jueves, 3 de abril de 2025

 

EXPERIENCIA “COMO ESCRITOR”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Para un aprendiz de historia política en México, del último período Neoliberal, el acceso a la información era muy difícil, a menudo absurdamente difícil. El aislamiento ideológico no permitía familiarizarse no sólo con obras políticamente poco fiables, sino incluso con los productos políticamente neutrales y masivos de la ciencia occidental. Los libros que llegaron a las bibliotecas Universitarias, fueron insuficientes. Durante todo el tiempo tuve que tropezar con lagunas, especialmente en lo que respecta a la ciencia moderna, la teoría y las reflexiones metodológicas. A los censores de la época les parecían ideológicamente dudosos, a menudo por razones muy extrañas.

 Por ejemplo, cuando ya era estudiante Universitario, me adentré por primera vez en la búsqueda de literatura con visiones diferentes a lo que el gobierno institucional seleccionaba para que los Universitarios leyeran en sus bibliotecas. Si, deseabas leer otro tipo de literatura por ejemplo libros sobre marxismo había que adquirirlos fuera de la Universidad, lo mismo sucedía con Trotsky, etc. En tal situación de déficit de información, un estudiante de escasos recursos económicos fue necesario recurrir a fuentes aleatorias: algunos libros se encontraron en librerías de segunda mano, otros se encontraban entre amigos y conocidos.

 En el sentido moral de esta etapa de mi vida no existía en la mente del estudiante el robar libros por necesidad, y el que te prestaban debías regresarlo en un tiempo suficiente para que lo leyeras. Este tipo de libros por lo general no estaban disponibles, ni aparecían en ofertas en las librerías. Durante esos años asistí a conferencias oficiales convocadas por las autoridades Universitarias en los auditorios dentro de los campos universitarios. Muchos de estos conferencistas me impactaron. Cuando me gradué de la universidad, sabía que estudiaría literatura inglesa, y literatura francesa y que probablemente nunca vería estos países.

 Era casi imposible para un estudiante común y corriente, sin conexiones especiales ni estatus en la nomenclatura política, viajar simplemente a Francia por asuntos turísticos, pero por alguna razón se atravesó en mi destino y fue una feliz excepción, y tuve que contentarme con Francia, sin la posibilidad de visitar la gran Bretaña. Sin embargo, seguí investigando la literatura de ambos países y sus escritores. Ocasionalmente publicaba pequeños artículos sobre esos autores sin meterme en la crítica. En cierta medida, solo era un acercamiento con ellos. La idea de razonar, analizar y criticar sus obras me vino despues. En cierto sentido me vi convertido en un fisgón de escritores que vivieron en otra época, en otro país, con entorno y cultura diferente.

 Fue cuidando me dije “Tienes derecho hacerlo, pero no te mezcles en sus ideas, has un trabajo que solo proporcioné tu luz entre las personas que deseen leerte, así que trabaja para el futuro de las personas jóvenes que desean razonar, analizar en estado social, la cultura que los ha ido bañando en literatura. Antes de analizar las obras y sus autores, los leí en todo lo que pude cayera en mis manos, y fui acumulando un acervo de conocimientos para luego aplicarlo en las obras. En principio me vi envuelto en un mundo de errores personales por mi analfabetismo literario.

 Pero comencé a leer a escritores serios, reconocidos, galardonados para comprender mejor sus ideas, y de esta forma ayudarme a superar mis ineficiencias. Lo primero que debía quitar de mis escritos fue la redundancia en la redacción (Redundancia es un término de la teoría de la información que significa que un mensaje contiene más elementos de información de los necesarios para su transmisión). En pocas palabras, es “metabolizar ideas, y no solo masticarlas” Explicarlas más allá de sus palabras de forma entendible, a partir de aquí, es decir me dediqué a una modesta labor educativa, impulsando al público lector a percibir los textos con menos dificultad en términos, y en ideas profundas. – No es que pensara que los lectores son ignorantes, sino que no todas las redacciones son específicas para todas las conciencias. Despues me vino la idea de publicar mi propio primer libro fue un proceso bastante largo y formalizado. Lo primero era poner en manos de un evaluador la lectura para ver su aceptación del libro.

 Esa persona debía considerarlo, y luego comentar conmigo sus observaciones a la revisión de tipo académica. Sobre todo, que fuera una persona con conocimientos del tema. Este proceso en si fue muy problemático, y al final me di cuenta que la opinión del lector significaba poco y el libro que lo que me recomendaba de acuerdo a mis ideas serán fácilmente rechazadas, o al menos le haría caso eliminando los errores detectables.

