VOLVER AL ORIGEN “OPTIMISTAS”
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Desafortunadamente, debido a nuestra verborrea, las palabras se vuelven aburridas y gradualmente pierden su significado. El habla humana no sólo ha perdido su contenido, sino que se ha vuelto inútil. En lugar de un medio que nos permita entendernos, intercambiar pensamientos, ha aparecido algo emocional, subjetivo, ficticio. Las palabras dejaron de tener significado racional, pero aparecieron significados asociados a imágenes. Hemos reemplazado la razón por las emociones y el pensamiento por la imaginación. Subrayo esto para mostrar hasta qué punto el lenguaje de las imágenes, fruto del progresivo declive de la razón, ha minado nuestra capacidad de penetrar en la esencia de los conceptos.
Por lo tanto, no sabemos exactamente qué es el optimismo, qué es la filosofía o cómo se relacionan estos conceptos. Se supone que un filósofo que ha conocido la vida no puede ser optimista. ¿Pero por qué? Si la filosofía es el amor a la sabiduría, si es la búsqueda del conocimiento para resolver las cuestiones universales de la existencia, entonces el filósofo debe ser optimista, porque toda investigación real es enriquecedora. Es muy importante que esta búsqueda sea sincera, real, efectiva; No es sólo investigación, sino también un deseo sincero de encontrar una respuesta, una necesidad genuina y sed del alma que quiere saber y aplicar útilmente lo que ya se sabe. ¿Qué es el optimismo?
Si hablamos de la necesidad de un sano optimismo, sería bueno comenzar por definirlo, aclarando también el significado de su opuesto, que llamamos pesimismo. Existe la opinión de que ser optimista significa creer no sólo en lo “bueno”, sino también en lo “mejor”. Un optimista no se conforma con lo conseguido; quiere algo mejor, más perfecto. Un optimista es alguien que cree que nuestro mundo es perfecto, porque fue creado por un Dios perfecto, y que nosotros, las personas que vivimos en él, también somos únicos e irrepetibles.
La creencia de que este mundo es bello (o al menos el más adecuado para nuestra evolución) ha sido sostenida por muchos pensadores a lo largo de la historia. Un ejemplo sería un gran filósofo como Platón. Los filósofos de la escuela alejandrina, incluido Plotino, también eran optimistas. Sin embargo, para alcanzar el optimismo y volver a los orígenes de la vida, tuvieron que superar una serie de características de su propia personalidad que no les permitían ver ese principio que da confianza. San Anselmo y San Los Thoma también eran optimistas. ¿Qué significó esto para ellos? ¿Tal vez vivir el sueño de la perfección absoluta? ¿O fue una inmersión en lo imaginario, en las quimeras?
Para los pensadores de las escuelas filosóficas que hemos mencionado, ser optimista significaba encontrar el sentido de la vida; saber que vivir es crecer, desarrollarse, obedecer los ciclos que conducen a la meta; saber que la vida no es azarosa y al final del camino lo que consideramos “bueno” triunfará definitivamente sobre lo “malo”. Pero como no todos los filósofos veían la vida desde el punto de vista de la evolución, surgió una reacción completamente lógica: “el pesimismo”. A los pensadores pesimistas no les importa lo que sucederá mañana; no les interesa la venidera victoria del bien sobre el mal.
Lo que importa es el “hoy”, y como hoy hay sufrimiento, hay dolor, hay errores, no hay razón para ser optimistas. Esto es lo que permitió a Voltaire llamar al optimismo la fe de los tontos. Concéntrese en los aspectos positivos de las situaciones y cambie su atención de lo negativo a lo positivo. ¡Observa y aprecia la belleza que te rodea!
Por ejemplo, una taza de delicioso café por la mañana y una hermosa luz afuera pueden mejorar tu estado de ánimo. Lo principal es notarlo. Evite el ciclo de pensamiento negativo y concéntrese en la resolución de problemas. ¡Intenta decir “lo intentaré” en lugar de “no puedo”! Observa los pensamientos negativos y pesimistas y trata de cambiarlos por pensamientos positivos y constructivos.
Deja de preocuparte por todo mundo, practica la gratitud. Tómate un tiempo cada día para reconocer conscientemente las bendiciones que están presentes en tu vida. ¡Esto cambiará inmediatamente tu estado interno y creará un humor más positivo! Agradezca a su ser querido por una deliciosa cena o simplemente por ver juntos su programa de televisión favorito. - Utilice palabras y frases positivas. ¡El lenguaje influye en nuestro pensamiento! Felicite a un transeúnte o a un compañero de viaje en el transporte público. Esta pequeña cosa levantará el ánimo de una persona, le sonreirá y usted le devolverá la sonrisa. Esto ayudará a iniciar un flujo de buen humor.
Cuando ves progreso en tu vida, aumenta tu nivel de optimismo. Haz una lista de tus objetivos y marca los completados. Esto le permitirá realizar un seguimiento de su progreso. Descansa y cuídate. Haga ejercicio o participe en cualquier actividad física regularmente. Duerma lo suficiente y coma bien. Cuidarte mejora tu estado de ánimo y tu optimismo. Asóciate con personas positivas, retírate de las negativas, rodéate de personas que te inspiren y te mantengan positivo. La buena compañía influye en tu perspectiva de la vida. Aprende de tus errores. Los fracasos son oportunidades para aprender y crecer. Míralos como una oportunidad para mejorar y encontrar nuevas oportunidades. Siempre puedes tomar un error y beneficiarte de él. ¿Qué experiencia se adquirió?
Vive el momento presente. Concéntrese en los eventos positivos del momento y disfrútelos. Esté en el presente y disfrute cada momento. La vida está en cada segundo, aprovecha el momento. Sonríe y haz el bien. Sonreír es una forma sencilla de levantar el ánimo y el de quienes te rodean. Hacer buenas obras trae alegría no sólo a los demás sino también a ti. Realice un experimento: sonría a la gente y observe sus reacciones a lo largo del día. ¡El resultado te sorprenderá! Es importante entender que el optimismo no significa negar la realidad ni ignorar los problemas. Este tipo de pensamiento nos permite ver oportunidades de crecimiento y desarrollo incluso en situaciones difíciles, y también apoya el bienestar emocional. Recuerde que el optimismo es un hábito que debe mantenerse y practicarse todos los días. No tengas miedo a los posibles fracasos. Sigue adelante y vive con alegría y esperanza.
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