EXPERIENCIA
“COMO ESCRITOR”
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Para un aprendiz de historia política en
México, del último período Neoliberal, el acceso a la información era muy
difícil, a menudo absurdamente difícil. El aislamiento ideológico no permitía
familiarizarse no sólo con obras políticamente poco fiables, sino incluso con
los productos políticamente neutrales y masivos de la ciencia occidental. Los
libros que llegaron a las bibliotecas Universitarias, fueron insuficientes.
Durante todo el tiempo tuve que tropezar con lagunas, especialmente en lo que
respecta a la ciencia moderna, la teoría y las reflexiones metodológicas. A los
censores de la época les parecían ideológicamente dudosos, a menudo por razones
muy extrañas.
Por ejemplo, cuando ya era estudiante
Universitario, me adentré por primera vez en la búsqueda de literatura con
visiones diferentes a lo que el gobierno institucional seleccionaba para que
los Universitarios leyeran en sus bibliotecas. Si, deseabas leer otro tipo de
literatura por ejemplo libros sobre marxismo había que adquirirlos fuera de la
Universidad, lo mismo sucedía con Trotsky, etc. En tal situación de déficit de
información, un estudiante de escasos recursos económicos fue necesario
recurrir a fuentes aleatorias: algunos libros se encontraron en librerías de
segunda mano, otros se encontraban entre amigos y conocidos.
En el sentido moral de esta etapa de mi vida no
existía en la mente del estudiante el robar libros por necesidad, y el que te
prestaban debías regresarlo en un tiempo suficiente para que lo leyeras. Este
tipo de libros por lo general no estaban disponibles, ni aparecían en ofertas
en las librerías. Durante esos años asistí a conferencias oficiales convocadas
por las autoridades Universitarias en los auditorios dentro de los campos
universitarios. Muchos de estos conferencistas me impactaron. Cuando me gradué
de la universidad, sabía que estudiaría literatura inglesa, y literatura francesa
y que probablemente nunca vería estos países.
Era casi imposible para un estudiante común y
corriente, sin conexiones especiales ni estatus en la nomenclatura política,
viajar simplemente a Francia por asuntos turísticos, pero por alguna razón se
atravesó en mi destino y fue una feliz excepción, y tuve que contentarme con
Francia, sin la posibilidad de visitar la gran Bretaña. Sin embargo, seguí
investigando la literatura de ambos países y sus escritores. Ocasionalmente
publicaba pequeños artículos sobre esos autores sin meterme en la crítica. En
cierta medida, solo era un acercamiento con ellos. La idea de razonar, analizar
y criticar sus obras me vino despues. En cierto sentido me vi convertido en un
fisgón de escritores que vivieron en otra época, en otro país, con entorno y
cultura diferente.
Fue cuidando me dije “Tienes derecho hacerlo,
pero no te mezcles en sus ideas, has un trabajo que solo proporcioné tu luz
entre las personas que deseen leerte, así que trabaja para el futuro de las
personas jóvenes que desean razonar, analizar en estado social, la cultura que
los ha ido bañando en literatura. Antes de analizar las obras y sus autores,
los leí en todo lo que pude cayera en mis manos, y fui acumulando un acervo de
conocimientos para luego aplicarlo en las obras. En principio me vi envuelto en
un mundo de errores personales por mi analfabetismo literario.
Pero comencé a leer a escritores serios,
reconocidos, galardonados para comprender mejor sus ideas, y de esta forma ayudarme
a superar mis ineficiencias. Lo primero que debía quitar de mis escritos fue la
redundancia en la redacción (Redundancia es un término de la teoría de la
información que significa que un mensaje contiene más elementos de información
de los necesarios para su transmisión). En pocas palabras, es “metabolizar
ideas, y no solo masticarlas” Explicarlas más allá de sus palabras de forma
entendible, a partir de aquí, es decir me dediqué a una modesta labor
educativa, impulsando al público lector a percibir los textos con menos
dificultad en términos, y en ideas profundas. – No es que pensara que los
lectores son ignorantes, sino que no todas las redacciones son específicas para
todas las conciencias. Despues me vino la idea de publicar mi propio primer
libro fue un proceso bastante largo y formalizado. Lo primero era poner en
manos de un evaluador la lectura para ver su aceptación del libro.
Esa persona debía considerarlo, y luego
comentar conmigo sus observaciones a la revisión de tipo académica. Sobre todo,
que fuera una persona con conocimientos del tema. Este proceso en si fue muy
problemático, y al final me di cuenta que la opinión del lector significaba
poco y el libro que lo que me recomendaba de acuerdo a mis ideas serán
fácilmente rechazadas, o al menos le haría caso eliminando los errores
detectables.
