miércoles, 8 de mayo de 2024

 

ESTUDIANTES PRESOS EN LA ESCUELA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La gran mayoría de las personas de sexo masculino que se encuentran presos, mantienen un sistema de creencias basado en los mitos culturales acerca de la masculinidad y de la inferioridad de la mujer. - Tienen dificultades para expresar sus sentimientos por considerarlo signo de debilidad, lo cual lleva a que los conflictos sean resueltos violentamente por no saber hacerlo de otra manera. - Se encuentran emocionalmente aislados, ya que no cuentan con quién hablar de sus problemas o de sus sentimientos. –

Recurren frecuentemente al uso de racionalizaciones para explicar su conducta violenta, sosteniendo que es la mujer quien los provoco, que no pueden controlarse o que no saben lo que hacen.- Perciben que su autoestima y su poder se encuentran permanentemente amenazados y, ante la sospecha de la pérdida de control, intentan retomarlo a través de la fuerza.- Muestran una actitud externa autoritaria que oculta su debilidad interior.- Al no reconocer la responsabilidad por sus actos, difícilmente piden ayuda para resolver sus problemas.- Discrepancias entre el comportamiento en público y el comportamiento en privado: tienen una imagen de persona amistosa y correcta y esto lleva a que los familiares y vecinos consideren a la mujer exagerada e histérica.

 Esta imagen de hombre respetable se acentúa más si este tiene una profesión como abogado, médico, juez, ministro etc. - Minimizar y negar: consideran de poca importancia las agresiones a la mujer e incluso las niegan. - Culpar a los demás: según ellos, es la mujer quien les provoca y quien merece ese trato. - Manipulación de los hijos e hijas apareciendo ante ellos como víctima de los caprichos de la mujer….Los trastornos de personalidad son patrones de relaciones y comportamientos crónicos que interfieren con la vida de una persona durante muchos años. Para hacer un diagnóstico del trastorno de personalidad antisocial, una persona tiene que haber tenido primero un comportamiento durante la infancia que encuadre dentro del diagnóstico de un trastorno de conducta.

La causa de este trastorno se desconoce, pero se cree que algunos factores genéticos y el maltrato infantil contribuyen a su desarrollo. Los individuos de padres antisociales o alcohólicos están en mayor riesgo de desarrollar esta condición. Así mismo, los hombres resultan muchísimo más afectados que las mujeres y para nadie es una sorpresa que la condición sea común en la población carcelaria.

En los niños, el hecho de prender fuego y la crueldad con los animales están ligados al desarrollo de la personalidad antisocial. ¿Por qué quebrantan las leyes y presentan una personalidad antisocial? Los individuos con trastorno de personalidad antisocial a menudo están enojados y son arrogantes, pero pueden ser capaces de mostrar sensatez y encanto superficiales.

Es probable que tiendan a adular y manipular las emociones de otros y, con frecuencia, están involucrados en problemas legales y alto consumo de drogas. Rara vez buscan tratamiento por su cuenta y pueden iniciar una terapia cuando los obliga la justicia y esto lo hacen a regañadientes con la intención en ver disminuidas sus condenas, pero es prácticamente imposible en cárceles que son la antesala del infierno.

Los síntomas tienden a alcanzar su punto máximo durante los últimos años de la adolescencia y comienzos de la edad adulta. Algunas veces mejoran en edades avanzadas de sus vidas. Entre las complicaciones se pueden mencionar encarcelamiento frecuente (reincidencia delictiva) y el abuso/dependencia frecuente del alcohol y otras drogas. Encontré una noticia interesante para los presos

Me llega una noticia aparentemente trivial, pero sumamente interesante en algunas cárceles, ofrecerán una terapia con canes a internos de régimen cerrado y psiquiátricos. Según parece, se trata de un programa piloto de terapia asistida con estos animales, en el que se utilizarán perros debidamente entrenados para que algunos internos especialmente peligrosos o enfermos mentales desarrollen conductas más adecuadas basadas en valores como la sensibilidad, la sociabilidad o la accesibilidad. Todo ello, convenientemente dirigido por un psicólogo.

Hasta ahí una noticia curiosa, que podría suscitar comentarios ácidos, cuando no contrariedades o críticas. Pero a los que opinen así les invitaría a leer entre líneas. Veamos, la primera cuestión es si ese tipo de terapias son necesarias y útiles o son meros “psico-juegos” de la postmodernidad. Personalmente, me reservo mi opinión, que cada cual opine lo que quiera, y se informe si quiere saber más al respecto. Pero la segunda cuestión es más enjundiosa. A ver, ¿por qué en la cárcel hay enfermos mentales y no están en los lugares especiales para ese tipo de tratamientos?

