MI EXPERIENCIA COMO
ESTUDIANTE, Y MAESTRO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de la escuela Normal del Pacificio, Ex
Director General del Instituto Pedagogico Hispanoarmericano
Sí, me gusta ser maestro, realmente es lo mío en cualquier
área en la que me encuentre. Trabajé durante muchos años con diferentes grados
en primaria, secundaria, bachillerato, Universidad, y desde muy joven me di
cuenta que esto me apasionaba, mucho. Pero en ciertas etapas de mi vida
profesional decidí irme para luego regresar, fue una especie de juego de ping
pong en donde mucha tenía que ver mis necesidades económicas y mis emociones
psicológicas. Curiosamente desde muy joven me encontré de frente a la educación
trabajando con niños de 10 años de edad. Nunca sentí el estrés que muchos
maestros presentan conforme trascurre el ciclo escolar. Casi todos los días
sentía esa necesidad en estar midiendo el tiempo para llegar temprano, esa mi
norma y ha sido durante toda mi vida “Nunca llegar tarde”
Han pasado los años, y soy sincero, todavía extraño mucho la
escuela, extraño la sensación de clase, la comunicación real con los niños, con
los jóvenes universitarios. De hecho, a muchos de ellos, que hoy son
profesionistas cuando los veo en las redes o los encuentro en la calle, los
recuerdo con cariño. Por ejemplo: Ayer salude a una de mis alumnas quien en la
actualidad se desempeña como maestra de nivel primaria, y no hace ni un mes
salude a otra que en la actualidad es gerente de una empresa. Cada uno tomo su
camino, y de vez en cuando tengo la oportunidad de saber su paradero. De muchos
de ellos no he olvidado sus nombres, ni la clase de estudiantes que fueron,
incluso las actividades que les gustaban.
Unos amaban la
escuela, y pocos la odiaban. La escuela durante muchos años de mi vida fue mi
segundo hogar, y me era muy difícil salir de allí. De las materias como
estudiante de secundaria, me encantaba biología, literatura, historia, civismo,
y educación física, y las matemáticas se me hacia la más difícil, pero al igual
que las otras había que aprobarla. La enseñanza del idioma ingles no era muy
sólida su enseñanza ya que concretaba en aprender unas cuantas oraciones y
verbos que al final creó no nos llevaba a nada en cuanto hablarlo o escribirlo
por lo que era una materia casi perdida. A veces me gustaba la historia de
estudios sociales, pero la materia de civismo se centraba en que aprendiéramos
leyes. En la práctica, por regla general, cuando fallabas en obtener
calificaciones altas los maestros se encargaban de llamar a los padres, o
tutores para que nos exigieran mayor compromiso, y si nos portábamos mal nos
llevaban a la dirección a recibir un sermón del director.
La secundaria se caracterizó por la formación de jóvenes
honestos, y cada lunes el director en honores a la bandera se encargaba de
recordarnos nuestras responsabilidades, y compromisos con nuestros padres,
maestros, sociedad, escuela. Debo reconocer que a pesar de toda esta
catequización algunos de los estudiantes antes de terminar la secundaria se
convirtieron en deshonestos y los que fueron pescados en sus tranzas los
expulsaron. Otros aun siéndolo nadie los delato y se graduaron de secundaria
para continuar con sus fechorías en el bachillerato. Ante esto mi padre tenía
un dicho popular que “Árbol que nace torcido jamás se endereza”
Años despues en la Universidad, estudié Didáctica general,
didáctica aplicada, y despues de terminar la Universidad regresé a las aulas
con niños y en ellas me encontré con niños muy diferentes a los de mi época de
niño, nosotros éramos niños soñadores con un sentido desarrollado de
motivación. Me pareció que ahora los niños se dedican más a estudiar y menos a
soñar, y en secundaria y bachillerato, saben muy bien lo que quieren ser, no le
temen en absoluto a ninguna profesión. Para ellos, lo principal es estudiar
bien, para luego poder ganar dinero y de alguna manera mantenerse en el futuro.
Pero su lenguaje es muy corto, y además hablan raramente y muy poco de sus
sueños.
Ahora resulta que al llegar a la Universidad todos desean
verse convertidos en especialistas. En los campos universitarios encuentran
disponibles profesiones como informática, derecho, arquitectura, medicina,
enfermería. Actualmente no hay carreras creativas. La mayoría de las mujeres
eligen ser maestras, psicólogas, odontólogas, y su elección tiene que ver con
alguien de su círculo familiar. En mi familia muchos se han dedicado a la
docencia, y han brillado como maestros “Han sido buenos maestros”
En lo particular, me di cuenta de que quería enseñar cuando
estaba en el primer año de preparatoria, porque me di cuenta de que simplemente
me gustaba estar en ese ambiente. En esos años uno no se decidía a estudiar
para profesor por la miseria que un profesor de primaria ganaba, y de antemano
sabias que las chicas más bellas no voltearían a verte para una relación seria.
Sin embargo, mientras estaba en segundo de preparatoria lo probé, me di cuenta
de que realmente era mío “Amaba a los niños en su inocencia”.
