EL BAILE Y LA IGLESIA CATOLICA EN 1800
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano
Los clérigos condenaban la danza debido según
ellos por ser la provocadora de sensaciones prohibidas y se utilizaba como
pretexto para mezclarse hombres y mujeres con la finalidad de alcanzar
satisfacción sexual por lo que la danza y la música en la diversión generaba la
maldad. Los clérigos explicaban que las mujeres recatadas no debían prestarse a
estas situaciones tan bochornosas.
La danza la habían convertido en un objeto de
perdición en las pasiones carnales y sus letras estaban plagadas de iras,
celos, excitaciones insanas, lo que relajaba la moral y las buenas costumbres.
La música con su letra era perversa, llena de veneno, una degradante ignorancia
que servía como catalizador para que los hombres y las mujeres se excitaran
dando rienda suelta a las lujurias.
La más peligrosa tentación para la juventud con
los nuevos géneros de letras y forma de bailar. Los compositores se adecuaban
acomodando las pasiones para que se mezclaran con temas de sexualidad y las
mujeres sirvieran como victimas sacrificadas al final de los bailes. La
relajación de costumbres se desbordaba ante el júbilo y la alegría excesiva que
las nuevas canciones y los toques atrevidos que se daban las parejas a la hora
de bailar causando un espectáculo propio de un burdel.
En cuanto al vestir comentaban que la mujer se
va desnudando sola por el fuego que la abraza y desea ser satisfecha a la vista
lasciva de los espectadores. La música y la danza son una parte de un todo,
encarnan en la perdición de la gente.
Los movimientos provocativos es el complemento
que concurre de manera ofensiva a los ojos de las personas honestas, las de
honor, las que le temen a Dios y presencian asombrados como se hunden esas
mujeres en el fango sin temor alguno. Ofenden con vestir, sus bailes, su
ejemplo. Los bailes se han convertido en el pretexto perfecto para que sea el
detonante en mezclar los sexos en esos espacios de acercamiento que sobresaltan
por la lujuria manifestada.
Los hombres y las mujeres se tocan sin recato
alguno pegando sus cuerpos barriga con barriga provocando ese tocamiento
despreciable y lujurioso. ¿Qué se puede pensar de esos acercamientos, con qué
fin se hace? ¿Es propio de una mujer honesta, recatada? ¿Por qué asisten a esos
bailes las honestas?
Podemos observar en esos bailes a personas
ancianas que sin vergüenza alguna argumenta tiran sus canas al aire como si a
esa edad hubieran enloquecido. Todo es confusión y desorden, saltan las mujeres
sobre los hombres, estrechan sus cuerpos de manera desmedida como si ya no
fueran doncellas empujando sus piernas entre las de ellos y asilen sus brazos
sobre el cuello para colgarse.
Ellas bailan y conversan con un hombre que jamás
han conocido, no saben si es casado y siguen la danza aumentando el hechizo que
genera su cuerpo sobre el hombre. Bailan de manera lasciva ejecutando
movimientos imprudenciales, obscenos, luego viene la conversación, el juego de
manos y caricias para caer en el lastimoso final.
Este es el retrato de la nueva sociedad que
trasgrede cualquier parámetro. Los hombres y las mujeres teniendo un trato
abierto con personas de diferente condición (solteros o casados) y edad
(jóvenes y adultos), y estando como telón de fondo las infaltables diversiones
dancísticas.
A los hombres los acompañan las bebidas
alcohólicas, eso conlleva al desbordamiento de sus pasiones. Al principio
bailan con todo orden, se tocan poco, pero en cuanto el aguardiente hace efecto
comienzan hacer cosas con la cabeza trastornada haciendo de lado el respeto y
las buenas costumbres. Se pierde la moderación y la mujer pierde la vergüenza
dejando que el hombre la toque sin miramiento en sus partes nobles.
Ellas solo requieren tomar dos ponches para
perder la cabeza y aquello deja de ser un baile sino un escándalo para los
espectadores. Es evidente que la bebida en ellas es un detonante que las anima
a desinhibirse y las sentencia a sus pasiones. Aquí predomina la música, la bebida
y la danza. Se baila lugares como los saraos, fandangos y Jamaica (Lugar de
encuentro para bailar y que los clérigos le llamaban el caldo donde se
generaban las pasiones carnales).
Las melodías son estruenditos y se fomenta la
inclinación al otro sexo que es lo que anima el baile y por eso sólo son de su
gusto en los que se mezclan mujeres con hombres. Para los clérigos de esa época
resultaba preocupante que la gente decente bailara, era aún más significativo
que este acto los llevara a incurrir en los pecados de la carne.
Criticaban a los padres de las muchachas
aduciendo que no tenían honor ni sabían conservar la pureza de sus hogares por
el manoseo que las hijas permitían en el baile, por ser inescrupulosas en el
respeto, prudentes y honradas. En esa época se bailaba la contradanza llamada
el waltzes y por ser una danza de movimientos rápidos se aprovechaba para dar
los pellizcos, abrazos, las insinuaciones de carácter sexual.
La gente del pueblo bailaba en los lugares
conocidos como fandangos y la élite en los conocidos como Saraos. Los jóvenes
los aprovechaban para divertirse, seducir a las mujeres solteras o casadas que
estuvieran a mano. Asi era el pensamiento moral en aquella época de la iglesia
católica, y muchos de sus sermones los dedicaban a ello.
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