DIRECTOR DE ESCUELA ARROGANTE
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
La arrogancia y el exceso de confianza que pueden surgir al
adquirir una sensación de poder hacen que los directores de escuela y el
supervisor escolar sobreestimen enormemente sus capacidades, los vuelvan menos
considerados con los subordinados y, por lo tanto, afecten su capacidad para
gestionar proyectos y equipos con éxito. Incluso cuando se utiliza el poder
para lograr objetivos socialmente significativos, se puede sentir su influencia
dañina.
Son pocas las maestras que gestionan cuando llegan a una
escuela pública donde los niños carecen de todo, y sus padres están en
necesidad frustrante. Lo que prevalece en su mente es conseguir un cambio lo
más rápido posible. No aprovechan esa oportunidad de servir al prójimo para
convertirse en gestoras ante el gobierno, iniciativa privada, medios de
comunicación y sociedad en general en que se apoye para construir un entorno
social medianamente aceptable. Ese es el éxito de una maestra comprometida, con
vocación de servir. Conectarse con la sociedad, organizarse, hablar, y actuar
en bien de la humanidad.
Cada maestra se
encierra en ese mundo y se dedica a seguir el plan de trabajo nacional y se
debe a que tiene miedo a ser diferente, a recibir señales inquietantes de su
supervisor que la cambiara de escuela alejándola de la civilización, sino se
calla y deja de molestar a la autoridad municipal. La maestra prefiere pasar en
silencio y usa sus ideas solo para quejarse con sus colegas en las reuniones de
consejo técnico.
Deja de preocuparte, escucha de boca de sus colegas, solo
entrega los documentos que se exigen, y busca salir de allí, lo antes posible.
Es el momento en que esa maestra se da cuenta ¿Hasta dónde está su compromiso
con la educación? Lo que aprendió, y socializo en la escuela para maestros, y
medirse, si cuenta con las agallas para ir y lograr ese cambio con objetivos
sociales. Sin embargo, el poder que ejerce el supervisor, su director de
escuela, y sus amenazas en que establece ese límite sin meterse en ese asunto
logra cambiar el comportamiento de una maestra comprometida con la educación.
Ella cambia al verse interferida en sus asuntos personales,
incluso por sus propios compañeros de trabajo. Un director arrogante, que se
muestra complacido al recibir su sueldo cada 15 dias sin darle importancia a
las circunstancias y el entorno de su escuela no actuara por carecer de
vocación. Evitará en todo lo posible una sola queja del personal de la escuela,
y vivirá cómodamente. Es un director que no es capaz de cuestionar la necesidad
de la escuela, el entorno y lo que sucede con la educación de esos niños.
Solo espera su paga. Para una maestra que recién ingresa al
sistema educativo, trae en mente el principio de autoridad que representa un
supervisor y un director de escuela. Lo escucha y atiende sus recomendaciones
al considerarlos unos expertos en temas educativos. El director y supervisor
suelen sentirse seguros de que los maestros reconocen y valoran sus
experiencias. Es sorprendente lo equivocados que están. He aquí un consejo para
un maestro recién ingresado. Antes de una reunión de maestros con el director
acérquese y comente con este un tema educativo.
Escúchele sin llegar a una discusión o exponer su forma de
pensar, y es ahí en donde se dará cuenta en ¿Cuáles? serán sus desacuerdos
posteriores. Además, podrá establecer un balance de su experiencia allí.
Comparta una historia sobre la resolución exitosa de un problema similar al que
discutirán en la reunión. Pídale que le explique o que le comente como aprendió
a resolver una situación difícil. No presuma delante del director sobre su
conocimiento del tema solo dele tiempo a que comparta su información para
mantener la conversación en buenos términos.
Si, el director le pide que resalte su experiencia en ese
tema, solo exponga en forma breve los beneficios. Recuerde que la información
es valiosa, y esta información pude ser muy útil para su presencia ante la
autoridad de la escuela. También es importante no ser astuto y no lograr el
consentimiento de los demás mediante engaños. Entonces todo saldrá bien. Un
director cuya personalidad no está a la altura de su puesto, simplemente no se
siente bien ante ningún maestro que cuestione su trabajo, se vuelve menos
sensible a la relación de trabajo, y sus emociones lo convierten en un huraño
que se encierra en la dirección y solo sale a la hora de cada timbre de
descanso para observar que todos los maestros y niños siguen vivos dentro de la
escuela.
En la vida escolar, esta insensibilidad se encuentra a menudo
entre los directores de escuela que no comprenden bien las relaciones entre los
maestros y padres de familia y a menudo no tienen idea alguna sobre las
personas que dirige. Como resultado, la eficiencia del trabajo disminuye: los
maestros no están interesados en el resultado cuando el director no los
ve como individuos, sino solo como funciones para lograr sus propios objetivos
ante la supervisión escolar.
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