LOS JOVENES ESTUDIANTES RECLAMAN
ESPACIOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Muchos jóvenes con enorme
potencial están echándose a perder porque sus superiores (Padres, maestros,
sociedad) no confían en ellos. -Así, inicio la plática con aquel joven
Universitario a lo que le conteste. - Es cierto. -Pero no es nuevo, los adultos
desde siempre no han admitido el comportamiento de los jóvenes, para la gran
mayoría de la sociedad los jóvenes son flojos, borrachos, desobligados,
apáticos y además irrespetuosos.
Pero también son los
jóvenes con sangre guerrera los han hecho que los cambios se presenten en las
sociedades. Tanto es así que buena parte de las personas que han triunfado (o
cambiado el mundo) no lo hicieron gracias a que se condujeron como mansos
corderos, ellos tuvieron que luchar teniendo las cosas en contra y lo lograron
a pesar de la sociedad que les rodeaba. Una forma de explicar este fenómeno, la
que a mí más me convence, es que casi todo cambio es visto por casi todos, de
forma instintiva, inconsciente, irreflexiva, de jóvenes locos sin madurez que
se acercan a algo peligroso, amenazador.
Dependiendo de la época y
de la sociedad, la amenaza provocará, en respuesta, una forma de actuar u otra,
pero el origen es siempre el mismo: miedo, falta de confianza... Esto conlleva
a que, en demasiadas ocasiones, para los jóvenes visionarios no quede otra
alternativa que ir en contra del rechazo reinante (esto no es una invitación a
que cualquiera emprenda su lucha contra el mundo; “No” eso sería locura, más
bien analizar el miedo general que coarta, que reprime y justifica el dejar de
hacer las cosas por prudencia, sensatez, cordura o manipuleo.
Sigamos: lejos de
echarnos las manos a la cabeza o de decirnos que nosotros no, que cuando fuimos
jóvenes, no hacíamos esas locuras les diré que somos cortos de memoria y
recordamos auto engañándonos y que son los demás los que hicieron las cosas o
sea que prácticamente justificamos queriendo aparecer como conservadores, ante
ello les diré. -Si los humanos no fuésemos conservadores por naturaleza no
hubiéramos sobrevivido como especie.
Pero, ¿conservadores
cuándo? ¿Siempre? “No”. La cultura y el contexto socio-económico influyen, sí.
Pero esto, en general, va por edades. De niños queríamos ser como los mayores.
De adolescentes y jóvenes ambicionábamos sustituir a los adultos (la famosa
búsqueda de la independencia, el ser rebelde por ser joven). De adultos
queremos que nos dejen tranquilos y criticamos a los jovenes. Esto es lo que
nos dicta nuestra naturaleza. Hay excepciones, por supuesto.
La pregunta es: ¿nos
gustaría que esos casos excepcionales fuesen la regla? ¿Es eso posible?
¿Jóvenes que sean capaces de analizar y ponerse en el lugar de los adultos y
adultos que estén predispuestos al cambio y permitan hacerlo a los jóvenes?
Puede que sea posible pues, por otra parte, somos la única especie que se ha
alejado un poco (o mucho) de la tiranía de la evolución y, en estos momentos,
algunas de las "viejas costumbres" que nos trajeron aquí (miedos y
deseos instintivos) ya han dejado de parecernos beneficiosas para convertirse
en un fastidio, las cosas por ser vistas enfadan.
La protesta de los
jóvenes es legítima ¿Acaso, usted considera que no es así? Todos conocemos a
jóvenes suficientemente preparados, con ganas de comerse el mundo, que han
sufrido reveses "incomprensibles" por parte de jefes que no han
sabido (o no han querido) ver o aprovechar su potencial y los descalifican por
el hecho de ser jóvenes o simplemente no les pagan sueldos decentes.
No obstante, resulta
difícil de creer que todos esos jefes cortos de miras o entendederas hayan
actuado conscientemente en su propio perjuicio, ahora y en cualquier época
pasada. ¿Lo qué ha ocurrido, sucede y sucederá por los siglos de los siglos, y
esta situación no dejará de darse? Y, sobre todo: ¿existe alguna manera de
cambiar esta tendencia? Vayamos por partes. ¿Cómo se entiende la reticencia por
parte de los padres, maestros, sociedad? Ya hemos dicho que existe un miedo
natural al cambio. Mayor cuantos mayores nos hacemos. Pero también se da otro
factor importante: resulta difícil confiar en alguien que no ha vivido nada de
lo que tú has vivido.
Ejemplo: ¿por qué de
repente, al estar en una ciudad desconocida, encontrarnos con alguien que sí
conocemos nos llena de alegría y le saludamos efusivamente, aunque jamás lo
hubiéramos hecho en nuestra ciudad de procedencia? Los puntos en común ofrecen
confianza. Y se acentúa si la comparamos con la falta de confianza que nos
provoca la carencia de puntos en común.
Es decir, y volviendo a nuestros casos
particulares ¿en quién confiarías más, en alguien probablemente de edad
parecida a la tuya, que ha tenido que pasar las mismas vicisitudes que tú,
cerca de ti (aunque no haya sido contigo), o en alguien que prácticamente
acabas de conocer (en comparación con el anterior, a quien puede que conozcas
de toda la vida)?
Se requiere un enorme
esfuerzo para vencer esas dos barreras: el miedo y la falta de confianza, son
los enemigos a vencer. ¿Por qué no confiamos en nuestros hijos cuando son
adultos?, unos hijos con los que hemos compartido media vida, con los que, por
tanto, deberíamos tener muchos puntos en común, imaginemos lo difícil que es
confiar en unos jóvenes que apenas van saliendo de una Universidad, que no los
conocemos y que además no son de nuestra sangre. No es fácil.
Y no lo será si no
hacemos algo al respecto antes de que llegue el momento en que estemos en ese
lado, no confiando en un joven lleno de potencial. Porque la solución ya no
radica en que los mayores cambien, y me atrevería a decir que incluso nosotros,
los actuales mayores llegamos tarde: la solución está en que entendamos qué
ocurre y seamos capaces de educar a las generaciones futuras para que se paren
a pensar, para que sepan detectar estas situaciones, para que las analicen,
para que empleen su cabeza en sobreponerse a los miedos que, aunque instintivos
y evolutivamente correctos, ya no les beneficien. Sean esos miedos cuales sean.
Simplemente los jóvenes profesionistas, no confían en los jóvenes
profesionistas y mucho menos los adultos se fían en su subordinado a la hora de
delegar mayor responsabilidad en él.
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