Aprendí que cada vez que hables con un niño, no solo le
enseñarás algo, sino que también verás una respuesta que él entiende y que
luego compartirá algo contigo, entenderás que puedes confiar en ti; esto es muy
importante para mí. De esto se trata, ser maestro. - Nunca olvidaré la
sensación de estar solo frente a toda una clase y decirles algo durante 45
minutos, y todos solo te escuchan a ti, nadie se distrae. Esta implicación,
atención sólo a lo que usted dice y comprensión de usted mismo, probablemente
sea muy valiosa e importante. Esto es lo que atrae. Para conseguirlo hay que
ser muy creativo en estrategias pedagógicas, material y crear un ambiente
agradable. Pienso que la educación primaria es para todos, pero sepan que en
secundaria comienzan a abandonarla muchos, y detrás de ellos van sus amigos.
No es sencillo verse de repente convertido en responsable de
ti mismo, como también puede existir un aula ruidosa, un maestro mal preparado,
unos padres irresponsables, o muy ocupados consiguiendo el alimento de la
familia. Un maestro nunca olvida el contacto visual con los niños, escribir
algo en el pizarrón. En la escuela, y en el aula por regla general, surgen
problemas creándose una falta ambiente escolar agradable. Todo eso es lo que un
maestro recuerda, y no puede ser reemplazado. En las escuelas hasta el nivel de
preparatoria hay reglas para controlar, y si uno de los alumnos se desvía se
les avisa a sus padres para que controlen.
Hay un guion sobre cómo hablar con un niño, con un
adolescente, y con un padre, cuando surge alguna situación conflictiva. En
secundaria y preparatoria te das cuenta de que el tiempo de las lecciones es
limitado y no siempre logras hacer todo lo que planeaste. Y como resultado: los
finales de las lecciones se arrugan, porque suena el timbre, todos ya se están preparando
para salir huyendo. Como maestro deseas detenerlos “Esperen, aún no he
terminado...”
En preparatoria leí mucho sobre los filósofos clásicos, las
obras literarias reconocidas como excelentes, y creó que a partir de ahí la
lista de mis lecturas es muy basta. Además, luego leí textos de otros autores
clásicos, algo que no estaba disponible en los programas de la escuela. Creo
que, por supuesto, es necesario ajustar el programa de literatura. No me
corresponde a mí decidir, pero sería mejor mantenerse al día, agregar más
autores extranjeros, textos relevantes. Al contrario, hay algunas cosas que es
necesario eliminar.
Aun así, es importante que en la escuela se enseñen cosas
relevantes, y no leer y no entender nada “Analizar las obras, en sus tramas,
así como la vida de su autor, su entorno social, época, etc.” Muchas de las
obras son pesadas hablando psicológicamente para jóvenes de secundaria por
ejemplo “La guerra y la Paz de Leon Tolstoi” Es cruel y no creo que valga la
pena cargar con ello a los alumnos de secundaria. Considero mejor leer “La
rebelión en la granja” de George Orwell, o, “La hija de un clérigo es una
novela de 1935 del autor inglés George Orwell”.
- Cuenta la historia de Dorothy Hare, la hija de un clérigo,
cuya vida da un vuelco cuando sufre un ataque de amnesia. La hija del clérigo es una novela
completamente diferente de la sarcástica “Rebelión en la granja” - y de
“Distopía” de 1984. Una novela que te presentará a otro Orwell: un maestro del
realismo psicológico. La heroína de la novela, Dorothy, la hija del sacerdote,
profundamente religiosa y con una vida recta, pierde la memoria como resultado
de un accidente y se olvida por completo de su fe en Dios. Dorothy se convierte
en una pequeña delincuente y se une a una banda de vagabundos. Después de un
tiempo, su memoria regresa a ella, pero no su fe...
En mi etapa de primaria como alumno, no teníamos maestros
jóvenes, por lo que el carácter de nuestros maestros se había ido agriando. Honestamente,
entiendo lo difícil que era trabajar para ellos despues de 40/50 años en la
escuela. Para las nuevas generaciones de maestros egresados de escuelas
normales fue muy difícil ser aceptado por los que se consideraban eran un
apostolado en esa escuela. Para ellos era difícil ver a una maestra joven,
divertida, juguetona con estrategias pedagógicas novedosas a lo que ellos no
estaban acostumbrados.
Fue el enfrentamiento
en dos atmosferas de trabajo donde los viejos veían a los jóvenes como algo que
no era bueno, y los jóvenes deseaban preguntarles a los viejos sus secretos. De
hecho, a los viejos les dio miedo como también les dio miedo cuando llego el
llenar documentos electrónicos. El trabajo más desgastante lo tuve en
secundaria y preparatoria, porque era revisar a diario tareas, exámenes,
preparar clases, y esos montones de hojas me los llevaba a mi casa. No niego
que, al ver el poco avance y compresión en muchos de esos trabajos, me
preocupaba, incluso me sentía molesto por el tiempo que le invertía y el
resultado que recibía “Esa es parte de la rutina de un maestro”
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