miércoles, 20 de septiembre de 2023

 

DIRECTOR DE ESCUELA ARROGANTE

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La arrogancia y el exceso de confianza que pueden surgir al adquirir una sensación de poder hacen que los directores de escuela y el supervisor escolar sobreestimen enormemente sus capacidades, los vuelvan menos considerados con los subordinados y, por lo tanto, afecten su capacidad para gestionar proyectos y equipos con éxito. Incluso cuando se utiliza el poder para lograr objetivos socialmente significativos, se puede sentir su influencia dañina.

 Son pocas las maestras que gestionan cuando llegan a una escuela pública donde los niños carecen de todo, y sus padres están en necesidad frustrante. Lo que prevalece en su mente es conseguir un cambio lo más rápido posible. No aprovechan esa oportunidad de servir al prójimo para convertirse en gestoras ante el gobierno, iniciativa privada, medios de comunicación y sociedad en general en que se apoye para construir un entorno social medianamente aceptable. Ese es el éxito de una maestra comprometida, con vocación de servir. Conectarse con la sociedad, organizarse, hablar, y actuar en bien de la humanidad.

 Cada   maestra se encierra en ese mundo y se dedica a seguir el plan de trabajo nacional y se debe a que tiene miedo a ser diferente, a recibir señales inquietantes de su supervisor que la cambiara de escuela alejándola de la civilización, sino se calla y deja de molestar a la autoridad municipal. La maestra prefiere pasar en silencio y usa sus ideas solo para quejarse con sus colegas en las reuniones de consejo técnico.

 Deja de preocuparte, escucha de boca de sus colegas, solo entrega los documentos que se exigen, y busca salir de allí, lo antes posible. Es el momento en que esa maestra se da cuenta ¿Hasta dónde está su compromiso con la educación? Lo que aprendió, y socializo en la escuela para maestros, y medirse, si cuenta con las agallas para ir y lograr ese cambio con objetivos sociales. Sin embargo, el poder que ejerce el supervisor, su director de escuela, y sus amenazas en que establece ese límite sin meterse en ese asunto logra cambiar el comportamiento de una maestra comprometida con la educación.

 Ella cambia al verse interferida en sus asuntos personales, incluso por sus propios compañeros de trabajo. Un director arrogante, que se muestra complacido al recibir su sueldo cada 15 dias sin darle importancia a las circunstancias y el entorno de su escuela no actuara por carecer de vocación. Evitará en todo lo posible una sola queja del personal de la escuela, y vivirá cómodamente. Es un director que no es capaz de cuestionar la necesidad de la escuela, el entorno y lo que sucede con la educación de esos niños.

 Solo espera su paga. Para una maestra que recién ingresa al sistema educativo, trae en mente el principio de autoridad que representa un supervisor y un director de escuela. Lo escucha y atiende sus recomendaciones al considerarlos unos expertos en temas educativos. El director y supervisor suelen sentirse seguros de que los maestros reconocen y valoran sus experiencias. Es sorprendente lo equivocados que están. He aquí un consejo para un maestro recién ingresado. Antes de una reunión de maestros con el director acérquese y comente con este un tema educativo.

Escúchele sin llegar a una discusión o exponer su forma de pensar, y es ahí en donde se dará cuenta en ¿Cuáles? serán sus desacuerdos posteriores. Además, podrá establecer un balance de su experiencia allí. Comparta una historia sobre la resolución exitosa de un problema similar al que discutirán en la reunión. Pídale que le explique o que le comente como aprendió a resolver una situación difícil. No presuma delante del director sobre su conocimiento del tema solo dele tiempo a que comparta su información para mantener la conversación en buenos términos.

 Si, el director le pide que resalte su experiencia en ese tema, solo exponga en forma breve los beneficios. Recuerde que la información es valiosa, y esta información pude ser muy útil para su presencia ante la autoridad de la escuela. También es importante no ser astuto y no lograr el consentimiento de los demás mediante engaños. Entonces todo saldrá bien. Un director cuya personalidad no está a la altura de su puesto, simplemente no se siente bien ante ningún maestro que cuestione su trabajo, se vuelve menos sensible a la relación de trabajo, y sus emociones lo convierten en un huraño que se encierra en la dirección y solo sale a la hora de cada timbre de descanso para observar que todos los maestros y niños siguen vivos dentro de la escuela.

 En la vida escolar, esta insensibilidad se encuentra a menudo entre los directores de escuela que no comprenden bien las relaciones entre los maestros y padres de familia y a menudo no tienen idea alguna sobre las personas que dirige. Como resultado, la eficiencia del trabajo disminuye: los maestros no están interesados ​​​​en el resultado cuando el director no los ve como individuos, sino solo como funciones para lograr sus propios objetivos ante la supervisión escolar.

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