viernes, 18 de abril de 2025

 

¡NO ME GUSTAN LOS ELOGIOS!

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Nunca me gustó la atención extra. Por lo tanto, si resulta que me elogian, comienza la vergüenza... sentimientos extraños. Tengo la sensación de que o bien me están elogiando en vano, pero sinceramente (lo sé, suena extraño), o bien es solo una broma y la persona que me elogia se está burlando de mí. De esto entendí dos cosas para mí: “Te elogian o te regañan” ¿por qué es mejor que nos regañen? Porque no lo merezco, además, porque la ira, la rabia y el disgusto son casi las emociones más sinceras. No me quejo. No hay necesidad de apoyarme, realmente no me gusta y además no lo necesito. Apoyo, elogio, ¿por qué? Aunque yo mismo apoyo a otros (aunque no crea realmente en lo que digo).

 Para mí es mejor ayudar con acciones que con palabras. Me pregunto (estúpidamente) si esto le sucede a mucha gente y si es normal.  Es correcto que el trabajo duro, la habilidad y el esfuerzo sean recompensados ​​con elogios y gratitud. ¿Por qué es tan difícil para algunos de nosotros aceptar el reconocimiento que merecemos? He notado recientemente que hay muchos consejos sobre cómo elogiar y dar retroalimentación positiva a quienes trabajan duro, pero muy pocos consejos sobre cómo recibir estas palabras alentadoras.

 No te compares, no intentes ser como nadie más. No lo lograrás. Sobre los elogios nos dejó dicho Arthur Schopenhauer “Lo valioso no es la fama, sino el valor con el que se gana” Por eso, ya no tolero muchas cosas, no porque me haya vuelto arrogante o altivo, sino simplemente porque he llegado a una etapa de mi vida en la que ya no quiero perder el tiempo en cosas que no me satisfacen, me ofenden y me causan dolor. Ya no voy a tolerar el cinismo, la crítica excesiva, las exigencias duras de ningún tipo.

 Ya no deseo complacer a quienes no me aprecian, amar a quienes no me aman ni sonreír a quienes no me sonríen. Ya no dedicaré ni un solo minuto a quienes me mienten o intentan manipularme. He decidido dejar de vivir en la pretensión, la hipocresía, las mentiras y los elogios baratos e insinceros. – “Si mides tu éxito por los elogios y las críticas de los demás, tu ansiedad será interminable” (Lao Tzu (-604) antiguo filósofo chino). - “Todos cometemos errores, pero quien reconoce su error y trata de corregirlo es digno de elogio” (Mahoma) – “Cuando hacen buenas obras, ¿acaso necesitan elogios vacíos?” (Alisher Navoi (1441-1501), poeta turco)

 Al aceptar elogios, muchas personas nos sentimos incómodas e inseguras, muchas veces porque no queremos parecer egoístas, aunque nos sintamos orgullosos de nuestros logros. En lugar de aceptar cortésmente un cumplido, lo rechazamos tímidamente o incluso negamos nuestros méritos por completo, cambiando la conversación a otro tema lo más rápido posible. Después de todo, a nadie le gustan las personas obsesionadas con los elogios “Solo los políticos se escapan de esta regla”.

 Un día al recibir uno de mis títulos, me sentía sumamente orgulloso por el logro. Mis invitados a la pequeña fiesta mientras esta avanzaba todos me saludaban con cumplidos ¡Parecía que todos estaban allí para felicitarme, o para disfrutar la fiesta sin costo alguno! Me sentí confundido, y un poco abrumado por tantos elogios inesperados, incluso mi ego y vanidad comenzaba a ceder el control ante los elogios constantes, traté de desviar las palabras amables y mezclarme con el fondo de las pláticas.

 Nervioso bromeaba diciendo que solo fue cuestión de suerte y oportunidad. Pensé que agregar algo más a los comentarios sería autocomplaciente. Les aseguré a todos que mis resultados no tenían nada que ver con mi carácter, talento, inteligencia solo con un trabajo duro, tesonero, terco. Y que fue mi conciencia quien me obligo a ir a fondo. Mi idea de todo esto es que al momento en que aceptas un elogio, ya no lo mereces. Es mejor parecer extremadamente modesto que demasiado vanidoso ¿verdad?

 Soy de esas personas que cree, que los elogios nos afectan en nuestros sentimientos, y que pocos de nosotros aguatamos a esa necesidad cayendo de lleno en el fondo de los vanidosos. Tambien me preocupa que los elogios vayan dirigidos a manipularme o atrás de ellos se esconda la envidia de quien lo hace. ¿Qué hace un elogio? Nos hace sentirnos exagerados, valorados, que somos más importantes de lo que realmente somos. En el trabajo con frecuencia nos elogian para extraer mayor entrega, compromiso, producto que signifique dinero, enseguida el jefe aumentara su carga de trabajo sobre ti con el mismo pagó.

