sábado, 17 de mayo de 2025

 

LAS FUNCIONES MENTALES DE UN NIÑO, “PENDEN DE SUS PADRES”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

 La mayoría de las conductas desviadas provienen de la familia problemática. La dirección de la escuela debe estar al pendiente para intervenir de forma inmediata para brindarles la ayuda y la disciplina que necesitan tanto los padres como su hijo. Cada niño que va creciendo y es descuidado es posible que sus padres terminen arrepentidos en no controlarlo a tiempo. A los jóvenes de secundaria no les gusta que sus padres les pidan a los profesores que los cuiden, sienten que pedirles eso significa que no saben defenderse solos, son unos inútiles, que tienen miedo a todo, que sus padres son los que se quejan y no ellos por eso prefieren aguantar los abusos y se debe a que insinúan que sus padres se preocupan de todo y las cosas pequeñas las hacen grandes.

 Todo padre espera que su hijo pueda crecer en un ambiente armonioso y estable. Pero sabemos que esto solo puede considerarse como una buena esperanza, y se debe a que no podemos como padres controlar el ambiente en la escuela que vive el hijo, las personas que por azar del destino conviven en un aula escolar y que desafortunadamente algunos de ellos llegan con muchas mañas y dañados mentalmente por sus padres y el entorno en donde viven. Por ello, no regañe a su hijo, mejor siéntese a platicar, deje que sea él quien pida ayuda y explique cómo piensa corregirlo. Enséñelo a protegerse adecuadamente, vea cuáles son sus debilidades y los límites que debe permitir. Dese la vuelta por su escuela y regresen juntos a casa. No deje todo en manos del niño, ayúdelo a tomar decisiones. No todo es echar culpas y dar castigos, sino dar respeto, proteger su dignidad. 

 ¿Por qué se ignoran las características de la edad? Me parece que la razón es solo este miedo de los adultos a que su hijo se acostumbre de inmediato a sus exigencias. La confianza maníaca de los adultos de que son ellos quienes crían y forman a los niños, y todo debe preverse, las cosas buenas deben establecerse, las cosas malas deben detenerse de antemano. Como resultado, un niño, que fue tratado como un objeto en los esfuerzos educativos, en la adolescencia a menudo se convierte en un objeto, un objeto casi inanimado que "no quiere nada".

 Se acuesta en el sofá y acciona el control remoto. Esto sucede en los niños que crecieron en una casa normal, a los que constantemente se les decía qué hacer y cuándo, y, curiosamente, son sus padres quienes dedican su vida a ellos, pero no supieron cómo hacerlo, porque nunca se preguntaron si estaba bien o mal sino lo que lo pensaron como adultos que él debería querer, no le dieron nada a su mente y corazón, porque ellos querían. Todo esto hace que los propios adultos sean profundamente infelices, "no le interesa nada" y "no quiere ir a la escuela". Una de las fórmulas más dañinas en la educación suena así: "Si inmediatamente (no) enseñas a un niño, entonces siempre será así". No se trata de ver al niño como un frasco que vas llenando y das por hecho que está dentro del mismo lo que le enseñaste meses antes.

 El niño siempre está dispuesto a jugar con sus juguetes a olvidarse de su tarea, jugar con su tableta, rayar la pared si es necesario y entretenido. Un ejemplo es: Los padres agarran a su hijo de la mano para cruzar la calle sin considerar que el niño está en edad de caminar solo, no le permiten acostumbrarse y eso le causa confusión, o el niño que no puede dormir solo y argumenta tener miedo ¿por qué tenerle miedo? Los adultos protegen a los niños con un celo excesivo al grado de fomentar el límite del miedo.

 A los padres les avergüenza que su hijo tenga miedo. Quieren que el niño no recuerde todo lo que le explican. Un niño de 7 a 10 años le interesa y curiosea el mundo como funciona, la naturaleza, la forma de cómo se asocian las cosas. Ve el mundo como un solo organismo vivo, pensar en las mariposas, en las estrellas, en la composición de la suciedad debajo de las uñas, en los huracanes, sobre por qué la gente se ríe. Se puede sentar a jugar o rayar por horas, olvidándose de todo, ya sea fútbol, fantasear. Él se inventa sus propios juegos, sus tesoros, secretos.

 Es el rápido desarrollo de todas las funciones mentales, como una flor que se abre de un capullo en un movimiento rápido. Crece (debería crecer) la confianza en sí mismo, la independencia, la capacidad de actuar en circunstancias inesperadas y cambiantes. Su deseo de aventura, de nuevas experiencias. El nacimiento de la amistad, que puede durar toda la vida. El adulto llega y le ordena: ¡Deja de jugar, no tenemos tiempo, es hora de inglés, o de natación, música, etc.

No te levantaras hasta que termines tu tarea, todo es contrario a la naturaleza del niño. Moraleja para un niño: el contenido no es nada, la forma lo es todo. Lo principal es mirar, la esencia no es tan importante. Un error es fatal. Notado y corregido: no lo salvará.

 Entonces nos preguntamos de dónde vienen las neurosis y la tendencia a rendirse ante el primer fracaso. Termina su segundo grado de primaria y no encuentra conexión, siente que la escuela no le está funcionando a pesar de hacer lo que los adultos le llaman lo correcto. El niño necesita creer el él mismo, en su mente y en los límites incomprensibles que los compiladores del libro de texto violaron sin darse cuenta por estar pensando en razón de mente adulta.

 La escuela para que el niño la amé requiere entusiasmo, placer y no disgusto, que sea capaz en vencer el caos, crear el orden mental, que sean justos los adultos que los atienden y no un adulto que rompe la puerta del entendimiento sin esperar a que se abra sola con el tiempo. Veamos a los niños como trabajan entre ellos pueden tener sus propias características, pero las tendencias generales siguen en la misma línea.

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