NUESTRA MISIÓN EN
LA VIDA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
La mayoría de la gente, nace crece,
muere sin saber a qué vino a la vida, que quería, que aprendieron. Una persona
que vive su vida a la deriva no puede ser feliz y se debe a que el entusiasmo
surge de las metas que se plantea, en que su vida tenga un sentido. La
felicidad no es satisfacer los deseos, placeres o lograr comodidad para nuestro
cuerpo. Es
necesario tener una meta por la cual valió la pena y quisiera levantarse por la
mañana. Además, la presencia de una meta puede aliviar mucho el sufrimiento. Un
ejemplo de esto es una mujer que da a luz, que desea intensamente un hijo,
puede no notar el dolor que acompaña al parto. Por otro lado, una persona que
se dedica a actividades sin sentido se molestará por cualquier bagatela.
Para que el propósito de la vida nos
inspire, debe ser elevado, dirigido al bien del mundo y algo inalcanzable. Por
ejemplo, la mejor y, en general, la única opción correcta es lograr el Amor.
Sus derivados pueden ser: lograr la unidad con social en la familia, en la
sociedad y el en mundo, deshacerse del egoísmo, esparcir el Amor por el mundo,
salvar a la humanidad, etc. Puedes especificar tareas, por ejemplo: encontrar
una cura para una enfermedad incurable, revivir la cultura de tu pueblo, etc.
Las personas al llegar a viejas caen en depresión, unas por lo que han logrado
y otras por no lograr nada. Se enferman pensando, y su mente los lleva a morir.
El establecer nuevas metas, es lo que le permite al ser humano seguir vigente.
Por ejemplo, una persona se da a sí
misma una actitud: lo principal en la vida es defender su familia, casarse
tener hijos, defenderlos, cuidarlos, a sus amigos. Dar una buena educación a
los niños, etc., pero al lograr esto, una persona se topa con un muro de
energía y pierde el gusto por la vida. Un vívido ejemplo de esto son las
personas para quienes los logros profesionales son el principal significado de
la vida, y cuando pierden sus trabajos, se desvanecen rápidamente.
Es obvio que el nivel de nuestra vida
depende del nivel de amor con el crecemos en nuestro hogar, la otra parte
corresponde a nuestras metas personales. Por ejemplo, un niño dañado vive
soñando con vengarse de alguien, con hacer algo malo, lo que significa que toma
la ira, el rencor, la envidia, como banderas de guerra, y ello lo va
destruyendo en su interior.
Su cabeza generara ego, maldad,
arrogancia, burla, cinismo, lo que lo conduce tarde que temprano a su
degradación, a la oscuridad de sus instintos primitivos, siendo una persona a
la que le importe un comino lo que las personas piensen de sus malos actos y
solo se guía por sus propios intereses. Ese daño infantil le genera un deseo de
arrebatar a otros lo que el desee. Es un ser incapaz de ayudar a nadie, su idea
es solo ganar (Dinero, fama, placer etc.)
Un niño que crece en un hogar
amoroso, sin importar lo que le hagan las personas que lo rodean será motivo de
inspiración para otras personas, no solo vive para él, sino para el prójimo,
los animales, la naturaleza. El niño dañado en su hogar reflexiona en su
juventud que la vida es corta, y trata de obtener de ella el mayor placer
sensual y prestigio posible al precio que sea.
Y lo lograré, pase lo que pase, y se vengara
de la sociedad en su conjunto principalmente en aquellos que interfieran con
él. En una familia tranquila, armónica, se tiene una sensación de alegría, y
las plumas de los hijos crecen largas y resplandecientes. En una familia dañada
el niño crece con ansiedad, tensión, seco en ríos de amor. Su proceso
bioquímico se empieza a dañar en la infancia, sus primeras reacciones son en
emociones negativas. Puede enfermarse constamente, incluso su sonrisa alegre
oculta tras su mirada el sarcasmo. Nuestro hogar infantil es uno del más
importante tiempo/ espacio que determina nuestro destino.
La razón de una vida es una relación
debidamente construida. Es en el hogar y en la escuela primaria donde se dan
las observaciones para nuestros hábitos, carácter. Pero la razón de esta
relación es su cultura. La cultura es la manifestación exterior de tu carácter.
Donde se inicia aprender a controlar nuestros deseos, las acciones, la cualidad
humana. Es aprender a controlar la envidia, la codicia, ser amable, entender lo
que deseamos lograr, lo que necesitamos comprender nuestros valores, nuestros
ideales y, al mismo tiempo, comprobar si vivimos de acuerdo con ellos. Las
principales causas de nuestras enfermedades futuras se van acompañando de lo
que somos como personas, de la medicina humana para suprimirlas solo depende un
10%, el 15 % es hereditario.
Las causas mayores de enfermedades es el
carácter de las personas, la prevención en la infancia. Una persona egoísta,
envidiosa, codiciosa y enojada no puede venir de un hogar con infancia amorosa
y cuidado en su educación. La vida inicia y se empieza a construir en la
infancia con las personas que lo rodean. Cuanto más amor reciba, mayor poder
adquirirá su carácter y cualidades. Por eso los padres y maestros deben
trabajar con sus cualidades para que no sea derrotado por la frustración y
sufrimiento. Los padres que ven con claridad y se preparan para ser padres ven crecer a su hijo caminado con firmeza.
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