ESTUDIANTES PRESOS EN LA
ESCUELA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La gran mayoría de las
personas de sexo masculino que se encuentran presos, mantienen un sistema de
creencias basado en los mitos culturales acerca de la masculinidad y de la
inferioridad de la mujer. - Tienen dificultades para expresar sus sentimientos
por considerarlo signo de debilidad, lo cual lleva a que los conflictos sean
resueltos violentamente por no saber hacerlo de otra manera. - Se encuentran
emocionalmente aislados, ya que no cuentan con quién hablar de sus problemas o
de sus sentimientos. –
Recurren frecuentemente
al uso de racionalizaciones para explicar su conducta violenta, sosteniendo que
es la mujer quien los provoco, que no pueden controlarse o que no saben lo que
hacen.- Perciben que su autoestima y su poder se encuentran permanentemente
amenazados y, ante la sospecha de la pérdida de control, intentan retomarlo a
través de la fuerza.- Muestran una actitud externa autoritaria que oculta su
debilidad interior.- Al no reconocer la responsabilidad por sus actos,
difícilmente piden ayuda para resolver sus problemas.- Discrepancias entre el
comportamiento en público y el comportamiento en privado: tienen una imagen de
persona amistosa y correcta y esto lleva a que los familiares y vecinos
consideren a la mujer exagerada e histérica.
Esta imagen de hombre respetable se acentúa
más si este tiene una profesión como abogado, médico, juez, ministro etc. -
Minimizar y negar: consideran de poca importancia las agresiones a la mujer e
incluso las niegan. - Culpar a los demás: según ellos, es la mujer quien les
provoca y quien merece ese trato. - Manipulación de los hijos e hijas
apareciendo ante ellos como víctima de los caprichos de la mujer….Los
trastornos de personalidad son patrones de relaciones y comportamientos
crónicos que interfieren con la vida de una persona durante muchos años. Para
hacer un diagnóstico del trastorno de personalidad antisocial, una persona
tiene que haber tenido primero un comportamiento durante la infancia que
encuadre dentro del diagnóstico de un trastorno de conducta.
La causa de este
trastorno se desconoce, pero se cree que algunos factores genéticos y el
maltrato infantil contribuyen a su desarrollo. Los individuos de padres
antisociales o alcohólicos están en mayor riesgo de desarrollar esta condición.
Así mismo, los hombres resultan muchísimo más afectados que las mujeres y para
nadie es una sorpresa que la condición sea común en la población carcelaria.
En los niños, el hecho de
prender fuego y la crueldad con los animales están ligados al desarrollo de la
personalidad antisocial. ¿Por qué quebrantan las leyes y presentan una
personalidad antisocial? Los individuos con trastorno de personalidad
antisocial a menudo están enojados y son arrogantes, pero pueden ser capaces de
mostrar sensatez y encanto superficiales.
Es probable que tiendan a
adular y manipular las emociones de otros y, con frecuencia, están involucrados
en problemas legales y alto consumo de drogas. Rara vez buscan tratamiento por
su cuenta y pueden iniciar una terapia cuando los obliga la justicia y esto lo
hacen a regañadientes con la intención en ver disminuidas sus condenas, pero es
prácticamente imposible en cárceles que son la antesala del infierno.
Los síntomas tienden a
alcanzar su punto máximo durante los últimos años de la adolescencia y
comienzos de la edad adulta. Algunas veces mejoran en edades avanzadas de sus
vidas. Entre las complicaciones se pueden mencionar encarcelamiento frecuente
(reincidencia delictiva) y el abuso/dependencia frecuente del alcohol y otras
drogas. Encontré una noticia interesante para los presos
Me llega una noticia
aparentemente trivial, pero sumamente interesante en algunas cárceles,
ofrecerán una terapia con canes a internos de régimen cerrado y psiquiátricos.
Según parece, se trata de un programa piloto de terapia asistida con estos
animales, en el que se utilizarán perros debidamente entrenados para que algunos
internos especialmente peligrosos o enfermos mentales desarrollen conductas más
adecuadas basadas en valores como la sensibilidad, la sociabilidad o la
accesibilidad. Todo ello, convenientemente dirigido por un psicólogo.
Hasta ahí una noticia
curiosa, que podría suscitar comentarios ácidos, cuando no contrariedades o
críticas. Pero a los que opinen así les invitaría a leer entre líneas. Veamos,
la primera cuestión es si ese tipo de terapias son necesarias y útiles o son
meros “psico-juegos” de la postmodernidad. Personalmente, me reservo mi
opinión, que cada cual opine lo que quiera, y se informe si quiere saber más al
respecto. Pero la segunda cuestión es más enjundiosa. A ver, ¿por qué en la
cárcel hay enfermos mentales y no están en los lugares especiales para ese tipo
de tratamientos?
