TAN LEJOS DE DIOS Y TAN CERCA DE ESTADOS UNIDOS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
Yo no quiero extraer conclusiones definitivas, sobre el
camino que seguirá México porque sería perder la oportunidad de seguir
insistiendo en los cambios. Es entrar en la discusión de si la derecha es mejor
para gobernar o la izquierda no ha dado el ancho. Busco la respuesta a lo que
está pasando, con la humildad del que desconoce todavía el final del
camino. Todas las revoluciones han
utilizado el arma valiosa de la comunicación, y ésta tiene una característica
especial: desestructura identidades, porque la identidad tiene una referencia
histórica. Y este modelo de comunicación está desestructurando identidades
históricas, o banalizándolas. Tomemos el caso de la televisión y los medios
como la radio.
Es como un caballo en
el hipódromo, se menciona al caballo, pero nadie sabe nada del jinete, ese no
cuenta en esa historia de triunfo o fracaso. Es la cabeza del caballo la que
cuenta cuando entra en la meta. Este modelo no comunica salvo imágenes, y la
radio palabras soltadas al viento que no informan. Las empresas se van
juntando, haciendo amarres, creando un grupo fuerte y ellas hablan de la
democracia que pregonan sus dueños, como ellos la aceptan.
Dan líneas, alternativas, se unen para no ser derrotadas
debido a que tienen la tentación de manejar el poder total, por ello sus
contenidos discurren por la información que a ellos les favorece. Si las
empresas de comunicación se consolidan y aglutinan sus intereses con grupos de
poder, la aceptabilidad de la derrota no existirá, porque no habrá una
razonable igualdad de oportunidades. Y las rebeliones de la sociedad seguirán
produciéndose como respuesta. Será la guerra de guerrillas, frente a grandes
televisores y cadenas de radio organizados.
Quiero decirles que soy optimista por egoísmo: no merece la
pena ser pesimista. No hay solución en el rechazo y en la exclusión. No me
interesa un mundo similar, sin diversidad. No me interesa un mundo lleno de
tacos, hamburguesas por todas partes. Prefiero optar por disfrutar de la cocina
mexicana. Sobre todo, prefiero que todo el mundo pueda disfrutar tres comidas
al día. ¿Cuánto les interesa a los jóvenes mexicanos, conocer a los jóvenes que
viven en los desiertos, en las guerras, hambrunas? Para ellos les resulta
apasionante una banda de música moderna, poca información. Su mundo no forma
parte del mundo en general.
Ellos rechazan la dominación, la manipulación de los medios
de comunicación. Le apuestan a su diversión, el avance tecnológico, por eso es
un momento crucial que los ignorantes están aprovechando para apoderarse de los
gobiernos y los recursos naturales de la nación. La exclusión económica de los
jóvenes es la que no propicia la recuperación económica y la trasmisión de
conocimientos para las futuras generaciones, muy por el contario van
desapareciendo en las brumas del cinismo y abuso. Pocos son a los que les
preocupa una crisis, ni están al tanto de las bolsas de valores o la
fluctuación de la moneda.
El crecimiento mundial se ha reducido y los ciudadanos
comunes reciben las consecuencias, es decir la mayor repercusión cae en el
bolsillo de los ciudadanos que no participan directamente en la generación de
la crisis. El ambiente económico requiere una reestructuración de fondo para
que el barco no se vaya a pique. México requiere un modelo social integrado,
pero se ha fallado en su construcción “No hay respuesta” Jamás en la historia
de la economía mundial se habían presentado tantos riesgos y escuchar a los
encargados de manejar los dineros mundiales exponer un optimismo. Aquí es donde
resbala mi optimismo y caigo en cierto pesimismo.
Somos un país que no hemos sido capaces de superar el viejo
colonialismo con sus ideologías y políticas alternativas. Somos el fruto de
aquella lejana civilización y tenemos el reto de aceptar que aún estamos
pegados a su matriz con la presentación cultural en la que vivimos. Se
construyeron regionalismos con sus caciques sin equilibrios. Nuestros políticos
quieren que le echemos la culpa a los estados unidos sobre todo lo que nos
pasa. Por fortuna ellos siempre tienen puestos los ojos en otras partes del
mundo que les resultan mejores, y eso nos da una ventaja o respiro al verlo
como un imperialismo sin vocación de imperialista.
Perdemos el tiempo
defendiendo que sus ciudadanos tienen una maravillosa inteligencia, que son
excelentes estrategas para dominar al mundo, que quieren ser el centro del
poder mundial. Pero ellos al igual que los mexicanos no cuentan con la fuerza
de la cohesión. Por lo tanto, relativicemos nuestra obsesión con Estados
Unidos, y no nos preocupemos tanto por su afán de superioridad cultural. Las
grandes empresas atenderán las razones de mercado, y, por eso, cada vez se
difunde más en Estados Unidos televisión en español, por ejemplo, y no obedece
a que los estemos conquistando. México no es el paraíso perdido.
En materia de moral y ética vamos en forma regresiva o en
decadencia. Los valores que la familia proyecta hacia la calle la sociedad le
teme. La autoridad asegura que somos la punta de lanza de las culturas
mundiales como forma defensiva o porque quien lo evoca desea continuar en el
poder, por eso prefiero ser un minusválido mental, que un crítico perseguido
por una autoridad abusiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario