sábado, 23 de septiembre de 2023

 

¡NO MÁS IMPUESTOS!

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Comparto con el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, la auto exigencia de que cuando acabe esta presidencia las cosas en este país no pueden seguir igual. Sobre todo, para los menos favorecidos. Precisamente para transformar esa realidad dimos un paso adelante las fuerzas progresistas. Para transformar el bienestar tenemos que conseguir algunas cosas muy difíciles. Transformar el sistema de jubilaciones, el mercado laboral para conseguir más empleo y mejores salarios. Conseguir una financiación adecuada a las necesidades de la población de la población en general. Gestionar de forma eficiente los recursos públicos y propios.

Promover la cohesión social de tal manera que la calidad de la vida, de los servicios y oportunidades, sea igual en todas las regiones. Y volcarnos en las acciones de carácter social que protejan a los más débiles. Estoy hablando de recursos económicos puestos al servicio de la mejora de nuestra patria. En estos días hay un incipiente debate sobre la conveniencia de imponer fiscalidad a las actividades más contaminantes mediante los famosos impuestos verdes para la minería y actividades contaminantes.

Para algunos se trata solo de un intento de aumentar la recaudación y para otros es una herramienta para penalizar a los que más contaminan. Es verdad que las finanzas públicas necesitan aumentar sus ingresos y es cierto que debemos impulsar medidas que nos ayuden en la lucha contra el cambio climático. Con el turismo, hay que medir mucho las consecuencias de las políticas fiscales porque a veces es más importante el momento en que se plantean que las propias medidas que se aplican. México afronta algunos nubarrones. Los datos de empleo de este comienzo de ejercicio no son del todo buenos y las previsiones tampoco lo son.

 Está por ver la evolución del mercado turístico en donde se está haciendo un esfuerzo para mantener el número de visitantes al país y sus destinos turísticos. Y en cuanto a los Presupuestos seguimos arrastrando unos presupuestos prorrogados absolutamente insuficientes, que no dejan margen de maniobra al Gobierno ni permiten atender adecuadamente las necesidades de los estados. Nuestro país soporta desde hace años una carga impagable por deuda externa que no responde ni a la población ni a las necesidades de los servicios públicos esenciales que se prestan por parte del estado.

Si nuestra economía no se impulsa, si el turismo se estanca y traslada un enfriamiento a la creación de empleo, estaremos en el peor escenario para plantearnos medidas que aumenten la captación sobre las actividades de la pequeña y mediana empresa, que es el sistema medular de la sociedad. Hay que ser prudentes a la hora de plantear nuevos impuestos, porque lo que necesitamos ahora mismo es impulsar la economía para que el motor del empleo siga funcionando.

 Es obvio que, si queremos atacar las necesidades de obra prioritaria, si pretendemos mejorar los servicios públicos, entre otras acciones de carácter social, el Gobierno necesita recursos. Y el reto consiste en conseguirlos. Pero la opción de trasvasar la ausencia de dinero en las arcas hacia los ciudadanos no termina de convencerme. Porque es, en cierta medida, desvirtuar el marco de solidaridad que forma parte del pacto social. Mantener los impuestos sin alza no es un privilegio de un gobernante en turno, nunca lo fue, sino el pilar sobre el que se construyeron las razones sociales y las compensaciones por el trabajo y pago de impuestos.

Cuando un gobernante estatal y municipal pone el acento en la obligación inexcusable de la Administración en cobrar mayor predial, agua potable, servicios de toda índole, que perjudica gravemente a la población en general. No es respetar el pacto social. Son tiempos difíciles para la población, pero son los mejores tiempos para que las fuerzas sociales reclamen un mayor impulso y creatividad en ese compromiso que la autoridad asume cuando toma la protesta de ley. Al frente del timón de mando se ocupa una persona que sepa oír, se maneje con prudencia, sepa negociar, se adapte a las necesidades, tome las mejores decisiones para conseguir ese cambio por el que decidimos un día apoyar su gobierno.

 

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