La respuesta es obvia: “Porque han sido condenados, y no hay recursos para crear infraestructura hospitalaria” Ahora bien, caben tres opciones: primera, que hubiesen cometido un delito común por el que han sido condenados y durante su estancia en la cárcel hayan presentado una enfermedad mental. Segunda, que ya fuesen enfermos antes y hayan cometido un delito no relacionado con su enfermedad por el que han sido encarcelados. Y, tercera, que ya fuesen enfermos mentales y hubiesen cometido un delito relacionado con su enfermedad.

Pero, como siempre existen los peros antes que las soluciones como en este tercer caso. -podría usted argumentar. - ¿no debería existir un sistema hospitalario al respecto?, ¿no es así? En efecto, tiene usted razón, no debería suceder tal cosa, tendría que haber sido internado a un centro especial, en el que pudiese cumplir la condena y recibir la atención psiquiátrica adecuada. Incluso en el segundo caso quizá sería mejor que se le atendiese en dicho centro. Es más, incluso en el primer caso podría plantearse si es más apropiado recibir terapia psiquiátrica en la cárcel común o ser derivado a un centro psiquiátrico específico. En fin, habría mucho que discutir sobre ello, pero lo dejaremos para otro momento.

 La cuestión clave de fondo es que en las cárceles hay muchos enfermos mentales, y no sólo del tercer tipo, sino de los tres tipos. Según algunos informes, la frecuencia de enfermedad mental entre los presos es siete veces superior a la de la población en general, los abusos sexuales son cosa de todos los días. Un reciente informe asegura que el 25% de los internos padece una enfermedad mental, y otros sugieren que ha aumentado la prevalencia de trastornos psiquiátricos en presos, así como que la mayoría no reciben la atención psiquiátrica adecuada, ya que no hay suficientes programas psiquiátricos penitenciarios para atenderlos a todos con suficiente calidad, ni centros penitenciarios psiquiátricos.

 El atraso acumulado en este tipo de asistencia es tan comprensible, como lo es el hecho de las personas que sufren y deambulan con trastornos por las calles, es por ello que quizás, lamentable, lo cual obliga a que el Gobierno se plantee el tema con seriedad, rigor y prestancia y dejar de mantener a estas personas en hacinamientos tan deplorables. Las consecuencias de no hacerlo repercuten muy negativamente sobre los propios penados, sus familias y la sociedad en general.

 Y si no basta con estar atentos a las frecuentes noticias sobre delitos y enfermedad mental y los razonamientos se continúan basando en otros problemas, creo que estamos en la tesitura de una verdad absoluta tan estúpida como que recitándoles valores a los niños la sociedad mejorara. ¿Cada vez mas delitos?

La realidad es contundente en demostrarnos que los servicios de salud mental no están al nivel que se requieren y el abordaje que se le da no está siendo eficaz en él lo preventivo, asistencial y rehabilitador de los pacientes graves, especialmente aquellos en situación de pobreza y exclusión social, los cuales tienen mayor riesgo de incurrir en comportamientos delictivos y que están llegando en proporciones crecientes al medio penitenciario.

 Y están presos “porque no tienen otro sitio donde estar, la sociedad los detesta, los margina, los ataca como en el poema de Francisco de Asís y el hermano lobo”, con largas condenas por delitos menores. El mayor número de condenados presentan problemas por abuso de sustancias, trastornos de la personalidad, neurosis, psicosis y trastornos orgánicos, suponiendo estos trastornos “tratables, pero cuestan al erario público” una gran carga asistencial para las instituciones penitenciarias.

Todos los estudios parecen coincidir en que estas proporciones van en aumento en los últimos años. En la actualidad existen pocos estudios sobre el tema y en ellos se documenta el aumento de prevalencia de trastornos psiquiátricos en presos, lo cual justificaría la necesidad de continuar esta línea de investigación. Las prestaciones asistenciales psiquiátricas que se privilegian en las cárceles son insuficientes e inadecuadas, careciendo de equipos multidisciplinares de Salud Mental, por lo cual en muchas ocasiones se hace necesario el traslado del preso al hospital, suponiendo esto una carga asistencial e incremento de costos. ¡El gobierno tiene la palabra!

No hay comentarios:

Publicar un comentario