ni de ser soltero sino de la capacidad que podría tener para hacerlo.- Lo firme aceptando.
Rápidamente mi estilo de vida cambio, eventualmente tenia ratos de ocio, los amigos se multiplicaban, las mujeres sonreían al verme pasar junto a ellas, eso estimulaba para impulsarme.
Con dinero en la bolsa me sentía tranquilo, me daba tiempo para escuchar los lamentos de mis amigos y hasta una que otra torta les pagaba en la cafetería, ahora estaba más activo que nunca sintiéndome auto suficiente. Los grandes desafíos iban quedando atrás, el sentido de posición se apoderaba de mi espíritu, me daba cuenta que podía hacer mucho por mis amigos y comencé ayudarlos.
En principio no me sentía apto para el trabajo pero lo realice diligentemente y mientras lo hacía me sentía un estudiante digno, estabilizado, preocupado por salir adelante. No niego que a partir de allí, tuve dificultades para planear mis actividades, en ratos sentía dudas, frustración, desesperación al recapacitar que podían correrme y regresar nuevamente al estado de necesidad ¿Qué puedo hacer para que esto no suceda?
Me cuestionaba.- Inmediatamente escuchaba mi espíritu de joven que le susurraba al alma aventurera.- ¡Tú puedes hacerlo!, eso me fortalecía y tranquilizaba. La vida fuera de la familia en una ciudad distante nos da la oportunidad en conocernos muy bien con las personas con las que convivimos y que al igual andan en las mismas circunstancias estudiando. En esa soledad te das cuenta el valor de los padres, los errores cometidos antes de marcharte, recuerdas a tus ante antepasados.
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