ALMA JUSTICIERA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de la escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
He vivido bien hasta el día de hoy, o mal, en ciertos momentos, pero creo que he pasado por todo y por nada. En tenido de sobra en conflictos, en habladurías, enemigos que se dijeron amigos, en luchas sociales. Cerca se va viendo el final de mi camino, y en estos momentos reflexiono para darme aliento y volver a la carga para terminar mis dias como un digno luchador de las causas justas. Es verdad no lo creía cuando joven que el alma se cansa y que llega el momento en ver que muchas de las intenciones buenas quedaron en eso, por eso es la fragilidad de la vida que se lo lleva todo con la vanidad envuelta para regalo.
Llega el momento en que te paras, y reflexionas ¿a qué debo dedicar el resto de mis días? ¿Qué cosas me faltan por hacer? De joven no soportas el sufrimiento de la gente, el llanto de un niño, la desesperación de una madre, la ingratitud de las personas y maldices deseando cambiar el mundo ya que traes dentro de tu pecho un alma ardiente, justiciera que apenas comienza a probar la amargura. Llegan las tentaciones, y te crees necesario en el alma de otra persona hasta que sientes la primera derrota en asuntos de amor y nuevamente maldices, nace en tu alma esa amargura que te puede convertir en un sinvergüenza para tu sexo contrario, y a quien te ama le das mendrugos.
A tus amigos les compartes tus aventuras, los conocimientos en el cómo deben tratar mal a la persona que le ama puesto que no puedes o no eres capaz de olvidar en desengaño pasado, así que nadie merece tu amor. Estas cerca de ellas, pero a la vez te sientes solo, vacío, son pocas las alegrías, grande el dolor que produce la soledad. Llega el momento en que te das cuenta que estas envejeciendo mucho más rápido de lo que esperabas y deseas paz, tranquilidad, pero te das cuenta que tus sentimientos están dañados, que has dejado un rastro negativo por dónde has pasado.
Eres joven, piensas en casarte, tener hijos, pero tienes miedo, no sabes educarlos, reniegas reflexionando que no los necesitas, pero a la vez no imaginas un futuro sin hijos y familia, por tanto, regresas a pensar en casarte, y finalmente decides tomar el papel de esposo. Tal vez ese papel no te guste y dures los primeros tres años renegando. Llega el momento en al ver a la pareja embarazada recuerdas tus años en la escuela primaria cuando te reías a tus anchas con tus amigos sin ninguna preocupación, cuando solo necesitabas un trompo, unas canicas, un palo de escoba para jugar y correr alegremente ¿Qué hay detrás de tu mente?
Nostalgias, vida alegre que no deseas cerrar. Tus ojos brillan de contento al recordar los nombres de tus amigos cuando se reían de la niña de las patas flacas, el niño gordo, el que se caía, el que tropezaba, el que no era capaz de pronunciar bien las palabras, el incómodo. Recuerdas que corrían sin cansarse hasta quedarse dormidos. Que recorrían todos los alrededores, que lo mismo eran un soldado, un policía, un médico. Se reían de todo aquello que les paso por su cabeza, incluso de las veces que tuvieron que demostrar su puño para defender su dignidad.
Tiempos en que desconocías el destino y vivías feliz, orgulloso al lado de tus padres pensando que ningunos padres podrían compararse con los tuyos, incluso ni siquiera con el abuelo que se veía viejo pero alegre al acariciar el pelo de tu cabeza. No había árbol con frutas que se escapara, y todo lo que se podía hacer. No había tiempo para sentarte a reflexionar, solo amigos, juegos. Vistes morir gente cercana y escuchaste los lamentos de sus familiares. Conociste el ganarte los primeros pesos por tu cuenta.
Soportaste el cuidar la honra de tu familia controlando las intenciones negativas. Recuerdas los zapatos sucios al correr y jugar por los charcos, las rodillas lastimadas al caer. Fuiste estudiante y le dedicaste mucho tiempo para que al final lo valoraras como poco útil, y gratificante al observar que otros sin estudios o pésimos estudios son exhalados con méritos fantasmas, y eso lo consideras humillante. Ahora con el trascurrir de los años te preguntas ¿Adónde ha ido nuestra jactancia, nuestra arrogancia, nuestra alegría, nuestro sentido de superioridad?
¿Dónde está nuestra risa alegre? ¿Por qué ahora los adultos se miran como lobos hambrientos, atacan traicioneramente y se destrozan al menor descuido? ¿Por qué no hay empatía con el necesitado, ni con sus propios familiares ¿Qué es la voracidad indignante? ¿Por qué los jóvenes se sienten alegres en la pereza, ociosidad, alcohol, drogas, sexo? ¿Por qué los adultos son cobardes ante los picaros que los gobiernan? ¿Por qué la sociedad es cada dia más ignorante, débil, deshonesta, codiciosa, pendencieras que nadie necesita de nadie?
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