IZQUIERDA EN MÉXICO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La posibilidad del cambio político de izquierdas en México ha
generado mucha tinta despues de 3 años de gobierno de López Obrador. Y no toda
ha sido crítica, clarificadora o de calidad. Sea como sea, el cambio en México
necesariamente debe analizarse desde diversas ópticas muy relacionadas con las
tesis que mantienen las distintas izquierdas de nuestra comunidad. Porque es a
ellas a quienes corresponde liderar ese cambio. Y opciones sobre qué cambio es
más real o efectivo hay varias. Creo que ninguna debe atribuirse ni la patente,
ni la autenticidad ni la exclusiva del mismo. Las cosas son más complejas
porque por principio no tenemos que seguir arriba en el tren de la historia,
sino más bien ponerle freno y sobre todo conocer la verdadera historia y no la
filosofía soñadora de la historia.
La izquierda mexicana es heterogénea, pero básicamente se
divide en dos bloques ideológicos; el manifiesto por el socialismo a la mexicana, el cual no contempla un horizonte más
allá del capitalismo neoliberal abusivo, depredador, y su acción insultante
quienes se le oponen, y por tanto se ha reconvertido en una opción
socialdemócrata de saldo negativo. La otra izquierda más ideologizada y
politizada, que está dentro de las Universidades Nacionales y es letrada. Esta
última izquierda se plantea, el debate teórico centrado en las condiciones
necesarias para articular un espacio más allá de la democracia neoliberal. Esa
izquierda se pregunta si es posible reformular un proyecto político
anticapitalista de izquierda frente al capitalismo global y sus excrecencias
irracionalistas y el empuje de las ultraderechas en sus discursos populista.
Ellos, como yo, nos preguntamos si seremos capaces, como lo
hizo Lenin, en un tiempo de desintegración del sistema, lograr reinventar el
proyecto socialista y generar nuevas coordenadas. Más aún, ¿cómo hacerlo? en
medio del barbecho generalizado de renuncia a toda esperanza de transformación
en busca de dadivas entregadas desde lo institucional para crear grupos de
choque que la debiliten, es por ello que veo difícil que la izquierda llegue a
la tierra prometida y es más fácil que haga lo que hizo Hernán Cortes “quemar
las naves, para que no exista el regreso del pueblo”.
En medio de este debate por la transformación, una izquierda
opta por la lucha, personal o colectiva, callejera, de banqueta, decisiva
frente a al cambio económico. La otra reorienta su ofensiva hacia la defensa de
las conquistas del Estado del Bienestar, gravemente dañado por las clases
dominantes quienes apuestan a la sumisión del trabajador ante la necesidad de
alimento para sus hijos y que prevalezca el UMA en ISSSTE y el IMSS como forma
de explotación, acompañado del Outsorsing. La base obrera tradicional se
integró a ese consenso mantiene su fuerza y tamaño en calidad de rehén, y fue
prácticamente enterrada con sus líderes las tres lobitos y las ideas de la
guera Rodriguez.
Finalmente, otra corriente confía en hay que cambiar todo,
que en la práctica no es más que el certificado de defunción de la
sociedad. En medio de este inmenso
descampado de deseos y desencuentros para lograr una sociedad más cohesionada,
equilibrada, justa o como se le quiera llamar, se mueven los distintos modelos
de cambio en México. Un cóctel de compleja visión y peor digestión. No es de
extrañar que semejante panorama sea aprovechado por las fuerzas más
reaccionarias para marcar una agenda política de conveniencia. Pero más aún,
para cimentar su hegemonía política ante la inviabilidad de avance de la
izquierda.
Pero este paisaje genera unas oportunidades y resistencias al
cambio, porque creo, que el socialismo oficial no es una opción de cambio. Ya
que ha abandonado el proyecto de la izquierda revolucionaria. Más aún, no debe
contarse con él como sujeto de cambio político. El socialismo ha tenido tiempo
suficiente para ser fiel a su memoria histórica. Actualmente este partido
(MORENA), sin proyecto real y sin autonomía, se debate entre la sumisión al
jefe de estado, y su dependencia de los sectores más duros y conservadores de
México. Y además desmoviliza y anula la capacidad de resistencia frente al
capitalismo. Porque su presión es tan desmesurada sobre las estructuras que
acabara fagocitando todo intento de sedición.
Por otro lado, el jefe del estado mexicano, con su actividad,
provoca la despolitización de los conflictos sociales y los banaliza para
desacreditarlos como elementos de lucha. Al sistema político, mediático y económico de México no le interesa
el cambio. Porque las grandes estructuras de México están bajo control
conservador neoliberal. Y su capacidad ideológica ha consistido en construir un
marco de referencia explicativo de los nuevos problemas y desafíos en clave
conservadora que han sido aceptados como idea dominante y hegemónica. Estas
fuerzas han desplegado además otra idea de la gobernabilidad de México sólo
desde una óptica conservadora, la única que garantiza la estabilidad a través
del control militar y policíaco. Detrás de ello, el miedo al cambio se vende
como un producto muy rentable que desmoviliza.
Existe en México una ingente base social, asociativa y
progresista con una amplia biografía de izquierdas que lleva años, invisible
por dinámicas políticas excluyentes y frentistas. Ese inmenso capital social no
sólo está dotado de una poderosa cantidad de recursos y valores
altero-sistémico, sino también de una potentísima carga de pensamiento crítico
-muy individualizado y disperso- que exige un reposicionamiento en los
contextos de la mediación política institucional. Y con ello hay que contar,
con un movimiento que les permita regresar a la agenda de la simpatía
electoral. El PRI, PAN y PRD, no tiene ya capacidad de renovación y están
colapsando. Y la ciudadanía lo sabe. No es fácil dinamizar el cambio, lo sé,
entre otras cosas porque hay que superar la frustración social ante el cambio
esperado. Pero es la izquierda quien tiene la obligación de intentarlo. Porque
ése es su compromiso con la historia-Los partidos políticos dejaron de marcar
la agenda, los ciudadanos se cuecen aparte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario