jueves, 16 de mayo de 2024

 

UNA PLUMA PARA DESPEDIRME

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

 Contamos con la capacidad para amar, odiar, negar que amamos y entonces ¿Por qué negamos cuando amamos o atacamos a quien nos ama? ¿Cuál es la intención en generar dolor a los demás, cuando se acercan con la intención de dar amor? Lo mejor sería regresar calidez en sentimientos y aunque no lo deseamos nos generaría tranquilidad emocional. En lo personal pido disculpas a las personas que he decepcionado por mi manera de atenderlos, a los que herido sin darme cuenta o dándome con mis actos de soberbia, egoísmo. No deseaba dañar y esta es la oportunidad para pedir perdón. A quien me abandono dejando un dolor en amor y sentimientos dañados le digo que aunque fue cruel en aquellos momentos al final comprendí que tenían razón y les doy las gracias por hacerlo sin tomar en cuenta mi opinión, Gracias por ignorarme.

 Me permitió darme cuenta de los porque muchas personas se alejaban de mí y de esa manera rectifique para no continuar haciendo con otros lo que estaba mal y los ofendía. Hoy estoy tranquilo, forme mi propio árbol de frutos y cada rama de mis hijos están juntos, esas ramas aprendieron con mis enseñanzas para que cometan los mismos errores de su padre. Era mi deber enseñarlos pero al mismo tiempo permitir que ellos buscaran sus propios rayos de sol y volaran en su horizonte para definir sus vidas.

Los hijos son ramas que deciden germinar y dar sus frutos y como todos enfrentar los vientos para sostener esos frutos que no caigan al suelo antes de madurar. Ellos deben ser ramas fuertes que los sostengan para que no se pierdan y ese es el trago que sus padres disfrutamos con los nietos en brazos. La inocencia se va perdiendo con los años trascurridos y los errores cometidos, por más que uno trate de escapar no se logra. Añoramos perderla y empezamos con la idea que somos capaces en dominar nuestras pasiones para llevarlas al límite permitido y cuando menos lo esperábamos abrimos las ventanas para que entren los vientos que despeinan la razón y se entrega el alma.

 Eso nos domina por eso pienso que los deseos no son seguros para ser controlados de ellos nunca se escapa. Basta ver un bello rostro, una sonrisa amable, una frase amorosa, todas esas curiosas cualidades mezcladas tienden a llevarnos a la locura de perder la razón para dejarnos conducir a tierras desconocidas. Podemos olvidar el primer amor, el segundo, tercero al encontrar un nuevo amor al que adoramos con arrebatos y bañamos en virtudes y  bondades. Creemos que tenemos el valor de acompañarlo para toda la vida y lo llamamos incesantemente por el teléfono.

Amamos vernos sujetos a otra persona para que se alié en enfrentar tempestades, pero a veces la carga es muy pesada, la brisa de la libertad se aleja y no toca nuestro rostro, viene la reflexión ¿si realmente vale la pena? y se regresa al principio en recordar los viejos tiempos en donde podíamos volar libremente, donde no guardábamos las apariencias y vivíamos optimistamente. La reflexión nos lleva a tomar aire para agarrar impulso y analizar los ¿si hubiera? Pero esa situación ya no es capaz de llevarnos lejos por los caminos de la felicidad anhelada. Los amores que se pierden y viven juntos se dedican a contarse historias de cosas que no viven, luego explotan y se mantiene un estado de tensión al brotar las palabras que ofenden.

Al otro día van por la calle recordando el mal rato y blasfeman en contra de su pareja. El tiempo ha pasado desde que se conocieron al principio, hoy les espanta lo que les está sucediendo, saben que no llegaran a viejos juntos, también comprenden que será difícil el que queden como amigos, todo se interpone entre ellos.

No es el destino el que los separa, ni los vientos desagradables, más bien los extravía el vivir juntos y no poderse encontrar a pesar de estar en la misma habitación.- Eso los aísla y los conflictos los enfrentan como si ambos vinieran bajando en la montaña rusa, sintiendo el terror sin poder darse la mano en busca de apoyo a ese miedo. Y empiezan a bajar, se imaginan que los vientos los destruyeron sin percatarse que ellos se dejaron llevar por esos vientos que los elevan y los dejan caer sobre la tierra.

Muchas de las personas que pasaron por mi vida con los años se alejaron, para otras ni siquiera me despedí, me sentí solo y me marche. Tuve miedo de tomar una pluma y escribir la despedida, detallar lo que admiraba de ellas, en el coraje reflexione que se reirían y aplaudirían gustosas  el hecho en dejarlas. Ahora a la distancia, esa pluma que no estuvo a tiempo en mis manos de vez en cuanto extraño el no haber tenido el valor para expresarlo.

