miércoles, 29 de mayo de 2024

 

NIÑOS “DERECHO/OBLIGACIÓN”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La mayoría de los estudios realizados hasta la fecha, en materia de avance educativo, aseguran que, para poder hablar de genialidad, además de estudio, trabajo y tesón, hace falta además algo innato. Concluiría, entonces, que los grandes nacen y se hacen, aunque la proporción de lo uno y lo otro se desequilibra hacia el lado del “se hace”. Y aunque es un determinismo no deja de llamar la atención el pensamiento popular “Cotidiano” que asegura “Todos llevamos un genio dormido, en espera de que lo despertemos” y a eso le llamamos “Talento innato”

No se trata de probar que tienen razón los que defienden el determinismo, no los que se van por camino de lo innato pero un poco de la teoría genista no debe descartarse en el sentido de que se requiere activar ciertas memorias ya existentes que sean capaces de activar o desactivar la influencia de los genes. De ahí que nuestro talento esté definido por la manera en la que utilizamos la herencia que hemos recibido, más la interacción con el mundo que nos rodea.

Y para reforzar lo anterior me remito a que no podemos explicar por qué un niño de tres años es capaz de tocar una melodía de Beethoven, pero sí entendemos que una joven que no nació con un cerebro privilegiado puede convertirse en maestra de bioquímica a base de una educación excepcional, lectura, practica, experimentos, disciplina y entrenamiento. De eso se trata: de potenciar y conseguir lo que está en nuestras manos, lo que depende de nosotros. Eso exige dedicación y cierto sacrificio. Sólo hace falta que estemos dispuestos a ello.

La lucha ideológica se va al campo de batalla del artículo tercero constitucional “La educación es gratuita y obligatoria” En lo de gratuito estoy de acuerdo, pero en lo de obligatorio guardo mis reservas y expongo por qué ¿realmente todos quieren estudiar, hasta el bachillerato? Y la otra ¿todos realmente están aptos para estudiar? y entonces ¿Por qué de esta insistencia?

La verdad es que no todos quieren estudiar, he visto a padres de familia que hacen hasta lo imposible para que sus hijos estudien por todos los medios, pero no todos quieren estudiar, hoy bien parece que la juventud ya no quiere saber de los estudios, mucho menos les interesa el discurso de valores. Los niños llegan a las escuelas básicas queriendo jugar “Futbol”, los adolescentes a echar relajo e interrumpir las clases, con su actitud no permiten a los que si quieren estudiar, recibir una autentica cátedra, una autentica clase ininterrumpida. ¿Para qué mantener salones con 50 alumnos de los cuales solo a 10 les interesa la clase?

Clases de bullicio son las que están recibiendo y los profesores se la pasan los 45 minutos tratando de corregir y llamarle la atención a los que interrumpen, y los que obstaculizan, logran su cometido. ¿Clase de calidad?, y me pregunto ¿no será posible echarlos fuera de la escuela a esos seres tan ruidosos, sin riesgo a perder el trabajo? ¿A que van a la escuela, si no quieren estudiar? Dar a cada uno lo que es suyo.

Solo van a hacer perder el tiempo a los que si desean llegar a ser profesionistas competentes. Los bulliciosos son más y gobiernan la dinámica del grupo, además de que causan estrés y enferman a los otros ¿Por qué tienen que estar esos seres tan destructivos y ruidosos? El problema se lo debemos a que no hay un sistema de selección y de purificación y a que el SENEVAL solo sirve como negocio. Mientras se continúe con la simulación política de dar educación a todos “Masificación” y no entendamos la estratificación de la inteligencia “Escalas de entendimiento” tendremos siempre presente el problema en exigir a personas que no están poniendo atención a atender “Derechos humanos los defienden” y ¿el derecho de ellos como personas que sufren por estar en las aulas?

Es una ofensa que en un aula convivan indiscriminadamente gente que no quiere estudiar con gente que si quiere estudiar y se continúe sin respetar los derechos humanos que estos jóvenes tienen. Deberíamos de ser sinceros y hacer de la educación un verdadero privilegio, la educación y la sabiduría son un verdadero privilegio que se les reservó solo a los que realmente estaban dispuestos a pagar el precio, a hacer el sacrificio por poseer el conocimiento. El estado mexicano es el responsable al ir subiendo los niveles obligatorios pudiendo ir seleccionando desde secundaria el rumbo a seguir por las personas. La frustración y discriminación nace de la obligatoriedad impuesta. En materia educativa todos somos culpables desde el momento mismo que los padres, maestros, gobiernos, nos convertimos en pedagogos y terminamos siendo demagogos de pacotilla.

 Llegamos al punto de la simulación educativa en donde los maestros buscan títulos no para ser mejores sino para conseguir mayor sueldo y los diputados sin estudio se dedican a criticar la educación, excelente binomio “Pedagogos versus demagogos” Los ciegos quieren guiar a los ciegos. Pero ni pedagogos ni demagogos tienen la culpa, el problema está en la ley, que queriendo ser “Democrática, no discriminatoria” pasó hacer de la educación un objeto de burla y comercio. Olvidamos que la primera obligación es no hacer mal a nadie y la segunda es utilizar los bienes comunes en beneficio de la comunidad y no de alguien en particular.

Lo que más incita a los padres exigiendo esta obligación es el deseo de honores y gloria sin importar el daño que causan, volviendo a sus hijos los herederos del fracaso escolar sin importar lo útil en su decisión. Hoy todos los alumnos tienen que pasar por lo menos con seis, porque si no lo hace, el culpable es el maestro “porque no sabe enseñar, el hijo es la octava maravilla del mundo”.

Algo deberíamos de copiar a los comunistas en materia de procesos selectivos para no querer hacer a todos profesionistas por ley. No trato de quedar bien con nadie, ni es un discurso para buscar culpables, más bien es una realidad que no queremos ver ¿Cómo es posible que gente que no quiere estudiar se le esté obligando a estar en un lugar donde no quiere, y la verdad gente que no debe estar porque no tiene ni la capacidad ni los ánimos? Un momento de reflexión para derechos humanos. Estoy de acuerdo en el artículo tercero constitucional en el sentido de que sea un derecho, pero no una obligación, si no que sea para toda aquella persona que tenga los deseos y ánimos de estudiar en tanto los otros, deberían especializarlos en una rama de las labores productivas y si no se amoldan buscarle otras estrategias productivas.

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