CALIDAD AL EDUCAR A NUESTROS HIJOS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Hay muchas personas diferentes a nuestro alrededor. Algunos son felices y saben disfrutar de la vida, mientras que otros se quejan constantemente de la vida y parecen completamente infelices, aunque parece que no hay razón para que nuestros se quejen con sus padres. Los padres negativamente los juzgan de ante mano creando un ambiente pésimo ¿Quieres que tu hijo sea feliz? Entonces enseñémosle lo positivo. Toda persona quiere ser feliz y, por supuesto, todos los padres desean la felicidad de sus hijos. No podemos predecir el futuro de un niño, pero podemos enseñarle a disfrutar de la vida.
La alegría es la característica principal de una vida alegre y saludable. Unos buenos padres saben que uno no debe desesperarse y que hay una salida para cada situación. Los padres son los responsables de guiar, ayudar, gestionar las emociones, a sobrellevar los miedos y las dudas, ayudar a la buena voluntad y la sociabilidad. Ayudarlo a superar las dificultades, que su hijo encuentra soluciones en situaciones difíciles y formar una actitud hacia un estilo de vida saludable. La vida alegre de su hijo nos indica que vamos por el camino correcto. Los padres negativos forman hijos tristes, ruidosos, mal intencionados.
Los pensamientos y acciones negativas en el hogar empeoran el estado general de una persona, su estado de ánimo, sus miedos y ansiedades y los problemas le llegaran despues. Unos padres negativos tendrán en su hogar un ambiente que generara estrés en sus hijos. Les provocaran confusión en los pensamientos. Como resultado, el niño y el adolescente no pueden concentrarse, elegir la solución correcta y no puede hacer frente ni siquiera a la tarea más simple, cometiendo errores “Persona llena de dudas y echando culpas”. Esos padres fomentan el pesimismo en su hogar, los van enfermando mentalmente, les crean una mente débil en carácter y son fáciles de manipular por otros niños y jóvenes al sentirse perdedores.
Unos padres alegres, fuertes en principios hacen posible que sus hijos vivan con buen ánimo, y que cuando surgen las dificultades de la vida, lo ayuda a superar las dificultades. Un niño en un hogar bien cimentado en principios y respeto, se puede ver en la cara de un hijo sonriendo, alegre con todo lo que le rodea. A pesar de las caídas y los golpes, los niños se levantan y dan nuevos pasos. Los niños pequeños intentan lograr su objetivo, a pesar de las dificultades (conseguirlo, trepar, gatear).
Tal vez la pérdida de su osito de peluche o de su mono favorito le parezca una molestia menor, pero para el niño, era su mejor amigo, y la propuesta de simplemente reemplazarlo por uno nuevo causará resentimiento o indignación. Trate de no minimizar este hecho con palabras erróneas como ya cálmate, no llores te comprare otro y listo. El niño escucha de usted que le niega, que osito de peluche o mono, no es nada especial, debido a que usted se lo está devaluando y con ello afecta sus sentimientos. La reacción inmediata de los padres, es que el niño deje de llorar porque no soporta ese llanto, pero la llora porque lo quiere y se está enfrentando a su pérdida.
El niño se aflige, necesita ser abrazado y dejarlo llorar, sus lágrimas pronto se secarán por sí solas, aliéntelo a buscarlo juntos, y el niño adquirirá experiencia de una vida saludable de pérdidas, podrá pedir el apoyo de sus seres queridos en el futuro y contar con usted en los momentos difíciles de la vida.
No se apresure a ofrecer al niño opciones para resolver el problema o corregir la situación, como el “Mañana te compro otro”. Primero, déjalo hablar, usando la técnica de la escucha activa: hazle preguntas aclaratorias ¿Dónde se perdió, cuando fue la última vez que jugaste con él etc.? No le pida que deje de llorar mejor dedíquese a comprender su problema, y deje que el niño comprenda que sus sentimientos son apropiados y tiene derecho a llorar. Por ejemplo, puede decir algo como esto: “Veo que estás muy enojado/triste/preocupado y puedo entenderte”, cuando yo era niño, también perdí, y menciona un juguete que se le extravió o le robaron.
Aclárele como sucedió que usted perdió ese juguete y si lo encontró tiempo despues o como lo resolvió. Que sienta que usted lo apoya. - No haga promesas que no vaya a cumplir como por ejemplo te comprare otro igual, recuerde que al usar esta frase es asumir una responsabilidad, y no una forma de engañarlo y se callé. En cambio, puede expresar su intención de hacer todo lo que esté a su alcance para mejorar la situación.
Otro ejemplo es cuando el niño regresa de su escuela y les comenta a sus padres que anda molesto porque algún niño o el mismo profesor se burló de él. El comentárselo a sus padres es porque les está pidiendo apoyo, y espera obtener protección de ustedes. Para darle un punto de apoyo, ustedes deben permanecer estables y tranquilos. Si la madre se enoja o se pone a insultar solo lo hará sentir culpable y se pondrá nervioso pensando en su ya difícil situación, eso lo llevara al estrés emocional, y es posible que para la próxima no se de la comunicación, por miedo a la reacción de sus padres. ¿Cómo se siente un padre cuando su hijo tiene problemas en la escuela?
Por ejemplo, si hubo un conflicto con un profesor o un niño tuvo una pelea con un compañero de clase. En ocasiones nos llega con una baja calificación y lo juzgamos, no cuidamos lo que le decimos, de inmediato lo hacemos culpable. Lo castigamos o le damos consejos para que no vuelva a repetir esa historia. Recuerde que no es usted, sino su hijo quien se encuentra en una situación incómoda y que necesita aceptación y apoyo ahora. Posponga su corrección para más adelante y vuelva a este tema cuando los sentimientos se calmen. No se apresure a correr a la escuela para proteger a su hijo y resolverle los problemas.
Es importante que aprenda a responder a los desafíos del mundo que le rodea, a defenderse y defender sus intereses. Si su problema está al nivel de sus compañeros, no es un motivo que amenace su vida ni la salud, dele la oportunidad de resolverlo por sí mismo. Si no funciona, intente enseñarle formas de comportamiento en situaciones difíciles. Si tiene problemas, por ejemplo, con un profesor, entonces la intervención de los padres es adecuada, y tal vez incluso necesaria, ya que en este caso el conflicto se da a nivel “adulto-niño”, y la alineación de fuerzas no es igual. A veces, el problema de un niño se puede resolver cambiando su comportamiento o sus relaciones con los demás. Por ejemplo, si se burlan de él por ser demasiado tímido o si le preocupan las dificultades de aprendizaje.
En tales casos, puede ayudar a su hijo a encontrar formas de salir de la situación. Otro ejemplo: La pérdida de su mascota le genera emociones muy fuertes. Para ayudarlo, usted como padre puede crear un ritual especial enterrado al gato, perro con una ceremonia simbólica, se ata una carta a un globo y se suelta al cielo. Si, los padres no están seguros el tipo de ayuda que requiere su hijo, pero ya tiene la edad suficiente para comprender sus necesidades, hay que preguntarle a él, sin especular con deliberaciones sacando falsas conclusiones. Directo se le pregunta: ¿Cómo puedo ayudarte, que ocupas de mí? A, los adolescentes no les gusta que sus padres en vez de ayudarlos los sermonen o les administren consejos. Los consejos en la mayoría de las ocasiones solo causan irritación.
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