La gente creció mucho al enfrentar esta pandemia. Las nuevas generaciones no habían experimentado nada igual y su vida transcurría en la mayor comodidad sin importar los daños colaterales que la excesiva manera en generar desperdicios nos llevaría a cobrar una nueva factura. Hoy experimentamos negación, temor, enojo, remordimientos, más negación... y finalmente aceptación. El encierro ha servido para sacar los corajes y darnos cuenta que no hemos vivido la vida que queremos, nos permitió mirar lo que traemos atrás y no soltamos, los sueños incumplidos, la salud que perdimos, la libertad y deseamos que esto no sea demasiado tarde para volver a empezar. Es muy importante intentar al menos algunos de nuestros sueños. Desde el momento en que pierdes la salud, ya es demasiado tarde.

La salud trae una libertad que pocos comprenden hasta que ya no la tienen. Nos enseñan y atan en pensar que lo único que nos puede hacer feliz es trabajar. Perdemos la juventud y la adultez haciéndolo y se debe a que debemos proveer de dinero el hogar. La gente pasa ganándose la vida y descuidando su mente y surgen ¿Si, yo Hubiera? Lamentablemente ya no hay marcha atrás.- Mucho tiene que ver nuestro estilo de vida y esa elección la llevamos a cabo conscientemente. Creemos que necesitamos mayores ingresos y por otro lado metemos más carga en gastos dejando sin espacio a la vida íntima.

En amores dejamos un vacío sentimental al ir reprimiendo los sentimientos y acumulamos amargura y su resultado nunca se es lo que se desea ser o para lo que se es capaz. Los amigos los vamos apartando y al final de nuestras vidas los extrañamos y esto es común por llevar un día muy ocupado trabajando, vamos dejando de lado las actividades que nos podrían generar tranquilidad, placer por vivir al pendiente de los aspectos económicos.- El dinero es amado y los detalles olvidados.

Vivimos preocupados sin ocuparnos de nuestras cosas familiares perdiendo relaciones y el amor de pareja, hijos. Renegamos por no ser feliceses y ello nos causa remordimiento al no comprender en la parte que vamos fallando. Los hábitos no atrapan, la rutina hace su parte y el miedo al cambio nos somete con la soga que aprieta ¿De qué estamos contentos? ¿Qué podemos presumir? El deseo de reír se limita, las ganas de convivir molestan y se mejor hacerlo a distancia mediante un móvil.

Cada día veo con más claridad que una de las cosas más difíciles y arriesgadas que hay en la vida es la libertad de pensar. Pensar sin miedo, teniendo el coraje de soltar las amarras y las seguridades que nos proporcionan las autoridades de todo tipo, con sus verdades incuestionables, sus dogmas, sus obediencias y sus absolutos, por muy imperiosos que nos digan que son. Que nadie se asuste al escuchar estas cosas. No es mi intención fundar la “Asociación de inconformes reprimidos agachados A.C” Los que se agachan para disfrutar la penetración y se comportan con todo y reformadores de los nadas, sin fronteras.

 Lo que quiero dejar claro.- Es que la condición indispensable para que haya progreso, en todas las ciencias, en los saberes más diversos, incluidos los saberes religiosos, para dejar de ser meros repetidores de lo que otros dijeron en el pasado, la condición es superar el miedo a pensar lo que quizás nadie antes se atrevió a pensar. 

El día que Copérnico tuvo la audacia de pensar que, a lo mejor, no era el Sol el que daba vueltas alrededor de la Tierra, sino que la cosa era al revés, ese día empezó a ser viable para morir y que, unos años más tarde, Galileo planteara ese mismo asunto, no ya como una mera hipótesis, sino como la tesis que revolucionó la ciencia (y sus seguridades) para siempre.

Debe quedar claro que las personas no avanzan por mera acumulación de datos y de información. La persona avanza cuando una verdad, que hasta un momento dado se ha considerado válida, deja de serlo. A partir de ese momento, un nuevo enfoque sustituye al anterior. Pero, es claro, para que esto ocurra es enteramente necesario que haya personas que se atrevan a poner en cuestión lo que, quizá durante siglos se ha dado como seguro, y tengan la audacia de pensar que las cosas pueden ser de otra manera.

La persona cotidiana, rutinaria, normal suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan necesariamente subversivas para sus compromisos básicos.  Pues bien, si esto ha sido así quizás toda la vida, ahora nos encontramos en una situación nueva que, a mi manera de ver, puede resultar tan prometedora como destructiva. La nueva revolución humana, representa un avance que pocos podían imaginar. Internet nos proporciona arsenales de datos y de información que nadie puede abarcar y que son un peligro para los tan faltos de sentido común.

 Pero tan cierto como eso es que Internet dispensa a mucha gente de pensar. Es más fácil cortar y pegar. Resulta más sencillo y más cómodo hacer propio y repetir lo que otros ha pensado y parecer guacamayas con el sonsonete de citar personajes y sus frases. Por eso, entre otras cosas, el mundo entero se va cubriendo más y más con ese inmenso manto oscuro al que ahora llaman el pensamiento único.

Todos nos creemos ingenuamente libres, cuando en realidad es ahora cuando estamos más controlados que nunca. Nos han metido en la cabeza que, en economía, no hay otra salida que restablecer y mejorar el sistema capitalista (y la economía de mercado) que está destruyendo el planeta y causando millones de muertos cada año.

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