La respuesta es obvia:
“Porque han sido condenados, y no hay recursos para crear infraestructura
hospitalaria” Ahora bien, caben tres opciones: primera, que hubiesen cometido
un delito común por el que han sido condenados y durante su estancia en la
cárcel hayan presentado una enfermedad mental. Segunda, que ya fuesen enfermos
antes y hayan cometido un delito no relacionado con su enfermedad por el que
han sido encarcelados. Y, tercera, que ya fuesen enfermos mentales y hubiesen
cometido un delito relacionado con su enfermedad.
Pero, como siempre
existen los peros antes que las soluciones como en este tercer caso. -podría
usted argumentar. - ¿no debería existir un sistema hospitalario al respecto?,
¿no es así? En efecto, tiene usted razón, no debería suceder tal cosa, tendría
que haber sido internado a un centro especial, en el que pudiese cumplir la
condena y recibir la atención psiquiátrica adecuada. Incluso en el segundo caso
quizá sería mejor que se le atendiese en dicho centro. Es más, incluso en el
primer caso podría plantearse si es más apropiado recibir terapia psiquiátrica
en la cárcel común o ser derivado a un centro psiquiátrico específico. En fin,
habría mucho que discutir sobre ello, pero lo dejaremos para otro momento.
La cuestión clave de fondo es que en las
cárceles hay muchos enfermos mentales, y no sólo del tercer tipo, sino de los
tres tipos. Según algunos informes, la frecuencia de enfermedad mental entre
los presos es siete veces superior a la de la población en general, los abusos
sexuales son cosa de todos los días. Un reciente informe asegura que el 25% de
los internos padece una enfermedad mental, y otros sugieren que ha aumentado la
prevalencia de trastornos psiquiátricos en presos, así como que la mayoría no
reciben la atención psiquiátrica adecuada, ya que no hay suficientes programas
psiquiátricos penitenciarios para atenderlos a todos con suficiente calidad, ni
centros penitenciarios psiquiátricos.
El atraso acumulado en este tipo de asistencia
es tan comprensible, como lo es el hecho de las personas que sufren y deambulan
con trastornos por las calles, es por ello que quizás, lamentable, lo cual
obliga a que el Gobierno se plantee el tema con seriedad, rigor y prestancia y
dejar de mantener a estas personas en hacinamientos tan deplorables. Las
consecuencias de no hacerlo repercuten muy negativamente sobre los propios
penados, sus familias y la sociedad en general.
Y si no basta con estar atentos a las
frecuentes noticias sobre delitos y enfermedad mental y los razonamientos se
continúan basando en otros problemas, creo que estamos en la tesitura de una
verdad absoluta tan estúpida como que recitándoles valores a los niños la
sociedad mejorara. ¿Cada vez mas delitos?
La realidad es contundente
en demostrarnos que los servicios de salud mental no están al nivel que se
requieren y el abordaje que se le da no está siendo eficaz en él lo preventivo,
asistencial y rehabilitador de los pacientes graves, especialmente aquellos en
situación de pobreza y exclusión social, los cuales tienen mayor riesgo de
incurrir en comportamientos delictivos y que están llegando en proporciones
crecientes al medio penitenciario.
Y están presos “porque no tienen otro sitio
donde estar, la sociedad los detesta, los margina, los ataca como en el poema
de Francisco de Asís y el hermano lobo”, con largas condenas por delitos
menores. El mayor número de condenados presentan problemas por abuso de
sustancias, trastornos de la personalidad, neurosis, psicosis y trastornos orgánicos,
suponiendo estos trastornos “tratables, pero cuestan al erario público” una
gran carga asistencial para las instituciones penitenciarias.
Todos los estudios
parecen coincidir en que estas proporciones van en aumento en los últimos años.
En la actualidad existen pocos estudios sobre el tema y en ellos se documenta
el aumento de prevalencia de trastornos psiquiátricos en presos, lo cual
justificaría la necesidad de continuar esta línea de investigación. Las
prestaciones asistenciales psiquiátricas que se privilegian en las cárceles son
insuficientes e inadecuadas, careciendo de equipos multidisciplinares de Salud
Mental, por lo cual en muchas ocasiones se hace necesario el traslado del preso
al hospital, suponiendo esto una carga asistencial e incremento de costos. ¡El
gobierno tiene la palabra!
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