 El siguiente paso, era enfrentarme a los editores de libros “Los asesinos de la creatividad literaria” - Son excesivamente duros con los que no traen bajo el brazo una recomendación, y ejercen un control despiadado para con ellos, incluso antes de leer el libro que les estas entregando recibes un regaño comportándose como los policías del miedo para que nadie se atreva a querer publicar debido a que ese es terreno propio y conquistado de ellos “Cultura del miedo” en la que el que desee publicar debe ser sumiso, entrenado para contantemente tenerle miedo y hacer lo que esta persona señala los supuestos errores, o malas interpretaciones.

 A esto se suman las envidias, control del mérito, critica y juzgamiento de tus ideas, el eliminarle esto, y jactarse de sus logros académicos. No lo niego, hable con muchos muy competentes, pero también con ignorantes que se dedicaban al formulismo intrascendente (Incompetentes) Quizás, este fue el principal camino en mi aprendizaje. Debía ampliar mi circulo editorial que me permitiera participar activamente en la difusión de la cultura. Comencé a pensar el abrir fronteras y existió la posibilidad de la editorial Amazon con quien me puse en contacto directo, y envié por primera vez un primer libro. Fue en ese momento que me di cuenta del alcance de la computadora y el internet. Busqué viejos artículos guardados y escritos con una máquina de escribir vieja, y comencé a reescribirlos en la computadora.

 Al final mi primer libro estaba a la venta en muchos países. De esa experiencia a la fecha me han publicado más de 100 libros. Por supuesto no dejo de caer en el error de mi formación académica cayendo muchas veces en mi regionalismo lingüístico, pero sigo trabajando en ello. Mi viaje a Paris fue muy especial. Digamos que mientras caminaba por la ciudad, inmediatamente encontré calles que se mencionan en los cuentos de Sartre. Así que no experimenté ningún choque cultural real. Incluso, la barrera cultural no se sintió mucho. Quizás, en retrospectiva, exagero la facilidad con que me fue entrar en el ambiente francés, pero siempre me pareció que uno debería entender estas cosas simplemente en virtud de la formación profesional.

 A partir de 1988, se pusieron de moda los libros de segunda mano, y en los puestos de revista de la ciudad de México en donde estaba estudiando se vendían cualquier tipo de tonterías que les llamaban literatura popular “Comercial” Tambien existían las grandes librerías con excelente literatura intelectual, pero la mayoría de alto costo (La mayoría de los puestos de revistas desaparecieron y las grandes librerías algunas de ellas sobreviven y aún existen hoy). Surgieron las editoriales universitarias con dinero público que en su gran mayoría se manejan como si fueran privadas para un pequeño grupo selecto que las controla, quienes a través de sus publicaciones buscan ganarse una reputación, y aumento en su sueldo.

 Incluso publican antologías del crimen sin que eso les genere problemas. A todos mis compañeros universitarios les interesaban los temas de literatura, lo sabía por sus comentarios. Fue una clase con un nivel educativo amplio, interesada en todo el campo de las humanidades y, en parte, incluso en las ciencias naturales. Estas personas estaban dispuestas a procesar los logros de diferentes disciplinas en algún tipo de desarrollo intelectual general. Era precisamente parte de este tipo de estudiantes universitarios. Con el paso del tiempo me doy cuenta que la mayoría de las personas no leen, ni siquiera en los temas profesionales en los que están involucrados, y tienen, a menudo, simplemente distorsionada la función social, política, económica de su profesión.

 Lo veo, escucho en su forma de hablar y de pensar, simplemente vivimos en una cultura dividida en todos sus componentes lo que nos hace más conflictiva la vida, cada diálogo, un entendimiento mutuo, a menudo la apropiación por la fuerza de las ideas de otras personas, su transformación para satisfacer las propias necesidades. Todo esto hay que tenerlo en cuenta y estudiarlo. La sociedad actual ignorancia colectiva lucha por el dominio, se desarrolla, se entrecruza, se reemplaza la realidad mediante el discurso, etc.

 Mi critica no es en el sentido de encontrar defectos en las obras de los autores, o destruir las ideas propias, es decir para mi es descubrir aplicabilidad de las ideas: descubrir de dónde viene ésta o aquella, en qué contexto original era justificadamente aplicable y más allá de qué límites pierde su aplicabilidad, dónde necesita ser repensada, apropiársela o reemplazada por otras.

 No me gusta llenar un libro de citas porque considero que “No somos esclavos de los antiguos generadores de ideas, sino creadores nuevos” - En un texto literario, y en general en los textos que estudia la ciencia, hay que ser capaz de encontrar no sólo lo que hay en ellos, sino también lo que no hay en ellos. Y, el hecho de citar nos pone límites, nos excluye, nos silencia de lo que percibimos “Es ausencia” La percepción al leer y escribir una crítica, es como ver el mar, primero con los ojos del autor, y enseguida con los propios.

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