miércoles, 26 de junio de 2024

 

LAURA ROCHA DE TAYOLTITA DURANGO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Laura Rocha, nacio en San Dimas, Durango, y asistia a la escuela primaria Miguel Hidalgo en Tayoltita. Su padre fue Manuel Sanches (No la reconoció), y su Mamá, Teresa Rocha Cano. Sus hermanas Luly, y Elizabeth, y sus hermanos Oswaldo Ayala Rocha, Arturo Ayala y Miguel Ruiz Rocha. Su madrina de bautizo fue Elba Osuna de Valenzuela, Su tia Acela se casón un Japones de apellido Wong y se fueron a vivir a Mochis. Su tio Loreto Osuna tenia una tienda de abarrotes frente a la cooperativa. A la edad de quince años abandonaron Tayoltita, para ello contrataron el camión de Ampelio Bastifdas para que les llevara sus piliches a la ciudad de Mazatlán, Sinaloa. Ahí, Laura conocio a su esposo Rodolfo Barraza Fonseca con quien tuvo dos hijos: Laura, y Ramón Barraza Rocha. Su tio Loreto Osuna Leyva trabajo en las minas de San Dimas, y en Tayoltita (Su tia Hildeklisa se caso con Loreto)

 El pueblo de Tayoltita, con unos 2 000 habitantes parece haber sido arrojado accidentalmente en algún lugar en el medio del mapa, donde se elevan los picos de las montañas, donde el oro y la plata brillan a flor de tierra, y soplan los vientos por los socavones entre montañas y el rio. El único hilo del camino se extiende hacia San Ignacio, a través de interminables curvas que da el rio, bosques interminables. El aeropuerto en una pequeña meseta con capacidad para aterrizar avionetas es su única ventana de salida en temporada de lluvias.

 San Ignacio es el pueblo más cercano rio abajo con unos 4000 habitantes. Al llegar a Tayoltita desde el camino se ven las casas extrañas, como pegadas al cerro. Este pueblo se observa solo, único extraño, alejado de las entrañas perforadas de sus cerros para sacar el preciado oro. Aquí no brilla nada solo las casas que resultan dolosamente a los familiares que han emigrado en busca de mejores oportunidades de vida. Solo han quedado en ellas los lugareños que están estrechamente ligados a la minería. Tayoltita es considerada la segunda capital en la extracción de metales. Llegaron aquí los colonizadores europeos, de hecho, casi más de la mitad de sus pobladores viven o están ligados a la minería.

 Las chicas, ¡Oh, claro, son bellas! Pero pocas se quedan al paso del tiempo quedándose solo las que se casan. Algunos de sus moradores llegaron pensando en encontrar trabajo quedarse algún tiempo, y luego marcharse, pero al final se quedaron por el resto de mi vida. Conocí a una de ellas en mi etapa juvenil cuando ella y su familia salieron a trabajar a la ciudad. Ayer, la volví a visitar en su hogar, donde vive al lado de su esposo y su hijo. Mientras tomaba un café que me invito.

 Me dijo que en diciembre en Tayoltita, corre un aire extremadamente atroz, por estar ubicada la población sobre una pequeña meseta junto al rio. En invierno me dijo, es época en que los vientos te atrapan de tal forma que hasta el sobrero te arranca sino te pones barbiquejo. El verano es increíblemente desafiante por el calor y las lluvias, aunque es corto (4 meses del año) Generalmente hay muchos días soleados. Los hombres entran a trabajar en las minas, y allí está muy oscuro y espeluznante, será porque le tengo miedo a verme encerrada bajo la tierra. En verano tenemos sol todos los días, un cielo azul.

 Hay alegría en las almas sobre todo en la de los niños, aunque nuestros padres nos regañen. Al mediodía el sol brilla sobre las casas y en las calles, los niños corriamos por las calles o hibamos al rio a bañarnos bebiendo agua de su cauce. La noche la pasabamos en casa que en su mayoría son pequeñas. No hay asentamientos en muchos kilómetros. Sales por la puerta y frente a ti está el enorme cerro y sabes que detrás suyo están las montañas. En mi casa teníamos una vieja estufa, y unas hornillas que abastecíamos de leña, una mesa pequeña, sartenes, cucharas, donde cocinaba mi mamá Teresa Rocha.

 Un tío dejo colgada una guitarra en la pared antes de marcharse a estados unidos a trabajar. De niña escuche muchas historias de personas que se venían a esconder aquí de sus problemas, entre ellos llegaeron muchos chinos. Eran gente que las andaban buscando y les llamaban bandidos. Caminar por los senderos cercanos a Tayoltita siempre es una aventura - Solo créeme. Esto es delicioso. Por así decirlo, y gracias a Dios lo disfruté al máximo, los 15 años que viví allá. – Sé que muchos de mis parientes se quedaron ahí por motivos personales, y para ellos es su tierra adorada, por así decirlo, hay suficiente espacio para todos.

 Habia poco entretenimiento para los jóvenes. Personalmente me gustaba ir al rio a bañarme, y era un sueño cuando mi madre nos llevaba a san Ignacio en un camión que regresaba con mucha gente encima de su techo. Para la gente de la ciudad cuando por primera vez visita Tayoltita, cree que es un lugar salvaje con manantiales, arroyos, minas, secretos escondidos. Si te adentras un poco más en el monte, podrás encontrarte con liebres, conejos, halcones, aguilillas, y hasta con un venado. Es prácticamente una naturaleza intacta. Solo la temperatura es muy variable, pero si es un lugar ideal para relajarse, incluso hay hotel para los viajeros ajenos a la población. ¿Te imaginas, que pronto tendremos carretera?

 Eso, despierta en mi la esperanza de regresar despues de más de 60 años que salí. Ir a caminar por el borde del rio, respirar sus aires, beber agua del cauce, hablar con los lugareños de la vida local para ponerme al tanto. Yo, creo que mucha de la gente desde que salí de ahí todavía tiene la misma mentalidad de antaño. Mis parientes son fáciles de identificar, aunque creo que muchos de los mayores han muerto.

 Cuando yo viví en Tayoltita, todo estaba bien, había comida, se podía vivir con poco dinero, creo que mi vida no estaba mal. La gente estaba acostumbrada ayudarse unos con otros, era como si no necesitaras nada. La gente no vivía con lujos, ni los ambicionaba. Antes de morir deseo darme una vuelta con la esperanza de ver a mi Tayoltita como en los viejos tiempos, aunque ya sin mis padres y hermanos en ella.

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