sábado, 23 de septiembre de 2023

 

IZQUIERDA EN MÉXICO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La posibilidad del cambio político de izquierdas en México ha generado mucha tinta despues de 3 años de gobierno de López Obrador. Y no toda ha sido crítica, clarificadora o de calidad. Sea como sea, el cambio en México necesariamente debe analizarse desde diversas ópticas muy relacionadas con las tesis que mantienen las distintas izquierdas de nuestra comunidad. Porque es a ellas a quienes corresponde liderar ese cambio. Y opciones sobre qué cambio es más real o efectivo hay varias. Creo que ninguna debe atribuirse ni la patente, ni la autenticidad ni la exclusiva del mismo. Las cosas son más complejas porque por principio no tenemos que seguir arriba en el tren de la historia, sino más bien ponerle freno y sobre todo conocer la verdadera historia y no la filosofía soñadora de la historia.

 La izquierda mexicana es heterogénea, pero básicamente se divide en dos bloques ideológicos; el manifiesto por el socialismo a la mexicana, el cual no contempla un horizonte más allá del capitalismo neoliberal abusivo, depredador, y su acción insultante quienes se le oponen, y por tanto se ha reconvertido en una opción socialdemócrata de saldo negativo. La otra izquierda más ideologizada y politizada, que está dentro de las Universidades Nacionales y es letrada. Esta última izquierda se plantea, el debate teórico centrado en las condiciones necesarias para articular un espacio más allá de la democracia neoliberal. Esa izquierda se pregunta si es posible reformular un proyecto político anticapitalista de izquierda frente al capitalismo global y sus excrecencias irracionalistas y el empuje de las ultraderechas en sus discursos populista.

 Ellos, como yo, nos preguntamos si seremos capaces, como lo hizo Lenin, en un tiempo de desintegración del sistema, lograr reinventar el proyecto socialista y generar nuevas coordenadas. Más aún, ¿cómo hacerlo? en medio del barbecho generalizado de renuncia a toda esperanza de transformación en busca de dadivas entregadas desde lo institucional para crear grupos de choque que la debiliten, es por ello que veo difícil que la izquierda llegue a la tierra prometida y es más fácil que haga lo que hizo Hernán Cortes “quemar las naves, para que no exista el regreso del pueblo”.

 

En medio de este debate por la transformación, una izquierda opta por la lucha, personal o colectiva, callejera, de banqueta, decisiva frente a al cambio económico. La otra reorienta su ofensiva hacia la defensa de las conquistas del Estado del Bienestar, gravemente dañado por las clases dominantes quienes apuestan a la sumisión del trabajador ante la necesidad de alimento para sus hijos y que prevalezca el UMA en ISSSTE y el IMSS como forma de explotación, acompañado del Outsorsing. La base obrera tradicional se integró a ese consenso mantiene su fuerza y tamaño en calidad de rehén, y fue prácticamente enterrada con sus líderes las tres lobitos y las ideas de la guera Rodriguez.

 Finalmente, otra corriente confía en hay que cambiar todo, que en la práctica no es más que el certificado de defunción de la sociedad.  En medio de este inmenso descampado de deseos y desencuentros para lograr una sociedad más cohesionada, equilibrada, justa o como se le quiera llamar, se mueven los distintos modelos de cambio en México. Un cóctel de compleja visión y peor digestión. No es de extrañar que semejante panorama sea aprovechado por las fuerzas más reaccionarias para marcar una agenda política de conveniencia. Pero más aún, para cimentar su hegemonía política ante la inviabilidad de avance de la izquierda.

Pero este paisaje genera unas oportunidades y resistencias al cambio, porque creo, que el socialismo oficial no es una opción de cambio. Ya que ha abandonado el proyecto de la izquierda revolucionaria. Más aún, no debe contarse con él como sujeto de cambio político. El socialismo ha tenido tiempo suficiente para ser fiel a su memoria histórica. Actualmente este partido (MORENA), sin proyecto real y sin autonomía, se debate entre la sumisión al jefe de estado, y su dependencia de los sectores más duros y conservadores de México. Y además desmoviliza y anula la capacidad de resistencia frente al capitalismo. Porque su presión es tan desmesurada sobre las estructuras que acabara fagocitando todo intento de sedición.

 Por otro lado, el jefe del estado mexicano, con su actividad, provoca la despolitización de los conflictos sociales y los banaliza para desacreditarlos como elementos de lucha. Al sistema político, mediático y económico de México no le interesa el cambio. Porque las grandes estructuras de México están bajo control conservador neoliberal. Y su capacidad ideológica ha consistido en construir un marco de referencia explicativo de los nuevos problemas y desafíos en clave conservadora que han sido aceptados como idea dominante y hegemónica. Estas fuerzas han desplegado además otra idea de la gobernabilidad de México sólo desde una óptica conservadora, la única que garantiza la estabilidad a través del control militar y policíaco. Detrás de ello, el miedo al cambio se vende como un producto muy rentable que desmoviliza.

 Existe en México una ingente base social, asociativa y progresista con una amplia biografía de izquierdas que lleva años, invisible por dinámicas políticas excluyentes y frentistas. Ese inmenso capital social no sólo está dotado de una poderosa cantidad de recursos y valores altero-sistémico, sino también de una potentísima carga de pensamiento crítico -muy individualizado y disperso- que exige un reposicionamiento en los contextos de la mediación política institucional. Y con ello hay que contar, con un movimiento que les permita regresar a la agenda de la simpatía electoral. El PRI, PAN y PRD, no tiene ya capacidad de renovación y están colapsando. Y la ciudadanía lo sabe. No es fácil dinamizar el cambio, lo sé, entre otras cosas porque hay que superar la frustración social ante el cambio esperado. Pero es la izquierda quien tiene la obligación de intentarlo. Porque ése es su compromiso con la historia-Los partidos políticos dejaron de marcar la agenda, los ciudadanos se cuecen aparte.

 

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