jueves, 14 de septiembre de 2023

 

LA NECESIDAD. LOS MATA "RÍOS Y ARROYOS"

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Antes de comprar una casa verifica su historial de zona ¿Invadir en arroyos, ríos y, con qué finalidad se hace de la vista ciega los responsables? ¿Cuántos morirán ahogados este año por negligencia Federal y a quien culparan? Vaya por delante que resulta duro ponerse del lado del río en estos días, en los que tras las últimas crecidas, las aguas volverán como las golondrinas a su cauce habitual o cambiaran el rumbo de acuerdo al sitio en donde venzan sus fuerzas.

Esto es aplicable a la naturaleza cuando llueve sobre mojado, lo mismo puede ser aplicable a las pasiones que se desatan en las proximidades de los procesos políticos, sobre todo sabiendo que está en juego la tranquilidad futura de algunos elementos que se meten a la política con la intención de sacar centavos “Nunca de aportar algún beneficio para su comunidad”

En algunas zonas de nuestra geografía, el panorama se vuelve desolador sobre todo cuando el desbordamiento arrasa con la milpita rompiendo el cauce y arrastrando vacas, burros, erosionando suelos, desapareciendo las vegas que ofrecían el mínimo sustento por siembra de cacahuates, melones, maíz, o sandias, porque no puedo asegurar el sostenimiento de una familia, es a su paso desolador, con cosechas perdidas, obras afectadas, inmuebles pasados por agua...Sin embargo conviene recordar conceptos olvidados pero básicos a la hora de interpretar estos hechos al margen de la imagen social generada de alarmismo televisivo (Noticias).

Queremos recordar que las medidas que se reclaman para controlar los ríos, arroyos, se han mostrado a todas luces ineficientes en situaciones de grandes crecidas.

El primer dato, que en principio puede aportar más desasosiego: las últimas crecidas ni siquiera han sido especialmente extraordinarias, sin embargo el daño está presente. Las crecidas son recurrentes, es decir, que se han producido habitualmente, cada tres o cuatro años como las de los ciclones, principalmente en la segunda mitad del siglo XX y que ahora suben de categoría en menos de unas cuantas horas.

El segundo dato, también objetivo, es constatar que la rotura de los diques durante las avenidas constituye el mayor peligro para cualquiera de los usos que se estén llevando a cabo en sus márgenes, incluido el peligro para las vidas humanas. Tanto la construcción de rellenos como de embalses son medidas que acaban generando una falsa sensación de seguridad que favorece la invasión de la llanura de inundación por parte de las actividades humanas.

Hablando de los embalses, éstos tienen una capacidad limitada y esta capacidad depende de su situación de llenado. Desde luego, su capacidad es casi nula para regular las crecidas extraordinarias. Si el estancamiento desborda es porque se encuentra muy por debajo de su capacidad de almacenamiento máxima dada la condición de llenado de prueba en la que se halla. Aplicando algunos conceptos básicos de geometría, queda claro que la función de las avenidas que desarrolla la lluvia de inundación es potencialmente más efectiva que la de los actuales rellenos humanos.

La cantidad de metros cúbicos de agua que había que desalojar después de las intensas lluvias sólo cabría en esos causes fluviales, para corregir habría que empezar por reprender la influencia de muchos de los obstáculos construidos por el ser humano sobre el flujo natural del agua en la llanura de inundación (puentes, pasos en terraplén, etcétera).

También, al igual que se está haciendo en muchos países desde hace ya varias décadas, eliminar o rebajar parte de las actuales y peligrosas defensa. Tras unos episodios de crecidas dramáticas en la década de los setenta/ ochenta, tanto en EEUU como en algunos países de Europa, en lugar de recrecer diques o dragar el cauce, se decidió dar más espacio al río, devolviéndole zonas de expansión en tramos adecuados y compatibles que pudieran recibir en el futuro inundaciones blandas, menos agresivas.

Muchos diques fueron abiertos y otros alejados del cauce de los arroyos, que, en su deambular zigzagueante, frenaran la fuerza de la corriente y se recuperaron bosques de ribera que habían sido eliminados, sin embargo se regreso a construir colonias que afectan su libre albedrío dejando de lado las medidas y planes eficaces de defensa de los núcleos urbanos (incluyendo adecuadas válvulas que bloqueen la inundación a través de los sistemas de alcantarillado por demás obsoletos) y de las vías de comunicación. No podemos eliminar todos los usos e invasiones Urbanas, pero sí ordenarlos desde ahora. Aquí ya se habían dado algunos pasos pero lo político, económico prevaleció sobre la cordura y nuevamente regresaron las invasiones en causes, bordes, arroyos, esteros y márgenes de lugares por donde circulaba la lluvia.

En el sentido opuesto, todavía se sigue proyectando urbanizar zonas inundables y se continúa con una política de defensas y dragados que en muchos casos favorecen el desarrollo en el cauce central de una vegetación inapropiada llamada ser humano, invasora y que dificulta el flujo del agua. El arroyo gestiona su propia inundación mejor que nadie, lleva haciéndolo toda la vida; valorar su interés como sistemas naturales debería ser el objetivo principal de nuestras Administraciones Públicas en la gestión de estos asentamientos humanos que no tienen nada de humano.

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