RECUERDOS DE LOS NIÑOS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Los recuerdos son una parte increíblemente hermosa de nuestras vidas cuando pensamos en ello. Todos los días, tenemos todo tipo de recuerdos, buenos, malos, brillantes, oscuros, aparecen vívidamente en nuestras mentes. Los recuerdos se refieren a eventos, a nosotros mismos y, a otras personas. Algunos causan trastornos emocionales, evocan alegría, tristeza o son completamente ineficaces. Innumerables cosas en nuestra vida diaria pueden desencadenar recuerdos, como el hecho del niño que nos quitaba la torta en el recreo, nos rompía los cuadernos, destruía nuestros libros, el que nos golpeaba por dinero, el que por placer nos intimidaba.
Los recuerdos negativos pueden, sin previo aviso, hacer que nuestras mentes se descontrolen y provoquen un caos emocional. Del mismo modo, recordar algo positivo puede provocar una sonrisa, incluso risas e hilaridad. ¿Quién no se ha reído en un momento u otro cuando aparece un recuerdo divertido? Retroceder el tiempo para que olvidemos las ofensas recibidas no basta. Allá quedaron en los patios de la escuela y las cargamos en el alma. Al recordarlas reaccionamos ante ese estimulo. Son nuestras memorias.
Recordamos cuando fuimos agredidos, ayudamos a otro niño, nos calentaron la cabeza, hicimos algo de lo que nos sentimos orgullosos o nos dejó la nostalgia en que nos hubiera gustado haberlo hecho de otra manera. Los recuerdos nos dan una razón de vivir, un sentido con nuestro pasado que ya no se puede cambiar. - Déjalo ir y sigue adelante. Hay recuerdos que no se borran por ejemplo cuando eres gordita o de color oscuro, flaca, y eres objeto de burlas. Eso lastima y los que la perpetran son persistentes, tanto que despues de 30 o 40 años los encuentras en la calle y te lo recuerdan con un sobre nombre del que incluso ya te habías olvidado ¡Eso, es violencia!
Es cierto que las heridas cicatrizan lentamente, pero hay unas cicatrices que no cierran nunca, al contrario, se fortalecen en odio y rechazo. Los grandes picaros de la escuela son los principales que las retienen y, a menudo las saca a relucir como si ellas fueran su historia victoriosa en campo de batalla. No se dan cuenta que las circunstancias han cambiado y usted ha crecido, incluso más que él y además es más inteligente y preparado, pero esa persona continua necia pegada en su pasado, pegada con moho en su cerebro.
Lo encuentras y los saludas, pero al darle la mano es un instante, que regresa ese recuerdo doloroso, los sentimientos de rechazo vienen a tu mente. Las burlas y la intimidación se pueden encontrar en muchos lugares donde se reúnen niños o adultos. Los profesores luchan para que se presenten menos casos previniendo los choques, la discusión, argumentación y el consenso. El requisito es que todos deben tratar bien a los demás, sin importar cómo les guste la persona, respetando lo que cada uno es, piensa y actúa, siempre y cuando no dañe a otro. Los profesores deben estar abiertos a intervenir de inmediato ante cualquier incidente. De lo contrario, existe el riesgo de que esto pueda crecer y convertirse en un problema más grande.
Un caso grave puede quedar grabado como pesadilla para siempre en un niño, sin que logre procesarlo. No es fácil ser padre de un niño que se dedica a golpear niños en la escuela. Cuando mandan llamar a el padre, este se muestra sorprendido, incluso trata de justificar a su hijo en el sentido que se defiende, pero los padres de los niños golpeados exigen que el problema se atienda de inmediato. Se hace la acusación y el padre persiste en proteger a su hijo a pesar de ser señalado como un niño agresivo, intimidador.
Lo justifica alegando que su hijo no es así y que se defiende siendo él quien lo ha enseñado. Puede argumentar que debe haber un mal entendido. Muchos de ellos se muestran sorprendidos y amparan la postura de la defensa en el comportamiento negativo hacia otros niños. – Unos reaccionan mal y otros se ponen a la defensiva, se niegan a enfrentar la participación de su hijo en el asunto. Es común que los niños muestren diferentes comportamientos, y rasgos de personalidad en la escuela muy disparejos a los de su hogar. Esta es una de las razones por las que es tan importante que los maestros y los padres tengan una buena comunicación para que pueden responder al comportamiento y bienestar de un niño de manera apropiada.
Los niños luchan para deshacerse de algo que les moleste y pueden ser desde dificultades del aprendizaje, ansiedad generada en el hogar o en la escuela. Un padre que se entretiene castigando y golpeando al niño, lo perjudica psicológicamente, y lo anima a que repita con sus iguales esa conducta. Nadie conoce al niño mejor que sus padres y nadie es un modelo a seguir más influyente que ellos. Los padres cómplices se caracterizan por defenderlo con la argumentación de la defensa misma que se cae en la acumulación de agresiones, para ello es importante llegar a la raíz del problema.
Es molesto saber que el hijo de uno está siendo objeto de burlas o intimidación. Los padres de niños acosados se sienten impotentes, enojados y tristes. Cualquier niño en una escuela primaria, secundaria y puberto en preparatoria corre el riesgo de sufrir acoso dentro y fuera de las instalaciones de la escuela. Por lo tanto, depende de la escuela trabajar con los padres para resolver el problema. Muchos padres no saben cómo reaccionar, pero la mayoría sabe que tiene que hacer algo, y llegan incluso a retar a golpes al padre del niño agresor.
Ir a la dirección de la escuela significa que el hijo le escriba al padre detalladamente cada una de las agresiones, la secuencia de eventos, incidentes, dónde ocurrió, quien es el agresor, porque agredió. Eso le servirá al director de la escuela para diseñar un plan de acción inmediato, y luego paso a paso hasta encontrar una solución aceptable. Hay niños agresivos que andan en busca de víctimas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario