CALIFICACIONES ESCOLARES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
La
forma de otorgar puntos en calificación a pesar de su apariencia justa no es
real y no existe diferencia entre un siete, un ocho, nueve. Esta evaluación
termina por perjudicar gravemente a miles de estudiantes que por el bajo
puntaje que recibieron de sus profesores por no agradarles esos temas y esa
carrera, no se les da la oportunidad de ingresar a una Universidad a la carrera
de su vocación.
Las
calificaciones se han convertido casi en la única razón por la que muchos
estudian en la sociedad actual. No se trata de un aprendizaje a largo plazo, lo
único que les importa tanto a los estudiantes como a los maestros es obtener
las mejores calificaciones posibles. Se convierte así en un esfuerzo
superficial.
Tan
pronto como se completa un examen en los siguientes días, todo el conocimiento
desaparece porque solo era el grado que quería alcanzar y no aprender a largo
plazo para el futuro. La materia no se vuelve interesante cuando solo se trata
de cumplir con todos los requisitos que exigen las calificaciones. Se vuelve
estresante y se pierde las ganas de aprender cuando todo lo que hace resulta
estar mal. Ahí es cuando todo también se vuelve inútil y sin interés porque el
estudiante en cierto momento de la materia ya sabe que no podrás aprobar.
Entonces
para ese estudiante ya no importa si va a la escuela puesto que de todos modos
no aprobará. ¿Tiene sentido, ¡no!? Aquí es cuando los estudiantes abandonan la
escuela porque la escuela no es lo suficientemente interesante y le está
fallando por completo. El maestro justificara que es el alumno, el alumno que
es el maestro, la dirección que son los padres de familia y así se tiraran la
bolita. Todos deberían poder asistir a la educación que desean y en la que
están interesados. De lo contrario, es fácil abandonar la escuela y fracasar
por completo. Todas las personas son diferentes, pero ¿cómo puedes cumplir con
los mismos requisitos cuando no estás interesado en las mismas cosas?
La
educación, requiere en todos sus niveles Maestros que puedan enseñar de una
manera buena e interesante, lo cual difícilmente está disponible en la
situación actual. Al final del día, las calificaciones son las que se encargan
estigmatizar, de clasificar a las personas. Algunos serán inteligentes y otros
serán malos. Los malos se ven obligados a sentirse incompetentes. Las personas
son excluidas de los posteriores estudios a los que realmente querían asistir
porque otros tuvieron la suerte de tener una mejor calificación otorgada por
sus maestros como si ellos estuvieran en el nivel de esa capacidad.
Para poder trabajar con lo que uno quiere en
el futuro y tener conocimientos aun dentro de los siguientes años, se requiere
una escuela mejor, sin calificaciones. Las calificaciones clasifican a las
personas porque favorece a los que logran ser sumisos, disciplinados, dejarse
humillar, ser atacados en su dignidad, y a ellos sus maestros y padres los
mencionan como inteligentes en la escuela. ¿Pero es justo? ¡No! La educación
que suena divertida e interesante en el papel no siempre cumple con las
expectativas. Muchos buenos estudiantes para diversas carreras se ven imposibilitados
para accesar a ellas por problemas de calificaciones bajas en matemáticas,
biología, física, etc. Los que seleccionan su entrada a las Universidades los
mandan a su casa sin recibirles los papeles.
Para
este tipo de estudiantes la vida académica se les cierra. Una persona que desea
ser Ingeniero y en su camino tuvo un maestro pésimo en matemáticas y que además
lo califico mal no podrá entrar a la carrera a sus sueños. Pongo el ejemplo del
Doctor Lagunés, quien en la carrera de medicina reprobó tres veces la materia
de Bioquímica y en la actualidad su libro sobre Bioquímica es la base que se
lleva en las carreras de medicina. Las calificaciones vencen la motivación y es
muy fácil para un maestro deshacerse o sobornar a un alumno con ella. Esta
situación lleva a los padres a dejar de apoyar a su hijo (a) al pensar que no
es adecuada para ingresar a una carrera Universitaria.
No
se debe tomar una decisión precipitada por parte de los padres, atrás de todas
estas situaciones están los conflictos personales de los maestros y adelante la
mala decisión de las autoridades Universitarias. Lo deseable sería valorar la
utilidad real de una calificación y por lo pronto dejarla en acreditada o no
acreditada, sin ponerle número al tablero ¿De quién es la culpa? ¿Puede haber
otros factores?
No hay comentarios:
Publicar un comentario