SIN UN ¡ADIÓS!
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Nadie por más que lo amaremos merece
rompernos la tranquilidad, hacer que odiemos la vida, señalarnos como la peor
persona. Por eso ¿Dame una razón válida para preocuparme? La opción en que el
amor regrese es nula aunque le gustaría que ocurriera pero le aseguro que eso
quedo en el pasado, cuando aún las dos personas eran capaces de amar.
Los sinsabores se fueron acumulando
hasta convertir el vergel de amor en desierto.- Ya, no me da la gana pensar o
preocuparme por lo que haces o abandones. Las antiguas ocurrencias me
molestaban pero las asimilaba por el amor que le gana al entendimiento nublando
esos agravios. Estaba dispuesto a recibir de todo un poco por la atracción que
ejercías sobre mis sentimientos. Una vida diaria enfocada en estar al pendiente
de tu persona, atado sin opción a ser diferente. Eso alimentaba mi espíritu.
A tu lado aprendí a mirar el futuro
con dulzura, en todo lo que nos podría pasar y ser juntos. Un amor de un solo
lado en donde tú sacabas el provecho y yo, aprendí asimilarlo sin reclamos.
Aprendí a disfrutar los instantes que deseabas dar, la calma cuando atacabas
sin misericordia.- Tus miedos, mis necesidades se fueron conjugando en ese
proceso de convivir juntos pero separados, tu disfrutando lo tuyo y yo,
lamentando lo nuestro.
La lista se fue alargando, cada vez
los reclamos se hicieron más presentes, los miedos bloqueaban la inteligencia
para enfrentar lo amargo en frustraciones que impiden disfrutar a plenitud lo
que podía entregarse.
Molestabas por nada, segura que todo
lo pasaría por alto y sin riesgo o consecuencia. Las personas se cansan, eso
debes entenderlo, la situación se va amargando hasta que la actitud cambia, el
amor se esfuma, el abuso sangra al entendimiento y el amor sale ¿Has entendido,
porque deje de amarte?- Complicaste la vida, marcaste odios, dejaste que el
fondo de un corazón enamorado terminara por vaciarse, empañaste el espejo de la
alegría por la tristeza. Alegar en tu favor, diría que no todo ha muerto, solo
alcance a correr dando la espalda en silencio por cansancio.
Sí, me fastidiaste, supe que contigo
a mi lado la vida la detestaría por ello preferí pensar en ese pasado hermoso
que viví cuando realmente te tenia. Lo fuiste arrastrando todo, llenado de
barro la cara del amor por eso debía en lo inmediato correr sin embargo me
quede años con la esperanza en que volvieras a dar la vuelta, entendieras que
la necedad, odio, reclamo solo conduce a la desesperación de un espíritu
desvalido.
No quise esperar, me fastidiaste, ya
no creo cuando dices que me amas, solo te amas a ti misma y posiblemente ni a
eso llegues al no mostrar el mínimo interés en las personas que te rodean. Los
días se fueron sucediendo con palabras hirientes, vacías, molestas.
Fastidiaste, cualquiera lo sabría, nadie en su sano juicio espera recibir gotas
de veneno en el diario devenir, ni respirar aire que sofoque.
La molestia lleva al desgaste
emocional, al motivo para tener el pretexto en alejarse, sin soltar una sola
lagrima de arrepentimiento, muy por el contrario lo disfruta al verse libre
dejando atrás vientos que envenenan, aguas que intoxican, piedras en el camino
que lastiman, aromas que al principio se deseaban al salir por la boca. ¿En qué
cambio? El gesto hosco, desprecio en la mirada, manos que están dispuestas a
golpear en vez de acariciar.
Lo mejor es caminar por senderos
alejados llevando consigo, lo mínimo pero suficiente ¿Para qué esperar? Marchar
sin excusas, sin besos amargos, críticas molestas, reclamos degradantes. La
vida da la oportunidad en amar, sentir ese nudo en la garganta cuando el beso o
la mirada son cariñosa, caminar juntos. La vida brinda luchas juntas para
existir. Cuando el amor muere en una persona, se pierde la comunicación o se
carga de un solo lado, se camina solo con las preocupaciones, surgen las mentiras,
los reclamos y se desea seguir solo.
En un principio se logran los
arreglos mediante disculpas, incluso dando amor, el tiempo va quitando ese
remedio cuando uno de los dos no está dispuesto a equilibrar la relación, se va
mirando lejano, sin compromiso hasta que logra sin dar disculpas desaparecer
¿Por qué dejas de amar? Cuando los besos ya no son mutuos, el sentir es
reclamo, la sonrisa acusa, las pláticas cambian de giro y se vuelven
apabullantes.
Es la dignidad, honor quien decide
marchar, renuncias de llorar por un amor que ya no existe, ya no te quiere,
logró cansarte. Cuando la relación inicia, las preocupaciones y sinsabores son
mínimos, incluso piensas que es el amor eterno. Al paso de los años, los dramas
le ganan al entendimiento, uno de los dos asume la actitud desgastante, lo que
al otro le preocupa al no sentirse cómodo y muy probablemente no se atreva a
responderse.
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