lunes, 12 de mayo de 2025

 

LA ESCUELA y LOS PROFESORES

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

 Se acabaron o se fueron aquellos tiempos de alumnos obedientes, eventos sanos y alegres, la paciencia de los profesores, el día de su graduación que dábamos las gracias por los excelentes profesores. Aquellos profesores amables, comprensivos, honestos, cariñosos, con quien nos divertíamos y nos permitían ser felices. El hecho es que estábamos en la escuela y nos sentíamos como en casa. El profesor se esforzaba porque sus estudiantes fueran gloriosos despues de abandonar el aula y continuar sus estudios en otra aula.

 Hoy, digamos gracias con una sonrisa por aquellos momentos que han sido tan importantes en nuestra vida. Aquellos profesores tranquilos y cálidos que se preocupaban por nuestra salud, felicidad y alegría. Pero los años han pasado y aquel hogar en donde nos divertíamos, entreteníamos se quedó esperándonos, nos despedimos y no regresamos. Pero nunca olvidaremos lo que hicieron por nosotros.

 Ahora inscribimos a nuestros hijos o nietos en esa misma escuela con la esperanza en que sean igual de felices como lo fuimos nosotros. Pero ya no son los mismos profesores, aquellos se jubilaron y murieron, aunque nos gustaría dejarlos en aquellas manos, ya no podemos. Pasamos por muchas manos, aprendimos mucho. Fueron los años más felices de nuestra infancia. Cada día era un nuevo descubrimiento. Cada día era como un día de fiesta. Todas las jornadas con los amigos.

 Llego el día que nos graduamos, le dimos la gracias al profesor, debíamos cambiar de aula y profesor, nos angustiábamos ante esa incertidumbre, nos poníamos tristes al separarnos de algunos de nuestros amigos que sus padres los cambiaban de escuela. Algunos nos acostumbrábamos a la maestra, otros se enamoraban de ella. De adultos entendimos el encanto y cariño de su trato y la amabilidad por ello la hicimos nuestra profesora favorita.

 Hoy ambicionamos que nuestros hijos o nietos les tocara en suerte una semejante a ella, pero es imposible medirla en el tiempo. El hecho, es que la llevamos en la mente apreciándola por todo lo que hizo por nuestra vida. Gracias a su trabajo, nos convertimos en personas honestas, útiles, dignas, y eso es lo que nos preocupa con respecto a nuestros hijos y nietos. Sabemos que estarán bien con el profesor que le toque, sin embargo, añoramos el nuestro. Aquel que nos ayudó, nos comprendió, nos trató con paciencia, amabilidad, el que nos alababa por nuestra inteligencia, que nos dio amor a cada momento en abundancia.

 Nuestros hijos y nietos crecen rápido, ahora nos damos cuenta que no podemos seguirles su ritmo, pero es nuestra responsabilidad estar al pendiente, cuidarlos y darles consejos. Unos profesores de palabras tiernas, de formas sinceras, llenos de buenos sentimientos, y agradables deseos. En lo personal les agradezco su generosidad, constancia y paciencia al tratar con sus alumnos traviesos, inquietos. Agradezco a mis profesoras de prescolar que me cuidaban y aún recuerdo cuando nos ponían a cantar mientras una de las profesoras tocaba el piano. A los de primaria por la paciencia, atención y cuidado mostrado a los niños, los recordare por siempre.

 A los de secundaria por ser los más sinceros y sus deseos de bienestar, salud, felicidad para con mi persona, pese a mi resistencia en doblegarme por todas mis travesuras que cometía un día sí y otro también. Todos y cada uno me ayudaron a soportar mi cambio de puberto adolescente. Algunos despues de terminar la Universidad, los busque para agradecérselos personalmente, pero ya no los encontré, unos fallecieron (Que Dios los tenga en su gloria) otros se marcharon. Quiero reconocer que dejaron su huella marcada como fierro para marcar becerros en mi corazón. Aunque en su momento no los entendí, pero más tarde supe de su valía. - Saludos a todos a donde quiera que estén.

 Recuerdo como en secundaria se esforzaban en trasladar conocimientos a nuestras mentes, a pesar de las limitadas capacidades de la escuela (Salón improvisado en una jaula de gallinero con 40 alumnos dentro). Algunos se molestaban por detectar que estábamos distraídos, deseaban que estuviéramos escribiendo en el cuaderno mientras este hablaba o dictaba, y que nadie lo interrumpiera o se distrajera. Era ese afán por educarnos, para que pudiéramos tener un excelente grado de éxito.

 Nos enseñaban hablar correctamente, y nos explicaban las reglas de su materia. Nos hacían preguntas. Nos hacían exámenes y se paraban en la puerta observando que no hiciéramos trampas copiándole al compañero. Unos incluso nos retaban a que mientras contestábamos el examen abriéramos el libro por 15 minutos para que buscáramos las respuestas. No podíamos desperdiciar un segundo, de inmediato lo hacíamos, se acababa el tiempo antes de que respondiéramos la mitad de las preguntas.

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