¡NO ME GUSTAN LOS
ELOGIOS!
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Nunca me gustó la atención extra. Por lo tanto, si resulta
que me elogian, comienza la vergüenza... sentimientos extraños. Tengo la
sensación de que o bien me están elogiando en vano, pero sinceramente (lo sé,
suena extraño), o bien es solo una broma y la persona que me elogia se está
burlando de mí. De esto entendí dos cosas para mí: “Te elogian o te regañan”
¿por qué es mejor que nos regañen? Porque no lo merezco, además, porque la ira,
la rabia y el disgusto son casi las emociones más sinceras. No me quejo. No hay
necesidad de apoyarme, realmente no me gusta y además no lo necesito. Apoyo,
elogio, ¿por qué? Aunque yo mismo apoyo a otros (aunque no crea realmente en lo
que digo).
Para mí es mejor ayudar con acciones que con palabras. Me
pregunto (estúpidamente) si esto le sucede a mucha gente y si es normal. Es correcto que el trabajo duro, la habilidad
y el esfuerzo sean recompensados con elogios y gratitud. ¿Por qué es tan difícil para algunos de nosotros
aceptar el reconocimiento que merecemos? He notado recientemente que hay muchos
consejos sobre cómo elogiar y dar retroalimentación positiva a quienes trabajan
duro, pero muy pocos consejos sobre cómo recibir estas palabras alentadoras.
No te compares, no intentes ser como nadie más. No lo
lograrás. Sobre los elogios nos dejó dicho Arthur Schopenhauer “Lo valioso no
es la fama, sino el valor con el que se gana” Por eso, ya no tolero muchas
cosas, no porque me haya vuelto arrogante o altivo, sino simplemente porque he
llegado a una etapa de mi vida en la que ya no quiero perder el tiempo en cosas
que no me satisfacen, me ofenden y me causan dolor. Ya no voy a tolerar el
cinismo, la crítica excesiva, las exigencias duras de ningún tipo.
Ya no deseo complacer a quienes no me aprecian, amar a
quienes no me aman ni sonreír a quienes no me sonríen. Ya no dedicaré ni un
solo minuto a quienes me mienten o intentan manipularme. He decidido dejar de
vivir en la pretensión, la hipocresía, las mentiras y los elogios baratos e
insinceros. – “Si mides tu éxito por los elogios y las críticas de los demás,
tu ansiedad será interminable” (Lao Tzu (-604) antiguo filósofo chino). -
“Todos cometemos errores, pero quien reconoce su error y trata de corregirlo es
digno de elogio” (Mahoma) – “Cuando hacen buenas obras, ¿acaso necesitan
elogios vacíos?” (Alisher Navoi (1441-1501), poeta turco)
Al aceptar elogios, muchas personas nos sentimos incómodas e
inseguras, muchas veces porque no queremos parecer egoístas, aunque nos
sintamos orgullosos de nuestros logros. En lugar de aceptar cortésmente un
cumplido, lo rechazamos tímidamente o incluso negamos nuestros méritos por
completo, cambiando la conversación a otro tema lo más rápido posible. Después
de todo, a nadie le gustan las personas obsesionadas con los elogios “Solo los
políticos se escapan de esta regla”.
Un día al recibir uno de mis títulos, me sentía sumamente
orgulloso por el logro. Mis invitados a la pequeña fiesta mientras esta
avanzaba todos me saludaban con cumplidos ¡Parecía que todos estaban allí para
felicitarme, o para disfrutar la fiesta sin costo alguno! Me sentí confundido,
y un poco abrumado por tantos elogios inesperados, incluso mi ego y vanidad
comenzaba a ceder el control ante los elogios constantes, traté de desviar las
palabras amables y mezclarme con el fondo de las pláticas.
Nervioso bromeaba diciendo que solo fue cuestión de suerte y
oportunidad. Pensé que agregar algo más a los comentarios sería
autocomplaciente. Les aseguré a todos que mis resultados no tenían nada que ver
con mi carácter, talento, inteligencia solo con un trabajo duro, tesonero,
terco. Y que fue mi conciencia quien me obligo a ir a fondo. Mi idea de todo
esto es que al momento en que aceptas un elogio, ya no lo mereces. Es mejor
parecer extremadamente modesto que demasiado vanidoso ¿verdad?
Soy de esas personas
que cree, que los elogios nos afectan en nuestros sentimientos, y que pocos de
nosotros aguatamos a esa necesidad cayendo de lleno en el fondo de los
vanidosos. Tambien me preocupa que los elogios vayan dirigidos a manipularme o
atrás de ellos se esconda la envidia de quien lo hace. ¿Qué hace un elogio? Nos
hace sentirnos exagerados, valorados, que somos más importantes de lo que
realmente somos. En el trabajo con frecuencia nos elogian para extraer mayor
entrega, compromiso, producto que signifique dinero, enseguida el jefe
aumentara su carga de trabajo sobre ti con el mismo pagó.
