CASTIGAR AL NIÑO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
La crianza de los hijos. Cuando no hay consenso entre los padres, conviene detenerse en lo que determina una de las líneas fundamentales de la educación. Sin embargo, si ambos padres tienen puntos de vista diferentes, entonces el niño comprende que las personas no pueden compartir los puntos de vista de los demás, permitiendo uno y prohibiendo el otro, y se enfrascan en una pela para imponer ¿Quién tiene la razón? Más tarde, puede involucrar a los propios niños, en cuyo caso a menudo surge una tercera opinión. Recuerde que hablar tranquilo, es un camino que conduce a una solución. Sabemos que toda imposición produce una crisis. Como dijo Shakespeare, “La única persona que actúa sabiamente es mi sastre. Cada vez que nos encontramos, él toma una nueva medida de mí”.
En lo personal, siempre he estado en desacuerdo (Mis padres, nunca me golpearon o gritaron: Nunca me tocaron un pelo). Vi niños que sus padres los golpeaban frente a su profesor cuando este ultimo los llamaba a su salón de clases para darles una queja. Recuerdo que desde que su padre se paraba en la puerta, el niño comenzaba a llorar afligido, asustado, temblando con miedo. Llegaban los azotes duros con el cinto ante la complacencia del profesor. Entre más perdía la cabeza el padre, mayor se veía el placer en los ojos y rostro del profesor.
Ver ese castigo cruel me deprimía a mí y a todos los niños compañeros, incluso a veces más de alguno llorábamos por la mortificación. Llorar, gritar, correr asustado antes que la mano vengadora y humillante caiga sobre el tierno cuerpo. Uno de esos niños frecuentemente golpeado, recuerdo descargaba su coraje en su perro a quien amarraba del cuello, lo arrastraba y golpeaba por portarse mal. Lo vi, repetirlo varias veces torturando a su perro. En aquellos años, me quede callado reflexionando “Es, su perro y él sabe lo que hace” Ahora que lo recuerdo me duele y pienso que el castigo de su padre llegaba no solo al niño, sino a toda su familia incluyendo sus animales.
Los padres -partidarios de los castigos estrictos- están convencidos de que los niños no les obedecen por maldad, y hay que enseñarles a obedecer a sus mayores a como dé lugar, ya sea mediante golpes, gritos. Sin embargo, en realidad, las bromas infantiles tienen muchos más motivos, y uno de los más importantes es la crisis de la edad. Los niños pasan por tres crisis, (1 año, 3 años y 7 años), también hay crisis en el futuro, pero ya no se consideran infantiles, sino adolescentes. El momento específico de los períodos de crisis puede cambiar ligeramente dependiendo del desarrollo individual del niño. Este es el momento en que los niños experimentan saltos bruscos en su desarrollo fisiológico y psicológico, lo que puede ser la causa de un comportamiento inadecuado desde el punto de vista de los adultos, es decir, falta de voluntad para obedecer sus órdenes. ¿Está usted de acuerdo en abofetear, jalar de los cabellos o grítale a su hijo?
A la edad de un año el niño agarra todo y se lo lleva a la boca actúa inconscientemente. Hasta los dos años, los niños no captan la conexión entre su comportamiento incorrecto, desde el punto de vista de los adultos, y las medidas disciplinarias de su parte, por lo que no tiene sentido castígalo. Algunos padres inician hablando el niño viéndolo a los ojos y dándole explicaciones, por su propia seguridad. Es correcto en ese instante distraer al niño con otra actividad. Aunque a esa edad el niño no entienda. Un niño de 4/5, años que no entiende y ve a su mamá tomando un vaso de leche y lo tira quebrándose y derramándose el líquido, no es motivo para gritarle o darle de nalgadas, o bofetadas.
El niño realmente quería sorprender a su madre agarrando el vaso y posiblemente dárselo a ella. Sí, es café caliente, basta con darle una explicación que el niño comprenda que el agua caliente puede quemarlo. La clave está en ir enseñándolo sobre lo que resulta peligroso, nunca con voz severa o golpes, bofetadas. A esa edad ellos quiebran y estropean todos sus juguetes, muebles, no hay porque gritarles lo caro que les costó en dinero. Tambien puede tomar una cosa de otro niño y no es que se lo esté robando con esa intención que pensamos los adultos. Si, en una plática entre amigas o familiar el niño suelta un secreto que escucho de sus padres, esto no es algo que se cura con el castigo, mejor la próxima vez, sea reservado cuando el niño este presente.
Hay madres que se asustan cuando ven que su hijo se está tocando sus genitales, y reaccionan golpeándole la mano ¡No, te toques allí! No, lo arrincone, mejor explíquele, para él su curiosidad lo llevo a ello. Tenemos al niño que toca a la niña y la madre le grita grosero, cochino, y de inmediato lo castiga por su falta de respeto a la niña, o el niño que golpea y patea a loa adultos. Hay madres que encierran a su hijo en un cuarto oscuro ¿Es correcto? ¿O aplicar el chantaje sentimental, cumplirle caprichos?
Muchos padres aseguran que le pego en la boca a su hijo y desde entonces dejo en decir malas palabras. Todos los niños cometen ciertas faltas, pero los padres reaccionan ante ellas de diferentes maneras. Algunos, inspirados por la enseñanza familiar que recibieron cuando fueron niños los azotan, golpean, otros los arrinconan, otros los privan de dulces (un regalo, un paseo, etc.), otros ignoran al niño para molestarlo, castigándolo, y que sienta mal, les retiran el habla, para que se mantenga en silencio.
Algunos más prefieren dejarlos sin ningún castigo o hasta se lo festejan, limitándose a comentarios verbales. Cada progenitor tiene sus propias creencias al respecto, provenientes de su propia infancia a imagen y semejanza. La pregunta es ¿Cuál es el castigo correcto? ¿Cuál es el que mejores resultados ofrece y cual los afecta en su personalidad? ¿Cuándo es necesario castigar a un niño? Las fechorías (No, sus travesuras) - El niño debe comprender lo que no se puede hacer, especialmente si es peligroso para él. Al elegir el castigo, los padres deben tener en cuenta la edad del castigado y la gravedad de su ofensa.
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