LA NECESIDAD.
LOS MATA "RÍOS Y ARROYOS"
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Antes de
comprar una casa verifica su historial de zona ¿Invadir en arroyos, ríos y, con
qué finalidad se hace de la vista ciega los responsables? ¿Cuántos morirán
ahogados este año por negligencia Federal y a quien culparan? Vaya por delante
que resulta duro ponerse del lado del río en estos días, en los que tras las
últimas crecidas, las aguas volverán como las golondrinas a su cauce habitual o
cambiaran el rumbo de acuerdo al sitio en donde venzan sus fuerzas.
Esto es
aplicable a la naturaleza cuando llueve sobre mojado, lo mismo puede ser
aplicable a las pasiones que se desatan en las proximidades de los procesos
políticos, sobre todo sabiendo que está en juego la tranquilidad futura de
algunos elementos que se meten a la política con la intención de sacar centavos
“Nunca de aportar algún beneficio para su comunidad”
En algunas
zonas de nuestra geografía, el panorama se vuelve desolador sobre todo cuando
el desbordamiento arrasa con la milpita rompiendo el cauce y arrastrando vacas,
burros, erosionando suelos, desapareciendo las vegas que ofrecían el mínimo
sustento por siembra de cacahuates, melones, maíz, o sandias, porque no puedo
asegurar el sostenimiento de una familia, es a su paso desolador, con cosechas
perdidas, obras afectadas, inmuebles pasados por agua...Sin embargo conviene
recordar conceptos olvidados pero básicos a la hora de interpretar estos hechos
al margen de la imagen social generada de alarmismo televisivo (Noticias).
Queremos
recordar que las medidas que se reclaman para controlar los ríos, arroyos, se
han mostrado a todas luces ineficientes en situaciones de grandes crecidas.
El primer
dato, que en principio puede aportar más desasosiego: las últimas crecidas ni
siquiera han sido especialmente extraordinarias, sin embargo el daño está
presente. Las crecidas son recurrentes, es decir, que se han producido
habitualmente, cada tres o cuatro años como las de los ciclones, principalmente
en la segunda mitad del siglo XX y que ahora suben de categoría en menos de
unas cuantas horas.
El segundo
dato, también objetivo, es constatar que la rotura de los diques durante las
avenidas constituye el mayor peligro para cualquiera de los usos que se estén
llevando a cabo en sus márgenes, incluido el peligro para las vidas humanas.
Tanto la construcción de rellenos como de embalses son medidas que acaban
generando una falsa sensación de seguridad que favorece la invasión de la
llanura de inundación por parte de las actividades humanas.
Hablando de
los embalses, éstos tienen una capacidad limitada y esta capacidad depende de
su situación de llenado. Desde luego, su capacidad es casi nula para regular
las crecidas extraordinarias. Si el estancamiento desborda es porque se
encuentra muy por debajo de su capacidad de almacenamiento máxima dada la
condición de llenado de prueba en la que se halla. Aplicando algunos conceptos
básicos de geometría, queda claro que la función de las avenidas que desarrolla
la lluvia de inundación es potencialmente más efectiva que la de los actuales
rellenos humanos.
La cantidad de
metros cúbicos de agua que había que desalojar después de las intensas lluvias
sólo cabría en esos causes fluviales, para corregir habría que empezar por
reprender la influencia de muchos de los obstáculos construidos por el ser
humano sobre el flujo natural del agua en la llanura de inundación (puentes,
pasos en terraplén, etcétera).
También, al
igual que se está haciendo en muchos países desde hace ya varias décadas,
eliminar o rebajar parte de las actuales y peligrosas defensa. Tras unos
episodios de crecidas dramáticas en la década de los setenta/ ochenta, tanto en
EEUU como en algunos países de Europa, en lugar de recrecer diques o dragar el
cauce, se decidió dar más espacio al río, devolviéndole zonas de expansión en
tramos adecuados y compatibles que pudieran recibir en el futuro inundaciones
blandas, menos agresivas.
Muchos diques
fueron abiertos y otros alejados del cauce de los arroyos, que, en su deambular
zigzagueante, frenaran la fuerza de la corriente y se recuperaron bosques de
ribera que habían sido eliminados, sin embargo se regreso a construir colonias
que afectan su libre albedrío dejando de lado las medidas y planes eficaces de
defensa de los núcleos urbanos (incluyendo adecuadas válvulas que bloqueen la
inundación a través de los sistemas de alcantarillado por demás obsoletos) y de
las vías de comunicación. No podemos eliminar todos los usos e invasiones
Urbanas, pero sí ordenarlos desde ahora. Aquí ya se habían dado algunos pasos
pero lo político, económico prevaleció sobre la cordura y nuevamente regresaron
las invasiones en causes, bordes, arroyos, esteros y márgenes de lugares por
donde circulaba la lluvia.
En el sentido
opuesto, todavía se sigue proyectando urbanizar zonas inundables y se continúa
con una política de defensas y dragados que en muchos casos favorecen el
desarrollo en el cauce central de una vegetación inapropiada llamada ser
humano, invasora y que dificulta el flujo del agua. El arroyo gestiona su
propia inundación mejor que nadie, lleva haciéndolo toda la vida; valorar su
interés como sistemas naturales debería ser el objetivo principal de nuestras
Administraciones Públicas en la gestión de estos asentamientos humanos que no
tienen nada de humano.
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