 Sea cual sea el motivo, rechazar un elogio también puede ser percibido como arrogancia e incluso puede hacer que nuestra modestia parezca más una simulación. Imagínate que un joven ha ganado un maratón muy competido, y su familia y amigos le aplauden, pero él se encoge de hombros como si se tratara de un paseo por el parque. ¿Esta actitud parece restar importancia al esfuerzo y al agotamiento de otros competidores, o implica que tiene la resistencia de un superhéroe? Por ello creo que encontrar el equilibrio adecuado entre el orgullo y la vanidad es la clave para aceptar los elogios de manera educada. No hay por qué tener miedo de lo que viene después de las palabras bonitas.

 A menudo, un elogio es simplemente una recompensa y el respeto es lo único que viene después. Despues de todo si no nos atrevemos aceptar los elogios, es decir no los disfrutamos estamos aceptando que lo que hicimos no fue tan difícil después de todo. Uno de los factores más importantes que contribuyen a nuestra renuencia a aceptar elogios es la cultura de la “crítica constructiva”. En cualquier reunión individual o revisión anual, esperamos el temido “pero” después de escuchar cosas buenas sobre nosotros mismos. Estamos más acostumbrados a escuchar lo que hay que mejorar que simples elogios.

 En muchos trabajos, me ha resultado difícil celebrar cada logro significativo, y reconozco que me han servido como motivación, pero también he visto cómo puede generar envidia y competencia. En aquella fiesta veía los rostros alegres, y en realidad no creía que estuvieran tan felices por mí, sino por lo que consumían y comían. Un título no sirve de mucho, hay millones regados por el mundo, pero aún se continúa festejando como “Muy bien hecho” Creo que es completamente normal aceptar elogios. Las palabras sinceras de admiración sólo se dan a quienes las merecen. Alguien que diga: “Fuiste realmente bueno” o “No podríamos haberlo hecho sin ti” puede aumentar tu autoestima y hacerte sentir muy bien.

 Uno de nuestros grandes problemas es, que despues de recibir un elogio, nos llega una petición. La gran mayoría de los elogios no son sinceros, y despues de que ayudamos a conseguir lo que esa persona pretende sacarnos, y ya no espera nada de nosotros se aleja, olvida o nos critica a nuestras espaldas. Debemos recordar que la persona que nos elogió, con la intención de sacar provecho nos provocó una emoción positiva tan fuerte, y cuando consigue su objetivo, es otra persona totalmente diferente. ¿Por qué accedemos a conceder lo que esa persona nos demanda mediante la manipulación de nuestras emociones? a que te elogia. Por ese mensaje exige un pagó.

 Después de todo, el significado de nuestra vida y el propósito de todas nuestras acciones radica en la búsqueda de emociones positivas. Y, caes creyendo que te admira cuando en realidad son otros sus propósitos. A ¿Qué personas buscan los manipuladores para elogiarlas? Suelen ser personas amables, buenas, pero ingenuas. Por ello juegan con sus sentimientos utilizando su ego y vanidad. Tambien son personas que quieren ser buenas y complacer a los demás. Es difícil negarse, defender el propio punto de vista, es más fácil llegar a un acuerdo que entrar en conflicto.

 Ser una buena persona es un punto de debilidad, y de ingenuidad y es por eso que consiente caer en ese juego siendo utilizada. Una persona que elogia a otra que no cuenta con la protección madura de su ego y vanidad le puede resultar beneficiosa, es vulnerable y es donde se aprovecha para jugar con sus sentimientos. Quien elogia se puede presentar como una persona indefensa, que sufre, y es incapaz de resolver sus problemas por sí sola. Puede utilizar argumentos sobre los constantes agravios que sufre, y esto implica que el elogiado debe salvarla.  “Solo puedo recurrir a ti, porque eres mi única salvación, tu eres bueno, me entiendes”, “Estoy seguro de que sabes sobre esto y aquello porque eres muy inteligente”

 Enseguida te llevara al terreno de los recuerdos para hacer que te sientas obligado, lo que significa que se los debes. Te elogiara comparándote. Cuando te das cuenta de que te están manipulando, tienes una opción: defenderte o seguir el guion del manipulador. Todo depende de cómo te sientes respecto a tus límites personales. También puede ser el caso que hacer concesiones sea tu norma en una relación particular porque sinceramente quieres ayudar a esa persona. Siempre y cuando no lo hagas en contra de tu voluntad.

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