jueves, 15 de junio de 2023

 

NO HAY PRINCIPIO NI FIN

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

 


El poder es una de las drogas permitidas y aceptadas más enajenante creadas por la humanidad (Quieres conocer a alguien ¡Dale poder!, dale cuerda a un tonto y se colgara solo), una pequeña dosis puede estimular asesinatos, destrucción de culturas, pasar por encima de quien sea para lograr sus objetivos: ¡El poder! Es el más fuerte de todos los enemigos a los que se enfrenta un ser humano. Y, lo más fácil es rendirse, ante el abuso de quien lo ejerce; después de todo, el ser humano es débil, quebrantable, inseguro. Cuando ostenta el poder se vuelve agresivo, a todos les grita que ¡El es el que manda! ¿Cómo llega al poder? Empieza tomando riesgos calculados con la teoría de conjuntos y termina haciendo reglas. Cuando está en el poder se olvida que antes de llegar ya están otros a la espera en derrocarlo y cuando menos lo piense ya está fuera del mismo como uno más de los de a pie, sin embargo por el tiempo que paso en el mando regresa transformado, convertido en un ser humano cruel, caprichoso, maniático, paranoico, perturbado, obsesivo, manipulador.

Un ser humano vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejar lo. El poder es solo una carga sobre su destino, sobre todo, como una manifestación de la capacidad destructiva del humano “Dale poder a un tonto y sabrás realmente lo que guarda”. El miedo, la claridad y el poder están en todas partes, en cualquier institución ejerciendo el control; no es sino estar despiertos para ver lo que realmente está sucediendo en el mundo, se ha construido un inmenso laberinto donde pareciera que nadie tiene escapatoria; condenados al infierno a la perdición, al averno de los instintos, creado por las ansias de poder. Los enemigos de la vida, intentan ganar la batalla utilizando el miedo como principal arma, desinformando. El miedo nos paraliza, nos espanta y es la muerte en toda aspiración por mejorar la calidad de vida.

Deseamos vivir la vida, sin remordimientos y sin culpas. La vida es una fuerza destinada a crear; una fuerza capaz de manifestarse a través de la poesía, el dibujo, el teatro, la danza, la música. La vida es un movimiento capaz de traspasar todas las fronteras, de borrar los límites, para enfrentar al ser humano y ponerlo frente a lo desconocido, frente al infinito. Allí en el lugar donde se cruzan los ideales, donde la palabra es silencio, donde se escucha la voz milenaria de las piedras esta escrito con sangre la degradación a causa del mal manejo en el poder. Estar en el poder es donde los seres humanos pierden su identidad, olvidan su historia, se impulsan queriendo vivir eternamente y se sumergen en las profundidades de las insatisfacciones. Complacencias y regalos. Un lugar sin lugar, sin tiempo, una flor sin néctar, un pájaro sin vuelo donde no existe principio ni fin.

Quienes llegan al poder “nos ha robado el cuerpo y el pensamiento”: es el grito desesperado y salvaje de los seres humanos, porque todos estamos viviendo en carne propia el desgaste de la sociedad que se rige por la brutalidad, la arrogancia y la insensibilidad. Una sociedad hipócrita que vive en la apariencia y disfrazada como si fuera moda. Es un crimen generalizado sobre las próximas generaciones en donde la actual trata de escapar a su verdad a través de las costumbres y tradiciones impuestas por la escuela, la familia y lo institucional; una actual sociedad atrapada, acorralada por las disciplinas y los controles que cada día son más fuertes, cada día destrozan el entendimiento. En donde la única aventura es la sobre vivencia, es el resistir, comprar un arma y defendernos sin lograr salir de los corrales de domesticación de las masas. La administración pública está enferma “Es la gran enferma” Sufre la falta de cultura, sabe que su cuerpo no será capaz de satisfacer sus necesidades, vive la parálisis cerebral de no pensar su propio pensamiento, la administración pública se volvió “Un paciente desahuciado”

En realidad la vida es una criba en donde conforme se va avanzando unos pasan y otros se quedan. A unos se les premia y a otros se les recrimina, unos son honestos y los otros sinvergüenzas. Cuando la justicia hace acto de presencia la criba es perfecta, apegada a la ley social ya que clarifica, mueve, purga la conciencia colectiva y pone en su lugar a cada cual. La sociedad ocupa depurar sus tragedias diarias en busca de conciliar los intereses generales, es urgente sacar la bilis acumulada para que la hostilidad deje en estar presente en cada acto que llevamos cabo. Y no se trata de aplicar la tolerancia sino el valor troncal de convivencia sana que ha caído en cada ser humano por la injusticia que vive a cada paso al quedar a merced de quienes lo dominan en su colectividad desde la administración pública. No hay nada que transmitir a las futuras generaciones, la tragedia está en todas partes a merced de quien la quiera ejercer.

Hoy más que nunca se hace necesario detenernos un momento para clarificar hacia donde queremos transitar, es una ventana a la meditación que viene muy bien para estos tiempos en los que el caminante, no se le considera el camino primero, el de la salvaguardia y promoción de la dignidad de la persona y de sus derechos, en todas las etapas de su vida y en toda circunstancia política, social, económica o cultural. (...)

La memoria de los miles de mexicanos muertos en los últimos 14 años, nos deja sin palabras. El silencio nos evoca una riada de llantos. El respeto a la vida no tiene precio. Es bueno recordar, claro que sí, sobre todo para que se desgasten los males y el bien pueda respirar un poco más cada día. El ejercicio de la evocación, no debe ir vestido de venganza o como una bufanda de odio que nos ponemos.

Sólo un camino en paz, con sombras de justicia para todos, puede evitar que se repitan los tropiezos, las zancadillas, los terribles golpes de muerte. El país está a la baja por las miles de maldades que se cometen destruyendo la fuerza moral con la que memoria colectiva transitaba, perdiendo la dignidad del ser humano.

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