CREAR MI PROPIO
DESTINO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La cuestión de si tiene sentido que una persona choque con el
destino está en la base de muchas enseñanzas filosóficas y religiosas. Por un
lado, la creencia en la predestinación sugiere que todos los acontecimientos de
nuestra vida ya están planeados y cualquier intento de cambiar el curso de las
cosas está condenado al fracaso. Por otro lado, la voluntad humana, el deseo de
libertad y de control sobre nuestra propia vida nos hace luchar, buscar caminos
alternativos y estar en desacuerdo con lo que parece inevitable. Este conflicto
entre el destino y la voluntad es la fuerza impulsora detrás de muchas obras literarias
y acontecimientos históricos.
La idea del destino como una fuerza externa que controla
nuestras vidas puede ser tanto una fuente de consuelo como una causa de
desesperación. El consuelo es que en los momentos difíciles puedes atribuir los
fracasos a la “voluntad del destino” y no culparte por lo que sucede. La
desesperación surge cuando una persona se siente como una marioneta en manos de
una fuerza impersonal e indiferente, privada de la capacidad de influir en su
vida.
Sin embargo, incluso si reconocemos la existencia de algún
tipo de predeterminación, esto no significa necesariamente que debamos
someternos pasivamente a ella. La voluntad de una persona puede manifestarse en
cómo reaccionamos ante determinadas circunstancias y en las decisiones que
tomamos dentro de las condiciones dadas. Incluso en el sistema de restricciones
más rígido, siempre hay espacio para elegir, para expresar la propia
personalidad y para luchar por lo que es importante.
Los católicos defienden que todo lo que nos sucede es por la
gracia de Dios, pero si recurrimos a la historia de la humanidad nos
encontramos con los mitos de muchas culturas que contienen personajes que
desafiaron a los dioses o al destino. Por ejemplo: Prometeo, que robó el fuego
para la gente, Sísifo, que engañó a la muerte: todos ellos simbolizan el deseo
humano de desobediencia, de superar los límites establecidos por el destino que
les es supuestamente ordenado desde antes de nacer. La pregunta es: ¿es este
desafío un acto de osadía, de estupidez o una parte necesaria del desarrollo
humano?
Por un lado, los intentos de cambiar lo que está destinado
pueden llevar a consecuencias trágicas. La tragedia griega está llena de
ejemplos de héroes que, al intentar escapar de su destino predicho, unos lo
lograron y otros murieron en el intento. Por otra parte, es precisamente a
través de la desobediencia, del deseo de algo nuevo y del rechazo de la
obediencia ciega que se logra el progreso, se hacen descubrimientos y el mundo
cambia. La línea entre la audacia y la estupidez puede estar en la comprensión
de las propias capacidades y limitaciones de cada uno de nosotros. Desafiar el
destino basándose en la ignorancia y el exceso de confianza probablemente
conducirá a la derrota.
Sin embargo, una lucha consciente y equilibrada, destinada a
mejorar la propia vida y la de los demás, puede justificarse incluso si implica
riesgos. ¿Y, porque no hacerlo? Si la historia de la humanidad está llena de
ejemplos de increíble resiliencia y resistencia, cuando las personas, encontrándose
en las condiciones más difíciles, mantuvieron la fe en sí mismas y lucharon por
su libertad. Desde los prisioneros de los campos de concentración hasta los
disidentes políticos, desde los activistas por los derechos civiles hasta
aquellos que luchan contra enfermedades terminales, todos demuestran que los
límites de la resistencia humana pueden ser mucho mayores de lo que pensamos. Pero
¿existe realmente este límite?
¿Cuánto tiempo puede una persona soportar el sufrimiento
físico y psicológico sin perder su personalidad y sin quebrarse bajo la presión
de las circunstancias? La respuesta a esta pregunta es compleja y depende de
muchos factores, entre ellos la predisposición genética, la crianza, el entorno
social y, por supuesto, la fortaleza. Es importante entender que la resistencia
no siempre significa lucha abierta. A veces puede ser una lucha interna,
mantener la fe en tus ideales, esperanza en realizarlos, por amor propio y a la
humanidad. Esto es valor cuando todo a tu alrededor se está desmoronando.
Y aunque una persona no pueda cambiar las circunstancias,
siempre puede elegir cómo reaccionar ante ellas, cómo percibir lo que sucede y
cómo permanecer en esas condiciones. ¿Crear mi propio destino, o dejarme
arrastrar por la corriente? - El fatalismo supone que todos los acontecimientos
de nuestra vida están predeterminados e inevitables y que nuestras acciones no
tienen influencia real en el curso de los acontecimientos.
En cambio, la idea de
la construcción activa de la realidad afirma que somos los “Arquitectos de
nuestro propio destino” y podemos moldearlo con nuestros pensamientos, palabras
y acciones. Quien se queda con la idea de que su destino ya está escrito, es
solo una fuente de consuelo antes la cobardía de luchar para cambiarlo debido a
que todo lo considera difícil, no es capaz de asumir responsabilidades, y deja
que las cosas sigan sucediendo “Pasividad, inacción, falta de motivación para
cambiar su vida”
Cambiar tu destino requiere coraje, voluntad, actividad
enfocada y definida, responsabilidad, y fe en ti mismo. Esto significa que debemos fijar metas,
desarrollar planes y trabajar persistentemente para alcanzarlas, superando
obstáculos y aprendiendo de nuestros errores. “Nada es imposible” A veces el
destino nos pone en situaciones en las que cambiar lo que está sucediendo
parece imposible. En tales situaciones, hay que adoptar la forma de una
resistencia abierta, para ro0mper lo que consideramos inevitable.
Significa luchar contra aquello que podemos cambiar, tratando
de encontrar una manera de vivir con ello manteniendo nuestra identidad y
dignidad. Por ejemplo, una persona que enfrenta una enfermedad incurable no
puede darse por vencida, sino continuar haciendo lo que ama, comunicarse con
sus seres queridos y disfrutar cada día. - Una persona que se encuentra en una
situación injusta no puede desperdiciar su energía luchando contra el sistema,
sino dedicarse a ayudar a otras personas que se encuentran en una situación
similar. “Buscar vivir en condiciones plenas controlando su vida, su voluntad,
incluso cuando las condiciones, y circunstancias no se lo permitan”
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