EDUCACION PRIVADA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El estudio de licenciaturas parece formar una especie de círculo vicioso: se enseña en el bachillerato filosofía, ética, para alentar o instar a los alumnos a continuar sus estudios en la Facultad de leyes, Ciencias sociales, Ingeniería, arquitectura, donde la formación que recibirán no les permitirá ejercer, una vez licenciados, más que "una actividad intelectual de interés exclusivamente gremial" Desgraciadamente la gran mayoría de ellos ante la falta de empleo tienen que regresar a las secundarias, bachilleratos y universidades a continuar enseñando lo que aprendieron en su carrera pero ahora como “Maestros”.
Pero, aunque la oferta de trabajo se limitase a dicho estatus circular, lo cierto, es que ni tan siquiera la continuación en la parte profesional de dicho círculo (la actividad docente) no es una opción disponible para todos. Las perspectivas laborales del recién licenciado en cualquiera de estas carreras, no van más allá de la docencia, lo mismo sucede con los licenciados en administración de empresas quienes; previa obtención del título, pasan a formar parte de la burocrática profesional sin desarrollar la aptitud pedagógica; y la docencia es ámbito ciertamente restringido para los que tienen familiares dentro de estos círculos.
Mas, a pesar de las limitadas posibilidades de ejercer profesionalmente, hay dos caminos para aquellos que "eligen" dedicarse a la actividad docente y uno es, estar en busca de un cargo público o ser candidato en elección popular. Si se ha decidido por el largo camino del magisterio, le espera un inseguro e itinerante destino.
Tan sólo un insignificante "por ciento" obtiene plaza estable tras muchas convocatorias y años a sus espaldas, otro pequeño "por ciento" consigue aprobar los exámenes y logrando ejercer como interino (hasta la próxima convocatoria) y el gran "%, por ciento" sigue probando fortuna sin ningún reconocimiento y seguramente habiendo perdido en el camino su tiempo y su dinero con alguno de esos vergonzosos abusivos que se aprovechan y le engañan diciéndole que les den dinero porque ellos saben a quién comprarle la plaza y que no se desespere que con un poco de paciencia y un mucho de lana se logran las cosas.
Si ha optado por la Enseñanza Privada, en primer lugar, tendrá superar un duro proceso de selección, esto es, sortear a cualquier "hijo de, amigo de, o conocido de" la dirección de la empresa, tanto antes como a lo largo de los futuros contratos temporales que consiga con un bajísimo sueldo y un despotismo que no creo aguante mucho tiempo.
Durante ese tiempo podrá percatarse del espíritu que reina en la enseñanza privada y los abusos que se cometen con la gente que tiene la necesidad de trabajar en el ramo. Lo primero que uno percibe en la enseñanza privada es que la dirección tiene un desmedido interés por aumentar el número de matrículas, número al que presta la máxima atención.
Prueba de ello es la intensa preocupación de la dirección por el porcentaje de aprobados, hasta el extremo de exigir al profesorado un porcentaje mínimo de reprobados, con lo que confían asegurarse el contento de los padres y la consiguiente matriculación de sus hijos, al pasarlos en los extraordinarios con un mínimo esfuerzo y máxima calificación. Otras de las preocupaciones que inquietan la creatividad de la dirección es la de hacer y distribuir bien la publicidad del centro, organizar fiestas, conciertos con fines "benéficos", ferias y demás eventos que puedan atraer o congregar a futuros clientes.
En la enseñanza privada la educación es vista como un producto comercial, donde prima la cantidad sobre la calidad. La situación del profesor tampoco es inmune al espíritu comercial que domina en las instituciones privadas; por ejemplo, su criterio siempre estará por debajo de lo que estimen los padres o la dirección, ya se sabe "el cliente tiene siempre la razón".
Otro tanto ocurre con su jornada laboral, que se ve saturada de clases con el fin de reducir costos y emplear el mínimo número de docentes, la jornada de ocho horas, aparte de suponer el límite permitido para este tipo de actividad, es prácticamente inhumana, teniendo en cuenta la tarea del profesor, se puede decir que una hora de clase supone un desgaste físico y psíquico que excede al de cualquier otro trabajo, además del tiempo de preparación previo a la clase y el posterior de evaluación de resultados.
