viernes, 23 de mayo de 2025

 

RENEGAR EN LA VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

Lo más difícil es la vida, es que sigues adelante y al llegar al final de tu camino te das cuenta, no la viviste, sino que solo exististe y solo causaste daño con esta existencia a los seres que más amas. Llegar allí es un gran regalo, porque muchos no lo han conseguido. Probablemente, más de una vez habrás notado que cuando te enfadas con las personas o con los niños, empiezas a gritar. Por ejemplo, un niño decidió jugar con las llaves (y las perdió) justo cuando ocupabas llegar temprano a una de tus actividades. Te enojas, ofendes, le gritas repetidamente que no debe agarrarlas, pero él lo vuelve a hacer. Al gritarle al niño, este comienza a sentirse que tiene un mal padre y no comprende qué se puede hacer al respecto.

Esto es exactamente lo que nos pasa. No es tan fácil controlar la ira. Todos deseamos desde el fondo de nuestro corazón ser buenos con ellos, pero no funcionamos, nos desesperamos, perdemos los estribos y ellos la esperanza. Siempre existe la oportunidad de dejar de gritar y desarrollar la reacción correcta de ira.   ¿Por qué no deberíamos de gritar si estamos enojados? Admitamos que con ello damos un pésimo ejemplo a las personas y a nuestros hijos, familia. Nos dedicamos a maldecir sin medir las consecuencias, porque creemos que somos los que poseen la razón, somos inteligentes y ellos deben formarse esa idea de nosotros. El niño se asusta, y entra en un estado de ansiedad, nerviosismo.

Es cuestión de pararnos ante el espejo para veamos nuestro rostro infame, y la forma en la que le provocamos miedo, pánico, dolor ¿No puedes entenderlo? Al levantarle la voz al niño, le hace saber que usted no controla su comportamiento, que no es responsable de sí mismo, es decir. usted no está maduro, capaz de controlar sus impulsos por lo que el niño decide, que él se hará cargo de la situación comportándose de forma irresponsable, desafiante, o sumisa, y lo dejará a usted que siga maldiciendo. Al gritar y regañar a un niño, le enseñas a gritar y maldecir de la misma manera cuando lo estás haciendo cuando él se sienta molesto, o insatisfecho con algo. Ellos son consumidores potenciales y replicadores de lo que acumulan.

Se van acostumbrando a los ataques, gritos, maldiciones que escuchan, y se van alejando de sus padres para asumir esa postura ante sus compañeros de escuela, juegos, familiares. Los gritos generan un impacto negativo. Enfrentar la ira de los padres es su lucha permanente y se van preparando para ello conforme crecen hasta perderles el temor, incluso se alegran cuando les causan dolor. Los padres quisieran contar con una receta para saber cómo motivarlos a que hagan las cosas que se les ordena, pero la motivación es un habito que comienza con uno mismo. Debido a que la respuesta de ira y gritos es un hábito aprendido, se puede desaprender y reemplazar con una respuesta positiva.

Puede aprender a responder (en lugar de reaccionar inconscientemente) a la decepción, la insatisfacción y su propia ira. Se necesita mucha paciencia y práctica, pero el resultado vale la pena si sabes por qué lo estás haciendo. En general, una buena razón, un motivo serio puede convertirse en una fuente de cambios positivos en la vida. Se trata de ¿por qué? lo hacemos. Es decir, la motivación nos hace no rendirnos en los momentos difíciles. Y la mejor motivación es la comprensión de que nuestro objetivo es agradable por ser el ser que tanto amamos.

El ser humano que vive en pareja y cuenta con hijos debe dedicar su tiempo a complacer a esas personas, ser un modelo para los hijos lo sigan, imiten. Saber controlar su comportamiento en el justo medio para que se comporten positivamente. Ser consciente de las reacciones de disgusto que no sabemos cómo controlar. Buscar por qué desencadena esta reacción en uno mismo para enojarnos tan sin control, y por qué enojados no respetamos blancos, o negros, pintos ni colorados. Controlar la ira requiere tiempo y paciencia. ¡Nada es imposible! Cuando la ira lo esté cubriendo haga una pauta y espere hasta calmarse.

Presta atención a estas sensaciones y no empieces a hablar hasta que desaparezcan. Hazte a un lado. Sepárate de la situación por un tiempo. En lugar de gritarle al niño, haga una pausa deliberada y salga de la habitación. Vuelve cuando sientas que puedes manejarte. Siéntate antes de reaccionar, respira hondo, consume un vaso con agua. Cuando haya superado la primera necesidad, siéntese y responda, sin distraerte. Tome un descanso dando pausas, y cuando le salgan ganas de gritar respire profundo, no piense en nada, solo inhala y exhala. Tomar un poco de agua mitiga el fuego que desea salir. Hable con su hijo despacio y en voz baja.

El habla lenta y tranquila prácticamente elimina la reacción emocional violenta del hablante. Sí, sonríe, diga lo que quiera decir con una sonrisa, el sonreír disipa la ira. Recuerde que controlarse es un habito que se va aprendiendo. Sea consistente y persistente, incluso si ya recuerda estos métodos durante una pelea. Cuanto más practiques, más fácil será recordarlo. Ante los gritos siempre hay consecuencias, no dé por hecho que el niño lo olvidara todo, por lo que debe disculparse sinceramente con sus hijos cada vez que pierda los estribos.

Muestre con sus acciones que realmente está arrepentido. El ego interferirá con usted por lo que se necesita también entrenar. No se puede arreglar algo, a menos que se admita que está roto.  Hay que aprender de nuestros errores, para irnos comportando mejor como padres. Asuma toda la responsabilidad por sus acciones, sea honesto con los niños en relación con esta situación, diga que está trabajando en usted mismo. Lo más importante es no rendirse, disculparse las veces que sea necesario, lo principal es ser sincero. Hacer las paces, tratando que el niño sea mejor. Si lo ofendiste con palabras, háblale, cálmalo, abrázalo.

Si el niño lo ofendió con acciones, por ejemplo, destrozó o rompió su cosa, ayúdelo a arreglarlo. Volverle a comprar lo que el rompió “No” funciona, debido a que debe asumir su responsabilidad, se trata de dejar una disputa, aunque e tenga razón, mejorar el carácter, no mentir. Juega con tu enojo, ríete de él.  Formar un nuevo hábito es muy difícil. Esto requiere un tremendo autocontrol y paciencia, y aun así notarás más de una vez que has vuelto a fallar. Sin embargo, no te rindas, no te castigues demasiado si no funcionó esta vez. Por difícil que parezca, es posible. Con el tiempo, será cada vez más fácil para ti detenerte cuando quieras estallar en un grito; sin embargo, para esto debes aprender a detenerte justo en el momento en que la ira mental aún no ha encontrado una salida.

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