LA MUERTE ME
LLEVO A LA IGLESIA (Parte Cuatro)
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y
Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
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observando la simbología. - La señal de la cruz es una señal de una poderosa
victoria. Es un signo sagrado, que toma forma de testimonio del amor infinito
de Cristo y revela la alegría de ser católico. El símbolo de la Cruz, única
esperanza de los fieles y es el signo de infamia para con los judíos. Pero a
través de la resurrección, la Cruz se convierte en una victoria para los
cristianos. Es la victoria del maestro de la vida contra el maestro de la
muerte, la victoria de su Amor por cada uno. Después de la resurrección. En las
catacumbas de la muerte, se reconocen unos a otros. La cruz recuerda el momento
cuando Jesús, fue crucificado, se sacrifica antes de triunfar sobre la muerte.
El
significado de este signo es tan fuerte que las órdenes religiosas y las
familias nobles lo han tomado como escudo o emblema, variando la forma. Los
grandes símbolos de la fe cristiana: el agua del bautismo, y en último adiós
sobre el difunto, el pan y el vino de la Eucaristía, traducen el vínculo entre
los creyentes y Cristo. La cruz es usada como amuleto de la suerte en el cuello
de muchas personas. Las puertas de la Iglesias son Rojas: Se refiere al
Espíritu Santo, a la pasión de Cristo y, a los mártires.
El rojo fue
el color del luto litúrgico hasta el siglo XV; solo el Papa ha mantenido el uso
de ella y también la toma, en lugar de la púrpura, para tiempos de penitencia.
La virgen María lleva un velo blanco: Este velo, que concede aquí el mismo
estatus a la Virgen y, a Jesús, dice indudablemente que María también nació sin
mancha, de una madre virgen.
El velo, que
une a los dos personajes, expresa una cualidad santa que les es común: su
engendramiento de una madre virgen. El Viernes Santo, los cristianos
acostumbran abstenerse de comer carne, reemplazando así el pescado a estos
alimentos. ¿Qué está prohibido durante la Cuaresma? Está prohibido consumir
alimentos como lácteos, huevos y la mayoría de las carnes.
Durante la
Cuaresma, los fieles deben ayunar el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (el
viernes anterior al Domingo de Pascua).
-Mi amigo en
vida me hacía preguntas duras sobre Dios y no era sencillo contestarlas. Ante
esta situación aprendí el valor de la paciencia. Por ejemplo, para mí el ir al
templo a rezar, no significa que lleve una larga lista de peticiones,
simplemente lo deseo para tener una relación con el Dios que creo.
Penetro en
ese sistema emocional que siento que le hablo, y me escucha, lo miro y él me
mira, y cuando esta relación avanza no tengo ni que hablarle, mientras estemos
juntos en el mismo espacio de silencio. En otras me mantengo en silencio, sin
hablar, y es cuando no necesito dar explicaciones, creo en ese instante que
Dios sabe lo que siento por él y por qué estoy en ese momento dentro del templo
“Mi habla, será el silencio”
No necesito
palabras, solo presencia, y una sensación de profunda plenitud.
En el mundo
en el que vivimos nos enfrentamos a diversas y diferentes pruebas que van
agrietando nuestra resistencia hasta quebrarla y es cuando nuestra alma se va
oscureciendo por esas aflicciones, por eso muchos acuden a los templos para
decirle a su Dios todo lo que les preocupa, pero si es creyente sabe que Dios
lo sabe todo y lo deja llorar para que descanse de su sufrimiento. Esta es
nuestra relación con Dios, en ocasiones nos enojamos y en otras lo alabamos.
Nos amamos y
peleamos, nos encontramos y nos perdemos, a veces nos deja ir y, a veces nos
recoge. Pero definitivamente siempre está con nosotros, especialmente cuando no
lo sentimos.
El rezar es
una relación con Dios, luego alabanza y acción. Hablar para vaciarnos y
compartir nuestros problemas ¿Quién sabe realmente lo que necesita? Nuestro
deseo se pierde en la oscuridad del inconsciente, somos desconocidos ante nosotros
mismos, por ello sufrimos de soledad, tristeza, desolación. Para ello
necesitamos que alguien nos abrace, nos dé palabras de aliento.
Hay personas,
que no están preparadas para ser sacerdotes como en cualquier otra profesión.
Personas que “No” aprenden como guiar en la fe, y con ellos hay que tener
paciencia, verlos con alegría por tratar de hacer lo que no alcanzan a sentir
en su alma. Ser sacerdote se requiere tener un alma limpia, trasparente, que no
confunda, ni complique la vida a los demás por lo que dice. No se necesita que
sea perfecta, sino que aprenda a liberar la belleza y la sabiduría de nuestros
errores. Que traten en ser almas filantrópicas, llenas de comprensión y amor
por todos.
Que sea una
de esas personas que, cuando todos te arrojan piedras, felizmente se adelanta
para comerse la piedra. Un sacerdote debe ser humilde y sencillo y no un
arrogante que dedica el sermón a regañar lanzando veneno en todas sus palabras,
la gente acude a misa en busca de tranquilidad y no a escuchar las
frustraciones de una persona vestida de sacerdote. A ese es al que la gente
aborrece por su egoísmo, su sentido espiritual fariseo.
Muchas de las
personas creyentes abandonan el templo en donde imparte la misa. La gracia del
espíritu se siente, sin que haga ni diga nada. Los creyentes al ir al templo
buscan a un sacerdote que les de esperanza con sus palabras, que no amenace, ni
los trate de asustar con sus infiernos o demonios.
La oración
debe llevarse a cabo con humildad y quietud, y no con malestar y tensión. Los
creyentes no van para ser regañados o compadecidos sino para escuchar una
alentadora conversación, eso es la alegría de los hermanos reunidos en armonía
con una sonrisa de satisfacción y su fe en Dios.
Los
sacerdotes son humanos como nosotros, llenos de pasiones y errores, aunque
algunos no son humildes y asumen el papel de Dios, se les calienta la cabeza y
dejan de ver y sentir.
Ellos al
igual que nosotros no pueden complacer a todos, ni estar de acuerdo con todos,
pero eso no es necesariamente algo malo siempre y cuando nos mantengamos
alejados de la malicia y el odio. Cuando le das a otro el poder de aprobarte o
desaprobarte, de subirte al cielo o de bajarte al infierno, entonces le has
dado poder absoluto sobre ti.
Te ha
aprisionado en tus acciones, su opinión, se ha convertido en el látigo de tu
autocastigo. Si percibes que algo de lo que te dice es cierto, consérvalo, pero
en ningún caso lo conviertas en el criterio con el que medirás tu valor. El
único que puede juzgarte es Dios, porque él es quien te ama verdadera y
eternamente (Eso es fe).
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