sábado, 23 de septiembre de 2023

 

ESTADOS UNIDOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La primera vez que fui a los EE. UU fui a Tijuana y de allí a ese pais. Fui de vacaciones a las Vegas Nevada en autobús Greyhound. Luego comencé a viajar en varias ocasiones principalmente a fin de año. Recibí una licencia de conducir en ese país, despues de aplicar un examen totalmente en ingles sobre las reglas para conducir. Recuerdo que deseaba ir en avión, pero me molestaba el tener que andar en taxis en aquella ciudad, así que me fui en mi carro en la segunda ocasión. Estando allá, me di a la tarea de preguntar los requisitos para rentar un automóvil. Me pidieron una tarjeta de crédito, licencia, llenar un formulario y mi pasaporte. Al preguntarles ¿Cómo regresar el automóvil?

 Usted puede traerlas a la oficina o dejarlas en una de las oficinas en otro de los estados antes de salir de estados unidos. Se me hizo muy fácil sin mayores tramites. Lo primero que me llamo la atención fueron los grandes estacionamientos con varios pisos. Aunque ya había visto algunos de ellos en la ciudad de México, por ejemplo, cuando me hospedaba en el hotel Casa Blanca, al frente estaba uno que lo utilizaba cuando iba a tomar café al Sanborns de la avenida Reforma.

 Todos los automóviles salían por la misma entrada en la ciudad de México, pero en estados unidos su salida estaba por otra calle. El trafico en las ciudades de estados unidos es muy fluido a excepción de las carreteras (Autopista) que conectan a los Ángeles California. El atasco para ir a Disneylandia es enorme con colas de varios kilómetros y un promedio de 30 millas o menos (50 a 60 km por hora). La ciudad de los Ángeles es una de las más desarrolladas en cuanto a carreteras que se conectan tanto por el sur, como el norte y oriente. Grandes carreteras cruzan la ciudad en diferentes direcciones.

 Son difíciles de manejar puesto que cuentan con cientos de anuncios de salida en inglés y la distancia para acomodarte en el carril correspondiente es corta. De hecho, las carreteras aquellas me fascinaban por su calidad y amarre de las llantas, así como el cuidado que le ponen cuando están reparando un espacio. No hay cruces de peatones en medio de la carretera, ni topes molestos. Observas que prácticamente nadie anda a pie ni siquiera para ir a la tienda de la esquina de su casa. Por todas partes hay señalización, hasta en los senderos de los parques con su letrero indicando la ubicación y los posibles peligros.

 El trasporte público circula con un horario establecido y estaciones fijas (nadie se baja a media cuadra o se sube). Tambien es costumbre que las personas que van en el mismo rumbo de trabajo se acompañen en un mismo automóvil. Los miembros de la familia cada uno tiene su automóvil propio (Incluso los jóvenes a partir de los 15 años de edad) Los adultos mayores gustan de comprar carros casa que los mantienen en sus patios para cuando desean viajar. Y qué decir de los enormes rascacielos, son edificios de cientos de pisos. Para mí era relevante el progreso económico de esa parte del país del norte.

 El contraste me llego en la ciudad de San Diego y su Isla Coronado que la visitaba por primera vez. Me veía rodeado de edificios modernos y antiguos y todos ellos bañados de luces de navidad. Me dije; vale la pena caminar un poco por el centro y me di a la tarea de recorrer varias cuadras. Encontraba tiendas atestadas de gente con múltiples ofertas. Las casas no presentaban grafiti, ni la gente se te queda viendo con morbo, pasas impercibido.

 Recordé Paris y su centro con un metro enorme en donde cientos de personas viajaban tranquilamente a diferencia del metro de la ciudad de México con personas apiñonadas en vagones muchas de las veces sucios y el olor a sudor que despiden los trabajadores cuando regresan de sus labores. Estados unidos con su sistema de calles y carreteras perfectamente desarrollado al igual que Francia, sobre todo la carretera que conecta a Versalles con el centro de Paris. Todo me sorprendía y miraba sin parpadear reflexionando ¿Cuándo mis ojos verán esto en México? En donde las calles están atestadas de peatones, puestos de venta sobre las banquetas, los vendedores gritando sus ofertas.

 Los pavimentos prácticamente rotos, las tuberías y los drenajes brotando aguas negras con olor fétido. El trasporte público quizás el más infame del mundo. Los urbanos prácticamente como camiones de carga de animales y que generalmente llegas dos o tres horas más tarde que las programadas en su ruta o nunca llegas. Son los contrastes entre ¿Cómo viven las multitudes? (no soy exagerado). En México de acuerdo a la visión de los gobernantes todo brilla a oro y las personas caminamos sobre terciopelo o algodón de feria.

 

Las ratas que corren por las calles, para los gobernantes son conejos que se enfadaron de vivir en el campo. El tráfico, la velocidad, el alcohol, las calles destrozadas son el coctel que a menudo nos proporciona una vida con muerte prematura. En las ciudades de México es poco probable que encuentres un estacionamiento y más aún probable que cuando regreses el automóvil ya no este (Robado o saqueado). Nuestros índices de delincuencia se maquillan las cifras y no es seguro caminar a pie por las noches.

 

 La probabilidad de encontrarte con un delincuente es muy alta. En nuestras ciudades es necesario comprar agua embotellada o atenerte al riesgo de la Salmonella, E. Coli, parásitos, intoxicación por metales como el arsénico, etc. No hay ciudades limpias y de ello actualmente ni la blanca Mérida se escapa. Puedes subir a la torre latinoamericana (San Juan de Letrán) y desde arriba observar el majestuoso smog que intoxica a las personas (No, es una película, es realidad). Pero en México hay mucho por hacer, entre ello museos, librerías, paseos que son interesantes, sin dejar fuera al apestoso Xochimilco y sus trajineras.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario