EL ESTUDIANTE
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en desarrollo HUmano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
SIENDO joven, en muchas ocasiones no salía con mis amigos por no tener dinero, aunque es agradable ir y estar con ellos, esta impotencia da tristeza como resultado.
Por las noches queremos dormir y no podemos, pensamos en el dinero, que sí importa al final de cuentas, para no quedarnos en casa lamentando. Contar con él se estaría en otro lugar divertido, cumpliríamos nuestros propósitos, pagaríamos las deudas atrasadas; en vacaciones el reto es tener dinero para regresar a nuestro lugar de origen, ya no sentimos el deseo de permanecer un minuto más en la escuela; yo ambicionaba ir a jugar, platicar, bailar con los amigos de mi pueblo, pero el dinero seguía siendo escaso.
En la universidad las vacaciones son irrisorias, en cuanto al dinero, para el estudiante de provincia hay tiempos en los que no hay ni para comer, nuestra conciencia invita a seguir asistiendo a clases, por supuesto que se las ingenia para llegar. Aunque es barato estudiar en una universidad pública, muchos optan por realizar sus estudios en escuelas privadas, con todo el esfuerzo de sus padres; algunas veces conscientes de que lo que ganan sus padres no alcanza para solventar esos gastos, por tanto, hay muchos jóvenes que trabajan y estudian al mismo tiempo, y eso se valora.
El dinero empodera, hace que la persona se vea bonita, simpática, agradable, pero sin dinero se frustra, no puede controlar sus acciones, se muestra vulnerable. Sin embargo, ese es el juego del poder estudiantil: si no tienes dinero, nadie querrá salir contigo; el camino a casa será lento; aprenderás menos ante la necesidad. El estudiante que aprende rápido se vuelve lento, taciturno, no entiende lo que se enseña, se frustra y reclama, los problemas se le acrecientan. Claro que es juzgado por sus amistades, los profesores le exigen más. Le hablas a las amistades nuevas universitarias y no te escuchan, se cierran, sacan la vuelta, cuentan tu historia, no quieren verte y no tienen tiempo para atenderte.
No sólo cuentan su historia, sino que le ponen otras cosas para dar ese sentido de necesidad que observan, nadie te entiende, a nadie le interesas. Si tienes algo que aprender, hazlo. El arrepentimiento no es la meta sino el fin. Si lo haces, aprenderás algo. Es fácil cometer errores como lo es el aprender. Entonces cometes el error de saber lo que no debes hacer. Si aún no has aprendido nada, buena suerte. Por el resto de tu vida el arrepentimiento está llegando a su fin.
Al cometer un error eres señalado sin preguntarte y juzgan en lo que suponen, ya que saben te falta ese algo llamado poder adquisitivo. No se trata de cumplir con los demás, sino que molesta las acciones en tu contra, sus palabras ofensivas. Son tiempos de dar mayor tiempo para pensar sin quejarte y resolver la situación en lo inmediato. Hay miedo en el qué hacer y a menudo te ves obligado en dejar de estudiar, a pesar de tener buenas calificaciones.
Haces lo imposible por cumplir estudiando. Los amigos te intimidan con acciones que no tienen nada que ver con el tema que se trate en el salón de clases. Es tanto el malestar que ello produce que prefieras mantenerte alejado, evitarlos en lo posible, parece que no sólo tienes arruinada la economía, sino la vida social. Pierdes el tiempo en ese lugar en materia de aprender y con la vergüenza a la que estás siendo sometido.
La necesidad económica no me daba motivo para que me molestara con mis padres al conocer que ellos hacían lo imposible por enviarme el poco dinero que obtenían. Me enojaba con mis motivos sociales, con orgullo y el egocentrismo dañado. Pero sucede que las amistades no se detienen, eso lo llevan a cabo con la intención de hacerse notar. Es ese tiempo y ese espacio donde la vida se arruina o se fortalece. Entiendo que estás molesto pero ya no eres un niño para lograr con un berrinche se te entreguen las cosas que necesitas. Allí, justamente aprendes amar a la vida, aprendes que no basta estar arruinado o roto para componer lo difícil y sentirte orgulloso. Si no lo haces ahora, en la vejez te arrepentirás, recordarás lo inmaduro que fuiste para no enfrentar con coraje ese desafío. Mirarás lo que fuiste y lo que eres porque de todo se aprende.
Las cosas no son tan simples, lo que se rompe no es fácil arreglarlo, lo importante es encontrar el camino basado en el amor propio. ¿Enojado? ¡No!, molesto porque era etiquetado, si ya lo sabían, ¿para qué esperar aprender lo que ellos repetirán por envidia, al verte en la adversidad con la frente en alto? Hay quienes no aprenden, sino repiten lo que otros pregonan, obviamente ese es el espíritu de los pobres en salud mental. Podrás no tener dinero, y eso duele para quienes no aprenden a vivir en la necesidad y encontrar el camino para salir de ella. Los que se ríen de la desgracia ajena, algún día ellos también lo aprenderán.
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