Sea cual sea el
motivo, rechazar un elogio también puede ser percibido como arrogancia e
incluso puede hacer que nuestra modestia parezca más una simulación. Imagínate
que un joven ha ganado un maratón muy competido, y su familia y amigos le
aplauden, pero él se encoge de hombros como si se tratara de un paseo por el
parque. ¿Esta actitud parece restar importancia al esfuerzo y al agotamiento de
otros competidores, o implica que tiene la resistencia de un superhéroe? Por
ello creo que encontrar el equilibrio adecuado entre el orgullo y la vanidad es
la clave para aceptar los elogios de manera educada. No hay por qué tener miedo
de lo que viene después de las palabras bonitas.
A menudo, un elogio es
simplemente una recompensa y el respeto es lo único que viene después. Despues
de todo si no nos atrevemos aceptar los elogios, es decir no los disfrutamos
estamos aceptando que lo que hicimos no fue tan difícil después de todo. Uno de
los factores más importantes que contribuyen a nuestra renuencia a aceptar
elogios es la cultura de la “crítica constructiva”. En cualquier reunión
individual o revisión anual, esperamos el temido “pero” después de escuchar
cosas buenas sobre nosotros mismos. Estamos más acostumbrados a escuchar lo que
hay que mejorar que simples elogios.
En muchos trabajos, me ha resultado difícil celebrar cada
logro significativo, y reconozco que me han servido como motivación, pero
también he visto cómo puede generar envidia y competencia. En aquella fiesta
veía los rostros alegres, y en realidad no creía que estuvieran tan felices por
mí, sino por lo que consumían y comían. Un título no sirve de mucho, hay
millones regados por el mundo, pero aún se continúa festejando como “Muy bien
hecho” Creo que es completamente normal aceptar elogios. Las palabras sinceras
de admiración sólo se dan a quienes las merecen. Alguien que diga: “Fuiste
realmente bueno” o “No podríamos haberlo hecho sin ti” puede aumentar tu
autoestima y hacerte sentir muy bien.
Uno de nuestros grandes problemas es, que despues de recibir
un elogio, nos llega una petición. La gran mayoría de los elogios no son
sinceros, y despues de que ayudamos a conseguir lo que esa persona pretende
sacarnos, y ya no espera nada de nosotros se aleja, olvida o nos critica a
nuestras espaldas. Debemos recordar que la persona que nos elogió, con la
intención de sacar provecho nos provocó una emoción positiva tan fuerte, y
cuando consigue su objetivo, es otra persona totalmente diferente. ¿Por qué
accedemos a conceder lo que esa persona nos demanda mediante la manipulación de
nuestras emociones? a que te elogia. Por ese mensaje exige un pagó.
Después de todo, el significado de nuestra vida y el
propósito de todas nuestras acciones radica en la búsqueda de emociones
positivas. Y, caes creyendo que te admira cuando en realidad son otros sus
propósitos. A ¿Qué personas buscan los manipuladores para elogiarlas? Suelen
ser personas amables, buenas, pero ingenuas. Por ello juegan con sus
sentimientos utilizando su ego y vanidad. Tambien son personas que quieren ser
buenas y complacer a los demás. Es difícil negarse, defender el propio punto de
vista, es más fácil llegar a un acuerdo que entrar en conflicto.
Ser una buena persona es un punto de debilidad, y de ingenuidad
y es por eso que consiente caer en ese juego siendo utilizada. Una persona que
elogia a otra que no cuenta con la protección madura de su ego y vanidad le
puede resultar beneficiosa, es vulnerable y es donde se aprovecha para jugar
con sus sentimientos. Quien elogia se puede presentar como una persona
indefensa, que sufre, y es incapaz de resolver sus problemas por sí sola. Puede
utilizar argumentos sobre los constantes agravios que sufre, y esto implica que
el elogiado debe salvarla. “Solo puedo
recurrir a ti, porque eres mi única salvación, tu eres bueno, me entiendes”,
“Estoy seguro de que sabes sobre esto y aquello porque eres muy inteligente”
Enseguida te llevara al terreno de los recuerdos para hacer
que te sientas obligado, lo que significa que se los debes. Te elogiara
comparándote. Cuando te das cuenta de que te están manipulando, tienes una
opción: defenderte o seguir el guion del manipulador. Todo depende de cómo te
sientes respecto a tus límites personales. También puede ser el caso que hacer
concesiones sea tu norma en una relación particular porque sinceramente quieres
ayudar a esa persona. Siempre y cuando no lo hagas en contra de tu voluntad.
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