domingo, 6 de julio de 2025

 

CULPAR AL NIÑO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

No debemos olvidar que un niño aprende el mundo a través de sus padres: mira el mundo a través de sus ojos, toma su evaluación como base en una situación dada. Si el hijo crece como una persona malvada y envidiosa, si te enfurece con sus inclinaciones, entonces presta atención a tu comportamiento. Él es tu espejo. No es fácil, pero sí necesario. Las mamás deben renunciar al cuidado excesivo, dejar de lado sus miedos y darle al niño un poco más de libertad: renunciar al egoísmo maternal y pensar en lo que será su hijo en el futuro.

Los padres se encargan en la mayoría de las ocasiones en ir fomentado el miedo en sus hijos. - No hagas esto, aquello, prohibiciones, te enfermaras, te caerás, te golpearas etc. El a temprana edad comienza a desconfiar del mundo que lo rodea, se da cuenta que a cada paso no le será nada bueno. A cada uno de sus fracasos los padres deben estar atentos para que no tenga miedo de volver actuar de nuevo. Si, los padres se dedican a mostrarle el mundo que lo rodea el niño se sentirá feliz.

Si las personas que lo rodean, gritan se maldicen, utilizan malas palabras, acciones reprobables, están molestas, siempre insatisfechas con algo y expresan su descontento, entonces el niño también se relacionará con el entorno. Ellos por muy pequeños que sean escuchan y sienten el estado de animo de sus padres y familiares, absorben las quejas y la negatividad de los adultos de manera rápida y firme. Hay niño no se puede descuidar, los padres no solo deben ser observadores, debe obedecer a sus padres, tener responsabilidades, que ayude en las tareas del hogar, siempre dele las gracias por su apoyo en esas tareas.

Explíquele que no hay trabajo de mujeres y de hombres, que nada es vergonzoso, que vive en un hogar en donde todos trabajan. Si usted se equivoca, pídale perdón sin condiciones, discúlpese con él cuando así sea necesario, esto le servirá para aprender a hacerlo, lo que reducirá la cantidad de conflictos en su vida. Usted como padre aprenda hablar sin gritarle, a gobernarse a sí mismo. Si, el niño intencionalmente para hacer un daño a uno de sus compañeros de clase o se burla de ellos, entonces no busque excusas, hay que castigarlo, no pase por alto nada de esto.

Que aprenda de la desgracia ajena, no guarde silencio cuando se comporte poco cortés. Nunca lo asuste con “Me voy a ir de la casa, si te sigues portando mal” Permita que se quede con la luz encendida en la noche si tiene miedo dormir solo en su cuarto, que vaya aprendiendo lo que son las críticas. Dígale cómo se ven sus acciones desde el exterior, y si está equivocado, asegúrese de discutir la situación.

Enseñar a un niño un sano sentido de culpa significa formar en él una adecuada autoestima, enseñarle a pensar en sus propios intereses, aceptarse tal y como es, expresar correctamente los sentimientos (incluso los negativos) y ser responsable de sí mismo y de su comportamiento. Lo principal en la educación es no abusar de su poder y control, desarrollando la responsabilidad en el niño. Y la culpa y la vergüenza son generalmente emociones bastante peligrosas que requieren un manejo cuidadoso. El sentimiento de vergüenza cuando quieres desaparecer, escapar de un estado opresor, es más o menos familiar para todos.

La vergüenza es una gama de emociones negativas: miedo, ira, indefensión. Por lo tanto, inducir este sentimiento en los niños no es una buena idea. La vergüenza se induce en la educación de los niños como control moral. Es un freno que evita que una persona realice actos indecorosos. Los niños hacen muchas cosas majaderas: debe enseñarles a pensar no solo en deseos, sino también a calcular las consecuencias. Cuando al niño se expresa “Eres una vergüenza” sabe que hizo algo incorrecto, y se siente excluido generándole un sabor amargo. A los niños se les explica cómo hacerlo bien, hacerlo juntos, dar ejemplo.

La culpa: (rechazo del propio acto) y la vergüenza (no aceptación de uno mismo) acompañan a una persona desde la primera infancia y se forman bajo la influencia del entorno cercano del niño. Se cree que la culpa comienza a formarse a partir de los 3 años y la vergüenza mucho antes. La culpa es una emoción más madura y expresada que la vergüenza. A veces, la culpa puede verse como una manifestación de la conciencia. Pero la culpa malsana (neurótica) surge cuando los padres regañan constantemente al niño: critican, o castigan.

El niño empieza a sentirse culpable no solo de sus actos, sino también de sus deseos, rechazando esa parte de sí mismo que no encuentra aprobación ni apoyo en el exterior. Al fijarse como reacción a una percepción distorsionada de sí mismo, la culpa neurótica comienza a formarse en el niño la posición de víctima, siempre y en todo se sentirá culpable. Esto lo llenara de complejos. Al estar constantemente en un estado de culpa neurótica, una persona devalúa constantemente sus manifestaciones. La culpa y la vergüenza están íntimamente relacionadas con el nivel de responsabilidad.

La responsabilidad es una importante cualidad personal inherente a una persona madura. Pero se forma gradualmente, a partir de una edad muy temprana. Los conceptos de responsable y obediente a menudo se confunden. La responsabilidad es la capacidad de hacerse cargo de las consecuencias de las propias decisiones y acciones, y esto implica la capacidad del niño para tomar decisiones. Todos los padres quieren que su hijo crezca para ser una persona responsable, pero ¿cómo desarrollar un sentido saludable de responsabilidad en su hijo? La edad de 4-5 años es un gran período para acostumbrar a un niño a la responsabilidad.

El mayor error de los padres es que consideran al niño demasiado pequeño y tratan de controlarlo en todo. A esta edad, los niños están listos para realizar tareas domésticas simples: doblar juguetes, limpiar la habitación. Si se pierde el comienzo de la educación de la responsabilidad a esta edad, se volverá cada vez más difícil. Lo principal a recordar es que este es un proceso continuo y diario. Es necesario prestar atención a las diferentes áreas de responsabilidad.  “Mamá está durmiendo, está cansada, no hagas ningún ruido”. Es necesario explicarle al niño que es necesario respetar y comprender las necesidades de los demás, sus derechos.

Esto es muy importante, es la base para construir relaciones sanas con las personas. Es necesario confiar al niño la responsabilidad de cuidar animales o plantas.  Es necesario centrar la atención no en las promesas que hace el niño y controlar su cumplimiento. El proceso de inculcar la responsabilidad se ve facilitado por la presencia de reglas claras e inmutables que le permiten al niño sentir los límites, los propios y los de los demás, la confiabilidad de los padres y los conceptos de peligro y seguridad. Asegúrese de darle la oportunidad de sentir las consecuencias de sus acciones o inacción. Esto forma conciencia, comprensión de las reglas "desde adentro". No se puede plantear la responsabilidad sin darle independencia al niño.

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