El siguiente paso, era enfrentarme a los
editores de libros “Los asesinos de la creatividad literaria” - Son
excesivamente duros con los que no traen bajo el brazo una recomendación, y
ejercen un control despiadado para con ellos, incluso antes de leer el libro
que les estas entregando recibes un regaño comportándose como los policías del
miedo para que nadie se atreva a querer publicar debido a que ese es terreno
propio y conquistado de ellos “Cultura del miedo” en la que el que desee
publicar debe ser sumiso, entrenado para contantemente tenerle miedo y hacer lo
que esta persona señala los supuestos errores, o malas interpretaciones.
A esto se suman las envidias, control del
mérito, critica y juzgamiento de tus ideas, el eliminarle esto, y jactarse de
sus logros académicos. No lo niego, hable con muchos muy competentes, pero
también con ignorantes que se dedicaban al formulismo intrascendente
(Incompetentes) Quizás, este fue el principal camino en mi aprendizaje. Debía
ampliar mi circulo editorial que me permitiera participar activamente en la
difusión de la cultura. Comencé a pensar el abrir fronteras y existió la
posibilidad de la editorial Amazon con quien me puse en contacto directo, y
envié por primera vez un primer libro. Fue en ese momento que me di cuenta del
alcance de la computadora y el internet. Busqué viejos artículos guardados y
escritos con una máquina de escribir vieja, y comencé a reescribirlos en la
computadora.
Al final mi primer libro estaba a la venta en
muchos países. De esa experiencia a la fecha me han publicado más de 100
libros. Por supuesto no dejo de caer en el error de mi formación académica
cayendo muchas veces en mi regionalismo lingüístico, pero sigo trabajando en
ello. Mi viaje a Paris fue muy especial. Digamos que mientras caminaba por la
ciudad, inmediatamente encontré calles que se mencionan en los cuentos de
Sartre. Así que no experimenté ningún choque cultural real. Incluso, la barrera
cultural no se sintió mucho. Quizás, en retrospectiva, exagero la facilidad con
que me fue entrar en el ambiente francés, pero siempre me pareció que uno
debería entender estas cosas simplemente en virtud de la formación profesional.
A partir de 1988, se pusieron de moda los
libros de segunda mano, y en los puestos de revista de la ciudad de México en
donde estaba estudiando se vendían cualquier tipo de tonterías que les llamaban
literatura popular “Comercial” Tambien existían las grandes librerías con
excelente literatura intelectual, pero la mayoría de alto costo (La mayoría de
los puestos de revistas desaparecieron y las grandes librerías algunas de ellas
sobreviven y aún existen hoy). Surgieron las editoriales universitarias con
dinero público que en su gran mayoría se manejan como si fueran privadas para
un pequeño grupo selecto que las controla, quienes a través de sus
publicaciones buscan ganarse una reputación, y aumento en su sueldo.
Incluso publican antologías del crimen sin que
eso les genere problemas. A todos mis compañeros universitarios les interesaban
los temas de literatura, lo sabía por sus comentarios. Fue una clase con un
nivel educativo amplio, interesada en todo el campo de las humanidades y, en
parte, incluso en las ciencias naturales. Estas personas estaban dispuestas a
procesar los logros de diferentes disciplinas en algún tipo de desarrollo
intelectual general. Era precisamente parte de este tipo de estudiantes
universitarios. Con el paso del tiempo me doy cuenta que la mayoría de las
personas no leen, ni siquiera en los temas profesionales en los que están
involucrados, y tienen, a menudo, simplemente distorsionada la función social,
política, económica de su profesión.
Lo veo, escucho en su forma de hablar y de
pensar, simplemente vivimos en una cultura dividida en todos sus componentes lo
que nos hace más conflictiva la vida, cada diálogo, un entendimiento mutuo, a
menudo la apropiación por la fuerza de las ideas de otras personas, su
transformación para satisfacer las propias necesidades. Todo esto hay que
tenerlo en cuenta y estudiarlo. La sociedad actual ignorancia colectiva lucha
por el dominio, se desarrolla, se entrecruza, se reemplaza la realidad mediante
el discurso, etc.
Mi critica no es en el sentido de encontrar
defectos en las obras de los autores, o destruir las ideas propias, es decir
para mi es descubrir aplicabilidad de las ideas: descubrir de dónde viene ésta
o aquella, en qué contexto original era justificadamente aplicable y más allá
de qué límites pierde su aplicabilidad, dónde necesita ser repensada,
apropiársela o reemplazada por otras.
No me gusta llenar un libro de citas porque
considero que “No somos esclavos de los antiguos generadores de ideas, sino
creadores nuevos” - En un texto literario, y en general en los textos que
estudia la ciencia, hay que ser capaz de encontrar no sólo lo que hay en ellos,
sino también lo que no hay en ellos. Y, el hecho de citar nos pone límites, nos
excluye, nos silencia de lo que percibimos “Es ausencia” La percepción al leer
y escribir una crítica, es como ver el mar, primero con los ojos del autor, y
enseguida con los propios.
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