sábado, 23 de septiembre de 2023

 

TAN LEJOS DE DIOS Y TAN CERCA DE ESTADOS UNIDOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM

Yo no quiero extraer conclusiones definitivas, sobre el camino que seguirá México porque sería perder la oportunidad de seguir insistiendo en los cambios. Es entrar en la discusión de si la derecha es mejor para gobernar o la izquierda no ha dado el ancho. Busco la respuesta a lo que está pasando, con la humildad del que desconoce todavía el final del camino.  Todas las revoluciones han utilizado el arma valiosa de la comunicación, y ésta tiene una característica especial: desestructura identidades, porque la identidad tiene una referencia histórica. Y este modelo de comunicación está desestructurando identidades históricas, o banalizándolas. Tomemos el caso de la televisión y los medios como la radio.

 Es como un caballo en el hipódromo, se menciona al caballo, pero nadie sabe nada del jinete, ese no cuenta en esa historia de triunfo o fracaso. Es la cabeza del caballo la que cuenta cuando entra en la meta. Este modelo no comunica salvo imágenes, y la radio palabras soltadas al viento que no informan. Las empresas se van juntando, haciendo amarres, creando un grupo fuerte y ellas hablan de la democracia que pregonan sus dueños, como ellos la aceptan.

Dan líneas, alternativas, se unen para no ser derrotadas debido a que tienen la tentación de manejar el poder total, por ello sus contenidos discurren por la información que a ellos les favorece. Si las empresas de comunicación se consolidan y aglutinan sus intereses con grupos de poder, la aceptabilidad de la derrota no existirá, porque no habrá una razonable igualdad de oportunidades. Y las rebeliones de la sociedad seguirán produciéndose como respuesta. Será la guerra de guerrillas, frente a grandes televisores y cadenas de radio organizados.

Quiero decirles que soy optimista por egoísmo: no merece la pena ser pesimista. No hay solución en el rechazo y en la exclusión. No me interesa un mundo similar, sin diversidad. No me interesa un mundo lleno de tacos, hamburguesas por todas partes. Prefiero optar por disfrutar de la cocina mexicana. Sobre todo, prefiero que todo el mundo pueda disfrutar tres comidas al día. ¿Cuánto les interesa a los jóvenes mexicanos, conocer a los jóvenes que viven en los desiertos, en las guerras, hambrunas? Para ellos les resulta apasionante una banda de música moderna, poca información. Su mundo no forma parte del mundo en general.

Ellos rechazan la dominación, la manipulación de los medios de comunicación. Le apuestan a su diversión, el avance tecnológico, por eso es un momento crucial que los ignorantes están aprovechando para apoderarse de los gobiernos y los recursos naturales de la nación. La exclusión económica de los jóvenes es la que no propicia la recuperación económica y la trasmisión de conocimientos para las futuras generaciones, muy por el contario van desapareciendo en las brumas del cinismo y abuso. Pocos son a los que les preocupa una crisis, ni están al tanto de las bolsas de valores o la fluctuación de la moneda.

El crecimiento mundial se ha reducido y los ciudadanos comunes reciben las consecuencias, es decir la mayor repercusión cae en el bolsillo de los ciudadanos que no participan directamente en la generación de la crisis. El ambiente económico requiere una reestructuración de fondo para que el barco no se vaya a pique. México requiere un modelo social integrado, pero se ha fallado en su construcción “No hay respuesta” Jamás en la historia de la economía mundial se habían presentado tantos riesgos y escuchar a los encargados de manejar los dineros mundiales exponer un optimismo. Aquí es donde resbala mi optimismo y caigo en cierto pesimismo.

Somos un país que no hemos sido capaces de superar el viejo colonialismo con sus ideologías y políticas alternativas. Somos el fruto de aquella lejana civilización y tenemos el reto de aceptar que aún estamos pegados a su matriz con la presentación cultural en la que vivimos. Se construyeron regionalismos con sus caciques sin equilibrios. Nuestros políticos quieren que le echemos la culpa a los estados unidos sobre todo lo que nos pasa. Por fortuna ellos siempre tienen puestos los ojos en otras partes del mundo que les resultan mejores, y eso nos da una ventaja o respiro al verlo como un imperialismo sin vocación de imperialista.

 Perdemos el tiempo defendiendo que sus ciudadanos tienen una maravillosa inteligencia, que son excelentes estrategas para dominar al mundo, que quieren ser el centro del poder mundial. Pero ellos al igual que los mexicanos no cuentan con la fuerza de la cohesión. Por lo tanto, relativicemos nuestra obsesión con Estados Unidos, y no nos preocupemos tanto por su afán de superioridad cultural. Las grandes empresas atenderán las razones de mercado, y, por eso, cada vez se difunde más en Estados Unidos televisión en español, por ejemplo, y no obedece a que los estemos conquistando. México no es el paraíso perdido.

En materia de moral y ética vamos en forma regresiva o en decadencia. Los valores que la familia proyecta hacia la calle la sociedad le teme. La autoridad asegura que somos la punta de lanza de las culturas mundiales como forma defensiva o porque quien lo evoca desea continuar en el poder, por eso prefiero ser un minusválido mental, que un crítico perseguido por una autoridad abusiva.

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