NIÑOS “DERECHO/OBLIGACIÓN”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo
Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La mayoría de los
estudios realizados hasta la fecha, en materia de avance educativo, aseguran
que, para poder hablar de genialidad, además de estudio, trabajo y tesón, hace
falta además algo innato. Concluiría, entonces, que los grandes nacen y se
hacen, aunque la proporción de lo uno y lo otro se desequilibra hacia el lado
del “se hace”. Y aunque es un determinismo no deja de llamar la atención el
pensamiento popular “Cotidiano” que asegura “Todos llevamos un genio dormido,
en espera de que lo despertemos” y a eso le llamamos “Talento innato”
No se trata de probar que
tienen razón los que defienden el determinismo, no los que se van por camino de
lo innato pero un poco de la teoría genista no debe descartarse en el sentido
de que se requiere activar ciertas memorias ya existentes que sean capaces de
activar o desactivar la influencia de los genes. De ahí que nuestro talento
esté definido por la manera en la que utilizamos la herencia que hemos
recibido, más la interacción con el mundo que nos rodea.
Y para reforzar lo
anterior me remito a que no podemos explicar por qué un niño de tres años es
capaz de tocar una melodía de Beethoven, pero sí entendemos que una joven que
no nació con un cerebro privilegiado puede convertirse en maestra de bioquímica
a base de una educación excepcional, lectura, practica, experimentos,
disciplina y entrenamiento. De eso se trata: de potenciar y conseguir lo que
está en nuestras manos, lo que depende de nosotros. Eso exige dedicación y
cierto sacrificio. Sólo hace falta que estemos dispuestos a ello.
La lucha ideológica se va
al campo de batalla del artículo tercero constitucional “La educación es
gratuita y obligatoria” En lo de gratuito estoy de acuerdo, pero en lo de
obligatorio guardo mis reservas y expongo por qué ¿realmente todos quieren
estudiar, hasta el bachillerato? Y la otra ¿todos realmente están aptos para
estudiar? y entonces ¿Por qué de esta insistencia?
La verdad es que no todos
quieren estudiar, he visto a padres de familia que hacen hasta lo imposible
para que sus hijos estudien por todos los medios, pero no todos quieren
estudiar, hoy bien parece que la juventud ya no quiere saber de los estudios,
mucho menos les interesa el discurso de valores. Los niños llegan a las
escuelas básicas queriendo jugar “Futbol”, los adolescentes a echar relajo e
interrumpir las clases, con su actitud no permiten a los que si quieren
estudiar, recibir una autentica cátedra, una autentica clase ininterrumpida.
¿Para qué mantener salones con 50 alumnos de los cuales solo a 10 les interesa
la clase?
Clases de bullicio son
las que están recibiendo y los profesores se la pasan los 45 minutos tratando
de corregir y llamarle la atención a los que interrumpen, y los que
obstaculizan, logran su cometido. ¿Clase de calidad?, y me pregunto ¿no será
posible echarlos fuera de la escuela a esos seres tan ruidosos, sin riesgo a
perder el trabajo? ¿A que van a la escuela, si no quieren estudiar? Dar a cada
uno lo que es suyo.
Solo van a hacer perder
el tiempo a los que si desean llegar a ser profesionistas competentes. Los
bulliciosos son más y gobiernan la dinámica del grupo, además de que causan
estrés y enferman a los otros ¿Por qué tienen que estar esos seres tan
destructivos y ruidosos? El problema se lo debemos a que no hay un sistema de
selección y de purificación y a que el SENEVAL solo sirve como negocio.
Mientras se continúe con la simulación política de dar educación a todos
“Masificación” y no entendamos la estratificación de la inteligencia “Escalas
de entendimiento” tendremos siempre presente el problema en exigir a personas
que no están poniendo atención a atender “Derechos humanos los defienden” y ¿el
derecho de ellos como personas que sufren por estar en las aulas?
Es una ofensa que en un
aula convivan indiscriminadamente gente que no quiere estudiar con gente que si
quiere estudiar y se continúe sin respetar los derechos humanos que estos
jóvenes tienen. Deberíamos de ser sinceros y hacer de la educación un verdadero
privilegio, la educación y la sabiduría son un verdadero privilegio que se les
reservó solo a los que realmente estaban dispuestos a pagar el precio, a hacer
el sacrificio por poseer el conocimiento. El estado mexicano es el responsable
al ir subiendo los niveles obligatorios pudiendo ir seleccionando desde
secundaria el rumbo a seguir por las personas. La frustración y discriminación
nace de la obligatoriedad impuesta. En materia educativa todos somos culpables
desde el momento mismo que los padres, maestros, gobiernos, nos convertimos en
pedagogos y terminamos siendo demagogos de pacotilla.
Llegamos al punto de la simulación educativa
en donde los maestros buscan títulos no para ser mejores sino para conseguir
mayor sueldo y los diputados sin estudio se dedican a criticar la educación,
excelente binomio “Pedagogos versus demagogos” Los ciegos quieren guiar a los
ciegos. Pero ni pedagogos ni demagogos tienen la culpa, el problema está en la
ley, que queriendo ser “Democrática, no discriminatoria” pasó hacer de la
educación un objeto de burla y comercio. Olvidamos que la primera obligación es
no hacer mal a nadie y la segunda es utilizar los bienes comunes en beneficio
de la comunidad y no de alguien en particular.
Lo que más incita a los
padres exigiendo esta obligación es el deseo de honores y gloria sin importar
el daño que causan, volviendo a sus hijos los herederos del fracaso escolar sin
importar lo útil en su decisión. Hoy todos los alumnos tienen que pasar por lo
menos con seis, porque si no lo hace, el culpable es el maestro “porque no sabe
enseñar, el hijo es la octava maravilla del mundo”.
Algo deberíamos de copiar
a los comunistas en materia de procesos selectivos para no querer hacer a todos
profesionistas por ley. No trato de quedar bien con nadie, ni es un discurso
para buscar culpables, más bien es una realidad que no queremos ver ¿Cómo es
posible que gente que no quiere estudiar se le esté obligando a estar en un
lugar donde no quiere, y la verdad gente que no debe estar porque no tiene ni
la capacidad ni los ánimos? Un momento de reflexión para derechos humanos.
Estoy de acuerdo en el artículo tercero constitucional en el sentido de que sea
un derecho, pero no una obligación, si no que sea para toda aquella persona que
tenga los deseos y ánimos de estudiar en tanto los otros, deberían
especializarlos en una rama de las labores productivas y si no se amoldan
buscarle otras estrategias productivas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario