QUE ¿AGRADECER AL
PROFESOR?
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Envió esta nota con la
finalidad en responder cuestiones que van más allá de una simple crítica y
linchamiento público. Porque siempre estamos comparando la educación mexicana
con la de Finlandia y normalmente queremos dar a entender que la nuestra es
nefasta, desgastante, que no cumple y por si esto fuera poco nos tiran en la
cara que estamos muy mal educados.
Las críticas tocaron fondo
con el encarcelamiento de la líder sindical y creó que la profesión está
sumamente manchada por falta de educación de los medios de comunicación y sus
títeres que sirven a intereses muy definidos “Dan pena en derroche de palabras
en contra de los maestros y la educación en México” o acaso no sabe la sociedad
que depende del partido que este en el gobierno las reformas que dicen son
necesarias sin importar el porvenir de la sociedad, sino de conveniencia.
En una buena educación se
educa, no se adoctrina conforme los intereses del gobernante en turno. ¿Qué los
profesores no están preparados para educar? Y entonces los abogados que
eligieron derecho ¿Si, lo están para gobernar? Sabemos que la gran mayoría de
nuestros gobernantes difícilmente sacaron más de siete en sus calificaciones, y
muchos de ellos ni siquiera terminaron secundaria, pero aborrecen a los
profesores “Si, es que estudiaron y no compraron el título”, pero claro
"dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".
Estamos hablando del futuro de las
generaciones mexicanas, hablamos de la degradación de una profesión, de
políticos sin vocación en servir, hablamos de que nadie respeta a nadie y desde
el gobierno se fomenta el desorden social. Les diré que en una sociedad bien
educada no hay espacio para políticos ladrones, para abusos de poder, para
banqueros que se llenan los bolsillos, como tampoco para extinguir a una parte
de la sociedad que se ha desvivido por sus hijos, para que ellos tengan ese
futuro que nunca tuvieron. Si no hacemos algo, ese trabajo habrá sido en balde. Algo estamos haciendo mal, ¿no creen?
Los maestros, siempre
están al pendiente en dar lo mejor y su filosofía de vida se puede resumir en:
La vida es mejor vivirla sonriendo u ofreciendo sonrisas a aquellos que la
necesitan. A diario trabajan con esa filosofía, sin perder el optimismo, siendo
felices y estando contentos con su labor (¡No los de la Coordinadora!).
Creemos que no hace falta tener algo muy
complicado en mente para que llame más la atención y funcione. Es más útil, al
menos así lo pensamos, tener una idea clara que dé frutos con esfuerzo y
trabajo se logran madurar y ser dulces, agradables, apetitosos. Prefieren
trabajar con la sencillez que los caracteriza, sin ser más que nadie; tampoco
menos, en un clima de respeto mutuo. Siendo como son, que eso lo hacen bien.
A veces vuelan con la mente, pero siempre
mantienen los pies en el suelo, que a fin de cuentas son los que guían nuestro
camino. La característica principal de un maestro es que siempre o casi siempre
están hablando de educación. Les apasiona este tema, porque les importa la
infancia, la juventud, la adultez. Por ello siempre intentan hablar y dar
consejos, ya sea desde un punto de vista más pedagógico, psicológico o
educacional, que le ayuden o motiven en el día a día con los hijos. ¿Qué podemos
decir de la educación?
Tan solo que la disfrutan viviéndola entre
esas paredes y que luchan por ese mundo más justo que creemos se merece, la
niñez, juventud, adultez y sociedad en general. Se ponemos en los zapatos de
los alumnos, siempre están prestos para aquellos que los necesitan, tratan de
encontrar respuestas a las dudas que se les plantean y las resuelven de la
mejor manera que saben: confiando en su filosofía. Se manejan desde el respeto
sabedores que la sociedad dejo de respetarnos.
Los profesores creen en el afecto y el
diálogo, en la confianza que cada día depositan en los alumnos, en los padres,
en los mismos maestros, en cada uno de nosotros la seguridad en sus quehaceres,
en lo que mejor saben hacer. Todo esto tiene un fin, y es que tú llegues a
confiar en un maestro.
Sí, te digo a ti, que me
criticas fuerte por el hecho de ser maestro: Tú que formulaste tantas preguntas
cuando eras niño, joven y estudiabas, cuando prácticamente hablamos idiomas
diferentes. Tú que dibujabas en las paletas monos en busca de pasar el rato,
quiero decirte algo muy importante, aunque creo que en el fondo tú ya lo sabes.
Quiero que sepas que al
igual que tú, tus hijos tienen un maestro increíble, quizás un poco fuera de
los esquemas ordinarios, pero eso es lo que le hace ser aún más interesante. Es
racional e inteligente y, cuando tus hijos crezcan un poco más, podrán
explicarte todo aquello que no sepas.
El maestro que ellos
tienen cuenta con un corazón justo y generoso, es su punto de apoyo, su
sustento, y verás que será también el tuyo. De ese maestro aprenderá la perseverancia,
su determinación y los ojos lucidos que cambian de color según el tiempo. Ese
maestro les regalara a tus hijos, además, su sentido de la justicia, su
coherencia y miles motivos para no dejar de creer en el prójimo y para no dejar
de esperar tiempos mejores.
En ese maestro tu hijo
encontrara siempre un abrazo dispuesto a cobijarlo y defenderlo, un amor sólido
cuando los tiempos sean líquidos. Le mostrará que la vida es un reto, un
desafío, pero también un gran regalo. Le enseñará a volar, a soñar y a vivir,
pero sin volar su vuelo, soñar su sueño y vivir su vida. Lejos de criticar a
ese maestro tendríamos que agradecerle todo lo que hace por tus hijos, por ti,
por mí, por la sociedad en la que vivimos.
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