TRABAJO
DECENTE
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGU
El trabajo
como principio de plenitud debe ser decente, es la aspiración que implique
oportunidad, productividad espiritual, remuneración justa, seguridad en el
lugar de trabajo y protección social para la familia. Mejorar la perspectiva
personal, integración social, que permita estar presente en la toma de
decisiones importantes de los hijos, familia para que se logre el progreso
social, como medio para alcanzar la plenitud equilibrada.
En cada una
de estas esferas, los individuos de todo el mundo se ven enfrentados a
carencias, lagunas y exclusiones en forma de desempleo y subempleo, trabajos de
baja calidad e improductivos, trabajo inseguro e ingresos inestables,
denegación de derechos, desigualdad de género, explotación de los trabajadores
migrantes, falta de representación y participación, así como de insuficiente
protección y solidaridad en caso de enfermedad, discapacidad y vejez.
Dios inicia
su obra trabajando creativamente y posteriormente descansando al séptimo día.
Hoy por más que se aplique trabajando difícilmente se puede descansar en
sentido real, renovador de fuerzas y fortalecedor de espiritualidad. No sabemos
descansar y usamos el tiempo para el desenfreno y placer mundano dejando
arrinconada la parte cultural.- Pocos son los privilegiados que lo aprecian.
Hay carencia mental, no se aprende lo vital y justificamos las carencias
fomentando con los actos a que nuestros hijos repitan conductas aprendidas en
donde se confunda descanso con diversión comercial o contagiosa embriaguez,
aventura cultural con vicio, tranquilidad con vacío existencial,
entretenimiento con desenfreno sexual.
El
crecimiento humano única en el hogar y se refiere a los actos observados en los
padres de familia. Lo cercano, gratuito, el uso del tiempo, lo que hablamos y
nos dejamos nos lleve sin control. Enriquecer en lo espiritual o dejar que la
vida nos lleve en las pasiones incontrolables, vida adecuada, realización sana
o lo comercial.
Descanso que
nos ayude en lo familiar, a entender a nuestros hijos, recuperarlos en su valor
real o dedicarnos a vagar, perder, sacar lo inmoral. La sociedad exige y
nosotros llegamos hasta donde queremos. Si equivocamos la actividad,
regresaremos más cansados de lo que salimos, con mayores problemas familiares,
agotados intelectual mente, presionados y sin soporte moral con estrés
compulsivo convertidos en piltrafa del vicio. Hoy son más los jóvenes que saben
trabajar y estudiar y que están empeñados en aprovechar mejor su tiempo.
Jóvenes que
no tienen tiempo para andar queriendo recuperar el famoso tiempo perdido, ni se
sienten culpables con sus rutinas. No aman tanto el estado económico ni la
posición de estatus ejecutiva para ellos eso es estresante.- Saben descansar,
valoran salir con sus amigos, gastan menos, no andan tan confundidos por esa
parte visible de comprar carro nuevo, embriagarse para olvidar el estrés.
Sus padres
valoran más el parecer que el ser, confunden su necesidad y evasión social y se
deshumanizan. Hacer un trabajo que no agrada, degrada a quien lo hace, es
corrupto de la mente y desencadena vicio.
El descanso
debe ser sobriedad, armonía, enriquecer la convivencia, descubrirse a sí mismo,
son instantes de caricias suaves, de soledad apetecible, contemplación
profunda, de poner versos en oídos de la persona amada, evaluar resultados,
oportunidad para entender los silencios en su espacio de belleza oculta. Dios
desea que nos entendamos, reproduzcamos, trabajemos pero que también sepamos
descansar.
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