JULIO BERDEGUE
SANCRISTAN (FUTURO SECRETARIO DE AGRICULTURA)
Por: LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La cuestión
alimentaria es compleja. Más del 10 por ciento de la población mundial padece
hambre, aproximadamente el 25 por ciento tiene sobrepeso o es obesa, y otro 25
por ciento, que también puede estar desnutrido o sobre-nutrido, tiene
deficiencias de micronutrientes.
El problema alimentario no es sólo la falta de
alimentos. El proceso de producción,
mucho antes de que llegue a los supermercados, causa muchos problemas que
afectan la duración y la calidad de la vida en la Tierra. Se están talando
bosques para ampliar las tierras agrícolas, el clima se está calentando, la
biodiversidad se está reduciendo sistemáticamente, se están destruyendo los
mecanismos que protegen a los humanos de enfermedades zoonóticas, se están
contaminando el suelo y el agua, y se están destruyendo plantas y animales.
envenenado por diversas sustancias con efectos cuestionables.
Teniendo en
cuenta que la población mundial alcanzará los 10 mil millones de personas en
2050, a menudo surge la pregunta: ¿cómo alimentar a todas estas personas?
Podría ser cómodo y expresar ¡Hay que se las arreglen, yo ya no voy a estar
aquí! Y reflexionar ¿Cómo alimentar a tanta gente, sin causar más daño a la
tierra? A pesar de la falta de avances en la reducción del hambre en los
últimos 30 años, la evidencia sugiere que el problema que enfrentamos hoy no es
la escasez de alimentos. Más bien, es una cuestión de eficiencia. Esto lo vemos
a lo largo de todo el proceso de producción y consumo, empezando por el uso de
la tierra, el agua, los inceticidas, plaguicidas, contaminación de suelo, aire,
agua. En respuesta al aumento de la demanda de carne y productos lácteos,
alrededor del 60 %, de las tierras agrícolas del mundo se utilizan para
pastoreo.
En una etapa
posterior de este proceso, un tercio de los alimentos producidos se pierde y
desperdicia, entre la granja y la mesa, mientras los alimentos se almacenan,
transportan, procesan, envasan, venden y preparan, y los alimentos caducan más
rápido de lo que se consumen, al mismo tiempo consumen mucha energía por
tyransporte y congelación en anaqueles, además millines de hectáreas se
utilizan para producir azúcar que se consume por millones de humanos generando
todo tipo de enfermedades, y todos los desxchos de hospitales son enviados a
los drenajes o sepultados generando contaminación y resuitencia a los
medicamentos por parte de microorganismos, lo que genera que al momento que una
persona enferma no den resultados, y el costo de tratamientos aumente.
En última
instancia, cada año se pierden o desperdician 1.300 millones de toneladas de
alimentos. Entonces ¿Cuál es el chiste? ¿Producir alimentos para tirarlos? Lo
simple es pensar, si hay hambre, hay que producir alimento. Se suponía que más
alimentos significaba que menos personas pasaban hambre y que la riqueza
significaba mejor salud porque mayores ingresos permitirían a las personas
comprar más alimentos. Aunque las tasas de pobreza han disminuido, las medidas
para reducir el hambre han tenido comparativamente menos éxito.
De hecho,
después de décadas de una disminución modesta pero constante, las tasas de
hambre comenzaron a aumentar nuevamente en 2015. A esto se suma la desnutrición
como un problema creciente, y con ella enfermedades crónicas degenerativas. Hoy
en día, México enfrenta una “doble carga” de desnutrición, sobrepeso y
obesidad.
Muchos de los
métodos utilizados para aumentar la producción de alimentos han provocado
problemas ambientales y de salud humana. La agricultura intensiva ha llevado a
un círculo vicioso que afecta la seguridad alimentaria tanto inmediata como a
largo plazo: la expansión agrícola requiere la tala de árboles y la destrucción
de la vida silvestre; la deforestación contribuye al cambio climático; El
cambio climático está aumentando el número de inundaciones, sequías y
tormentas, lo que está provocando un colapso de la seguridad alimentaria.
Los
pesticidas y fertilizantes utilizados para aumentar la producción de alimentos
son otro problema. No sólo contaminan la tierra y el agua, provocando la
pérdida de biodiversidad, sino que 25 millones de personas sufren cada año intoxicación
aguda por pesticidas, y no existe un reporte real sobre los casos de cáncer. El
glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo, se ha relacionado con el
linfoma de Hodgkin y otros cánceres, y la respuesta del gobierno federal es
construir más hospitales para el cáncer ¿Contruyendo hospitales se resuelve de
fondo el problema? La naturaleza no puede ser ignorada ni burlada. Producir
alimentos sanos y respetuosos con el medio ambiente requiere de nuestra parte
esfuerzos que no vayan contra la naturaleza.
Los
agricultores han abandonado numerosas variedades de plantas locales en favor de
variedades genéticamente uniformes y de alto rendimiento, el 60 por ciento de
la energía alimentaria proviene ahora de sólo tres cultivos de cereales: arroz,
maíz y trigo. En consecuencia, casi una de cada tres personas sufre algún tipo
de desnutrición, y se espera que la situación empeore. Según un estudio de la
Universidad de Harvard, cuando los cultivos básicos estén expuestos al CO2 en
los niveles proyectados para 2050, perderán hasta un 10 por ciento de zinc, un
5 por ciento de hierro y un 8 por ciento de proteínas.
Al proteger la
naturaleza, también protegemos los medios de vida y las economías. Restaurar la
biodiversidad significa hacer que los sistemas alimentarios sean más
resilientes, permitiendo a los agricultores diversificar su producción, ahorrar
agua, contaminar menos la tierra y el agua, y combatir plagas, enfermedades y el
cambio climático. También reducirá el riesgo de propagación de virus, y
enfermedades zoonóticas y su enorme impacto económico no solo en los millones
de dólares que gastan para importar medicamentos. Se requiere un cambio en las
formas de cultivar la tierra, en las dietas y en los tipos de cultivo para reducir
enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares,
diabetes y cáncer, así como los costos médicos asociados y la pérdida de
ingresos.
Dado que se
espera que las tasas de enfermedades crónicas alcancen el 56 % en todo el mundo
para 2050, el papel de una dieta saludable desempeñará un papel importante en
el impulso de la economía mexicana. A llegado el momento de trasformar el
sistema alimentario desde la producción hasta el consumo- y comprender cómo
funciona cada uno de sus componentes, sus relaciones y sus impactos inmediatos
y a largo plazo. Los cambios en la agricultura ayudarán a abordar la pérdida de
biodiversidad, el cambio climático y la contaminación avanzando hacia modelos
regenerativos o agroecológicos que promuevan paisajes y ecosistemas saludables.
Las políticas
deben basarse en la colaboración de múltiples partes interesadas y considerar
el sistema alimentario en su conjunto, valorar el capital natural, promover el
uso sostenible de la tierra, prevenir la contaminación y la degradación
ambiental y brindar la oportunidad financiera para que los productores adopten
modelos más sostenibles. La sostenibilidad medioambiental no es un lujo. No
debería verse como una ocurrencia tardía o una casualidad. Ahora más que nunca,
es fundamental para la supervivencia humana.
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