jueves, 10 de abril de 2025

 

CREAR MI PROPIO DESTINO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La cuestión de si tiene sentido que una persona choque con el destino está en la base de muchas enseñanzas filosóficas y religiosas. Por un lado, la creencia en la predestinación sugiere que todos los acontecimientos de nuestra vida ya están planeados y cualquier intento de cambiar el curso de las cosas está condenado al fracaso. Por otro lado, la voluntad humana, el deseo de libertad y de control sobre nuestra propia vida nos hace luchar, buscar caminos alternativos y estar en desacuerdo con lo que parece inevitable. Este conflicto entre el destino y la voluntad es la fuerza impulsora detrás de muchas obras literarias y acontecimientos históricos.

 La idea del destino como una fuerza externa que controla nuestras vidas puede ser tanto una fuente de consuelo como una causa de desesperación. El consuelo es que en los momentos difíciles puedes atribuir los fracasos a la “voluntad del destino” y no culparte por lo que sucede. La desesperación surge cuando una persona se siente como una marioneta en manos de una fuerza impersonal e indiferente, privada de la capacidad de influir en su vida.

 Sin embargo, incluso si reconocemos la existencia de algún tipo de predeterminación, esto no significa necesariamente que debamos someternos pasivamente a ella. La voluntad de una persona puede manifestarse en cómo reaccionamos ante determinadas circunstancias y en las decisiones que tomamos dentro de las condiciones dadas. Incluso en el sistema de restricciones más rígido, siempre hay espacio para elegir, para expresar la propia personalidad y para luchar por lo que es importante.

 Los católicos defienden que todo lo que nos sucede es por la gracia de Dios, pero si recurrimos a la historia de la humanidad nos encontramos con los mitos de muchas culturas que contienen personajes que desafiaron a los dioses o al destino. Por ejemplo: Prometeo, que robó el fuego para la gente, Sísifo, que engañó a la muerte: todos ellos simbolizan el deseo humano de desobediencia, de superar los límites establecidos por el destino que les es supuestamente ordenado desde antes de nacer. La pregunta es: ¿es este desafío un acto de osadía, de estupidez o una parte necesaria del desarrollo humano?

 Por un lado, los intentos de cambiar lo que está destinado pueden llevar a consecuencias trágicas. La tragedia griega está llena de ejemplos de héroes que, al intentar escapar de su destino predicho, unos lo lograron y otros murieron en el intento. Por otra parte, es precisamente a través de la desobediencia, del deseo de algo nuevo y del rechazo de la obediencia ciega que se logra el progreso, se hacen descubrimientos y el mundo cambia. La línea entre la audacia y la estupidez puede estar en la comprensión de las propias capacidades y limitaciones de cada uno de nosotros. Desafiar el destino basándose en la ignorancia y el exceso de confianza probablemente conducirá a la derrota.

 Sin embargo, una lucha consciente y equilibrada, destinada a mejorar la propia vida y la de los demás, puede justificarse incluso si implica riesgos. ¿Y, porque no hacerlo? Si la historia de la humanidad está llena de ejemplos de increíble resiliencia y resistencia, cuando las personas, encontrándose en las condiciones más difíciles, mantuvieron la fe en sí mismas y lucharon por su libertad. Desde los prisioneros de los campos de concentración hasta los disidentes políticos, desde los activistas por los derechos civiles hasta aquellos que luchan contra enfermedades terminales, todos demuestran que los límites de la resistencia humana pueden ser mucho mayores de lo que pensamos. Pero ¿existe realmente este límite?

 ¿Cuánto tiempo puede una persona soportar el sufrimiento físico y psicológico sin perder su personalidad y sin quebrarse bajo la presión de las circunstancias? La respuesta a esta pregunta es compleja y depende de muchos factores, entre ellos la predisposición genética, la crianza, el entorno social y, por supuesto, la fortaleza. Es importante entender que la resistencia no siempre significa lucha abierta. A veces puede ser una lucha interna, mantener la fe en tus ideales, esperanza en realizarlos, por amor propio y a la humanidad. Esto es valor cuando todo a tu alrededor se está desmoronando.

 Y aunque una persona no pueda cambiar las circunstancias, siempre puede elegir cómo reaccionar ante ellas, cómo percibir lo que sucede y cómo permanecer en esas condiciones. ¿Crear mi propio destino, o dejarme arrastrar por la corriente? - El fatalismo supone que todos los acontecimientos de nuestra vida están predeterminados e inevitables y que nuestras acciones no tienen influencia real en el curso de los acontecimientos.

 En cambio, la idea de la construcción activa de la realidad afirma que somos los “Arquitectos de nuestro propio destino” y podemos moldearlo con nuestros pensamientos, palabras y acciones. Quien se queda con la idea de que su destino ya está escrito, es solo una fuente de consuelo antes la cobardía de luchar para cambiarlo debido a que todo lo considera difícil, no es capaz de asumir responsabilidades, y deja que las cosas sigan sucediendo “Pasividad, inacción, falta de motivación para cambiar su vida”

 Cambiar tu destino requiere coraje, voluntad, actividad enfocada y definida, responsabilidad, y fe en ti mismo.  Esto significa que debemos fijar metas, desarrollar planes y trabajar persistentemente para alcanzarlas, superando obstáculos y aprendiendo de nuestros errores. “Nada es imposible” A veces el destino nos pone en situaciones en las que cambiar lo que está sucediendo parece imposible. En tales situaciones, hay que adoptar la forma de una resistencia abierta, para ro0mper lo que consideramos inevitable.

 Significa luchar contra aquello que podemos cambiar, tratando de encontrar una manera de vivir con ello manteniendo nuestra identidad y dignidad. Por ejemplo, una persona que enfrenta una enfermedad incurable no puede darse por vencida, sino continuar haciendo lo que ama, comunicarse con sus seres queridos y disfrutar cada día. - Una persona que se encuentra en una situación injusta no puede desperdiciar su energía luchando contra el sistema, sino dedicarse a ayudar a otras personas que se encuentran en una situación similar. “Buscar vivir en condiciones plenas controlando su vida, su voluntad, incluso cuando las condiciones, y circunstancias no se lo permitan”

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