LA CHICA, QUE
INQUIETO MIS SENTIMIENTOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En aquellos lejanos años, yo era un estudiante de medicina veterinaria y me llamaban la atención las tiendas que se dedican a vender mascotas. Así que un día sábado aproveche que no tenía clases, ni juego de béisbol para caminar por las plazas, y entre a una tienda de mascotas. Se acercó una chica con sonrisa encantadora, y sentí que de solo ver sus ojos me enamoré de ella (Juventud y hormonas, divino tesoro) Recuerdo que ella era más joven que yo y llevaba una vida muy diferente a la mía, así que no teníamos mucho de qué hablar. Pero al principio no parecía importar. Disfruté estar cerca de ella y me sentí extremadamente ingenioso con ella. Y me pareció que ella también disfrutaba de mi compañía.
Cuando descubrí que pronto sería su cumpleaños, decidí invitarla a algún lugar sencillo ante los escases de dinero que todo estudiante padece, y el mi caso era exagerado. Antes de llamarla, me senté y miré el teléfono público durante media hora. Luego esculque mis bolsillos, sacando unas monedas y le marqué el número, pero colgué antes de que sonara Lo volvió a intentar en esta segunda ocasión deje que alguien constara. Me sentí como un párvulo que dudaba entre la anticipación de un encuentro y el miedo a ser rechazado.
Una voz interior me dijo que no le agradaba y que estaba tan nervioso en vano. Pero siempre sentí a en mi alma una valentía que terminaba por calmarme y sentir ese alivio, así que me dije en aquel momento “Que ningún miedo podía detenerme” Finalmente me armé de valor y la invité a pasear la tarde conmigo. Ella me agradeció, pero dijo que tenía otros planes, que lo dejáramos para otra ocasión. – No niego, me sentí como un fracasado.
El siguiente sábado la misma voz que me había aconsejado que no la llamara si no deseaba tener otro rechazo, pero a la vez mi espíritu decía que no dejara vencerme, que me arriesgara, y que el que persevera alcanza, es decir quien insiste mata paloma. Entre estos dos pensamientos de nuevo me encontraba sentado frente al teléfono público pensando en si valía la pena invertir mis monedas en llamarla y recibir un nuevo rechazo. En el fondo deseaba entender por qué esa chica en particular me pareció tan atractiva.
Algo dentro de mí claramente me pedía que insistiera para salir. Eran sentimientos que no se pueden expresar en por qué uno elige a cierta persona sobre otras en asuntos de los primeros pasos de enamoramiento. Recuerdo que su cumpleaños cayo un día sábado por lo que me dirigí al centro comercial en donde trabajaba y le compré una hermosa tarjeta de cumpleaños de 20 pesos, y aunque la tarjeta ya traía un mensaje escrito le escribí un mensaje poético de esos que a todo estudiante le brota en el romanticismo juvenil. Luego fui a la tienda de mascotas donde ella trabaja.
Mientras me acercaba a la puerta, la misma voz desde el fondo de mi alma me advertía que podía llevarme una decepción, pero al final no hice caso de la advertencia - ¿Y si no le gusto? ¿Qué pasa si ella me rechaza? Sintiéndome vulnerable, escondí la tarjeta debajo de mi camisa. Decidí que, si ella era amable conmigo, le daría la tarjeta, y si se comportaba todo lo contrario es decir me saludaba con frialdad solo le desearía feliz cumpleaños y a volar pajarito que este árbol no es para ti. Hablamos un poco, pero no vi ninguna señal de rechazo, pero sin embargo algo hacia que me sintiera incomodo, así que en esa corta conversación decidí dirigirme a la puerta de salida.
Sin embargo, conforme me acercaba a la puerta, una voz interior me aconsejaba que no me rindiera, que regresara frente a ella. Ganó esta última voz y decidí regresar para enfrentarme a mi miedo y deseo ¿Qué me empujaba abrir mi corazón, mis sentimientos si apenas la había tenido el gusto de cruzar unas cuantas palabras con ella? ¿Cómo puedo seguir diciéndoles a otras personas que vivan la vida al máximo cuando yo no hago lo mismo? Además, ¿qué hay de malo en felicitar a una persona por su cumpleaños? Cualquier chica estaría encantada de recibir una tarjeta de felicitación en su cumpleaños. Resolví en dársela “Sucediera lo que tenía que suceder”
Cuando tomé esta decisión, sentí como si mi corazón se llenara de coraje. Las intenciones eran definitivamente poderosas. Sentí una profunda satisfacción y paz conmigo mismo que hacía mucho tiempo que no sentía... Tuve que aprender a abrir mi corazón y no exigir nada a cambio. Saqué la tarjeta de debajo de mi camisa, me di la vuelta, caminé hacia el mostrador y se la di a la chica. Cuando le entregué mis felicitaciones, sentí una increíble ligereza y emoción mezcladas con miedo. Pero al fin salía de mí, esa valentía y lo hice de todos modos. ¿Y sabes qué pasó después?
Mire en sus ojos que no le asusto mi intención, sino que por el contrario me dio las gracias por acordarme de ella en ese día tan especial. – Se quedó por un instante viendo la tarjeta sin siquiera abrirla para leer mi máxima poesía dirigida a ella. Mi corazón se entristeció, me sentí decepcionado y rechazado de nuevo. Ninguna respuesta fue peor que aquel silencio. Me despedí cortésmente y salí de la tienda. Entonces sucedió algo sorprendente. De repente me sentí animado. Una enorme ola de satisfacción interior surgió dentro de mí y comenzó a estallar. Y se debió a que por fin mi miedo me había abandonado, y aunque todo me resulto incomodo, y frustrante por fin contaba con la habilidad sin miedo de acercarme a otra chica que me gustara.
A partir de allí me aconseje “¡Haz lo que debas, incluso si tiemblas de miedo, hazlo!”) Da amor sin esperar nada a cambio. Sentí una satisfacción y una tranquilidad que hacía mucho tiempo no experimentaba. Entendí la esencia de la experiencia: hay que aprender a abrir el corazón y dar amor sin exigir nada a cambio. Esta experiencia no significó establecer una relación con esta chica en particular, sino la reconciliación conmigo mismo. Aquella chica, deje de llamarla para vernos verla, y reconozco que la experiencia fue capaz en cambiar mi vida. Vi claramente que el amor es de dos, y no de uno, y me dije en todos los actos de tu vida simplemente ponle amor.
Nos sentimos heridos cuando no recibimos amor a cambio de nuestros sentimientos. Pero eso no es lo que nos duele. Nuestro dolor viene cuando no damos amor. Nacimos para amar. Podemos decir que fuimos creados por un acto de amor. Conseguimos resultados especialmente buenos cuando damos amor. El mundo nos ha hecho comprender que nuestro bienestar depende de las personas que nos aman. Pero es este pensamiento invertido el que crea todos nuestros problemas. La verdad es que nuestro bienestar depende de cómo compartimos el amor. No se trata de lo que recibimos, sino de lo que damos.
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