TESTIMONIO DE LA MAESTRA ALMA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Trabaja en una escuela primaria. Le gusta compartir con sus
compañeros maestros sus experiencias. Lleva 25 años en la profesión. Es
talentosa, y han pasado por sus manos cientos de niños. Lo que la atrae de su
profesión es la comunicación con los niños. Lo que más le interesa es trabajar
con las clases de primaria, ya que los niños allí son abiertos, espontáneos y
curiosos. Nos comenta que la relación entre profesor y alumno nunca es igual:
tanto las diferencias de edad como las diferencias en las experiencias de vida
tienen un impacto.
Pero es necesaria la igualdad entre ellos. El niño busca en
su maestra apoyo, cariño, amor, sinceridad. Busca a una amiga que sea mayor que
él. Ella nos comenta: En lo personal intento desde el primer dia de clases
construir relaciones con los niños sobre la base del entendimiento mutuo,
porque al abrirse al niño y obtener acceso a su mundo interior, el maestro
traspasa los límites y enriquece el contenido de su propio "yo". El
arte de una maestra aplicado es el contacto con el alma, y eso no se aprende en
los libros.
El requisito previo para ser una maestra es la sensibilidad y
la apertura espiritual del propio educador, su voluntad de comprender y aceptar
algo nuevo e inusual, de ver al otro como a sí mismo y a sí mismo como al otro.
Cuando era niña soñaba con ser maestra. Y cuando crecí, me di cuenta de que mi
sueño se haría realidad. Fue muy difícil ingresar a la escuela normal, a la
mayoría de los alumnos nos bloqueaban y les daban preferencia a los alumnos con
palancas. La única opción viable en aquellos años, era salir del estado e irte
a otra ciudad. La busque incansablemente y por fin lo logre.
En los últimos tiempos
me ganaron las tecnologías, pero me di cuenta a tiempo que las necesitaba para
ser innovadora y me apunté en cursos y seminarios para aprenderlas. Soy una
maestra que no domina la tecnología, pero ya no soy una analfabeta en ella. La
profesión de maestra siempre ha sido honorable. La capacidad de transmitir
nuestra experiencia a alguien que recién ingresa a la vida independiente es un
talento que se desarrolla mediante la perseverancia.
Llegue a ser maestra por vocación. Desde niña me sentí
atraída por la nobleza de los sentimientos, respeto, cariño, amor, y amabilidad
con la que fui tratada por mis maestras. Tuve que trabajar muy duro en
mejorarme, en la formación de mis habilidades, sobre todo en el aspecto humano.
Al principio observé como algunos de mis compañeros maestros se comportaban
crueles con los niños, y al investigar sus razones me pude dar cuenta que
estaban en el magisterio por imposición de sus padres, pero no eran capaces
para ser un maestro. Ser maestra es dejar de ser una persona seca, dominante,
cerrada que solo piensa en sí misma y sus intereses personales.
Para mí, ser maestra
significa ser una persona creativa e individual, que se esfuerza constantemente
por lograr un contacto verdaderamente humano con los niños, con su rico mundo
interior y una energía vital inagotable. Es una tarea muy responsable. Después
de todo, es de nosotras de quien los niños reciben el conocimiento que
utilizaran en el futuro. Por tanto, mi compromiso es aportar conocimientos
correctos, profundos y útiles y que los niños logren ser felices en su vida,
ese es el mejor regalo que sigo recibiendo, y lo que significa para mi ser
maestra. En mi opinión, aunque soy maestra quiero seguir siendo alumna.
Todos los días acudo a
la escuela con la intensión de enseñar, de ayudar, guiar, a cualquier niño para
que se convierta en ese adulto desarrollado. Creó que hoy en día la profesión
de maestra es muy importante, pero lamentablemente no todo el mundo lo
entiende. Amó a los niños por eso elegí esta profesión tan maravillosa. Siempre
tuve amor por la educación, y la escuela. Lo importante es ser amable con los
niños, comprenderlos, mejorar sus conocimientos guiándolos asertivamente, es
decir ofrecer a ellos enseñanza de calidad. Los niños estén felices de ir a la
escuela y comunicarse felices y sin miedo con su maestra. Eso se logra siendo
una maestra justa, honesta, amable, interesante en sus clases y agradable para
todo mundo.
Una maestra se puede ver en un simple contacto con ella al
platicar con ella si hay energía, simpatía, calidez, agradable. Ser maestra requiere
mucha paciencia, y aprender afrontar los conflictos sin molestarse, pero
siempre tratar a tus alumnos con todo tu corazón. Siempre escucharlos con
gusto, aconsejarlos con sanos consejos cuando lo pidan. Para un niño, su
maestra es la persona que conoce las respuestas a todas las preguntas. Ella
enseña a pensar y escribir correctamente. Hay muchas cosas interesantes que
aprender. Ella explicará con paciencia y claridad lo que sus niños no
entendieron. Por eso sus niños la aman y la aprecian. El carácter de una
maestra, es uno de los principales requisitos profesionales.
Testimonio de una ex alumna de ella: La maestra Alma me dio
clases en quinto grado de primaria, es muy amable, honesta y justa. Ella
perdonaba todas nuestras bromas porque nos ama. Pero también a veces era muy
estricta. Esto sucedía cuando actuamos deshonestamente o decíamos mentiras.
Entonces nos explicaba nuestro error y entendíamos que no podemos hacerlo. Su
mirada severa es el castigo más insensible para nosotras. Me gustaban las
lecciones con ella. Nos explicaba claramente incluso las cosas más complejas y
nos enseñó a resolverlo todo por nuestra cuenta, en primer lugar.
Con ella aprendí
muchas cosas nuevas he interesantes. Nos enseñó a que fuéramos honestas,
justas, dignas, que cumpliéramos nuestra palabra, y que nunca rompiéramos una
promesa. Como ex alumna admiro su paciencia. Aunque todos éramos diferentes
logro acercarse tanto que la defendíamos de la opinión de nuestros padres sin
que ella se enterara. Nos calmaba, animaba. Estoy feliz de haber sido su alumna
y le doy gracias por su comprensión.
Ella es una muy buena persona, es muy amable, justa y, lo más
importante, ¡paciente! No escatima esfuerzo por enseñar. Incluso ahora que ya
soy madre de familia y tengo a mi hijo en esta escuela acudo a ella si tengo
una pregunta porque sé que recibiere una respuesta honrada. Ella me entiende, y
nunca olvidare que fue quien me abrió el camino hacia la edad adulta.
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