Por otra parte, el profesor en los centros de enseñanza privada se encuentra en una situación de desprotección inaudita (Ninguna prestación, ningún compromiso y le pagan a mes vencido). Primero por su completa dependencia de la empresa o dirección del centro, su contrato es temporal, no se le pagan vacaciones, ni periodos de exámenes y los dueños siempre tendrá la renovación o el horario como "armas" para presionar al docente.
Segundo por la falta de interés que los sindicatos muestran por el profesorado de la privada; ya que no pertenecen a grupo de agremiados ninguno, por ejemplo, no tienen ninguna preocupación por mejorar la enseñanza privada y el estado por medio de la SEP, tampoco hace nada al considerar que la educación privada los beneficia en no pagar más maestros, construir escuelas.
Los profesores de escuelas privadas trabajan, una mayor jornada laboral y una menor remuneración que el de la pública; quizá debido a que pocos son los docentes que se atreven a exigir prestaciones, a riesgo de que la dirección lo considere un acto de desacuerdo o enemistad, y la SEP parece preocuparse sólo por aquellos que están ya sindicados. De hecho, su actual dedicación es la de presionar a la Administración para conseguir que se cierren las listas de interinos, lo que supone la práctica imposibilidad de acceder a un puesto de profesor en la enseñanza pública para aquellos que acaban de licenciarse o comienzan a opositar y que seguramente no estén sindicados, a diferencia de los interinos.
Si resumiésemos en unas fórmulas sucintas el espíritu con el que el centro privado contempla la educación el resultado quedaría más o menos de la siguiente forma: - La satisfacción de empresario es directamente proporcional al número de matrículas que obtiene, que cree que se deben al número de aprobados “a mayor número de aprobados mayor número de matrículas, a calificaciones más altas, sin merecimiento, mayor confianza de los padres y satisfacción con el colegio y sus maestros” y a la intensidad y medios puestos en la "captación de clientes".
La seguridad del empresario, que más de las veces coincide en la persona que hace las funciones de director del centro, es inversamente proporcional a la seguridad de los docentes, ya que está convencido de que su control sobre el profesorado (necesario para el buen funcionamiento del centro, hablando en términos de matrículas) se deriva de la inseguridad laboral de los docentes-, inseguridad que obtiene mediante un fluir continuo de despedidos y contratados o, en el caso de adquirir una plantilla más o menos estable, mediante el despido ejemplar. “Recordemos que /la oferta de profesores titulados es inmensamente mayor que la demanda/profesores titulados hay muchos y puestos de trabajo muy pocos/, he aquí la inseguridad del docente”
En un centro que se busque la calidad integral de la enseñanza la preocupación primordial de la dirección debería de ser otra muy distinta a la del número de matrículas obtenidas, y el profesorado debería encontrase en una situación de completo respaldo por parte de la dirección para realizar su tarea docente, para lo cual sería necesario un clima de colaboración y cooperación conjunta, una predisposición por parte de la empresa a que el profesorado disponga de tiempo para prepararse y formase adecuadamente, con el objetivo de mejorar la enseñanza a todos los niveles.
Mas, por lo general nos encontramos ante el insalvable abismo que separa lo que debería ser de lo que de hecho es. Si por un lado la SEP ha pretendido establecer un "puente legal" para salvar este abismo, posibilitando una estructura administrativa que de margen al docente para motivar a los alumnos, generando conciencia de grupo, experiencias de éxito y creando un espacio de tiempo que refuerce un aprendizaje real y efectivo, por el otro lado el dueño de la privada hace que en la práctica sea imposible adquirir las capacidades necesarias para un cambio metodológico verdadero, lo que requiere un tiempo de formación y preparación que el profesor de un centro privado no tiene, además del estímulo y la confianza indispensable para ello.
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